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El poder del “no-poder”

¡Estoy cansada! No solo mi cuerpo, a veces tengo la sensación de que mi alma está igual de agotada o más.

Un agotamiento que  forma parte de nuestras vidas con impune normalidad. Lo escucho a diario, ¡estoy agotada! ¡no llego! ¡necesito parar! Pero no paramos… seguimos y seguimos hasta la extenuación.

A lo largo de nuestra vida nos hemos ido creando una extensa red de tareas categorizadas bajo etiquetas de ocio, trabajo, familia, salud, formación, vida social….pero que al final no dejan de pertenecer al mismo saco,“OBLIGACIONES”.

Llevo unos días leyendo un libro que me ha activado algunas de mis neuronas más atrofiadas. Me ha hecho pensar y releer teorías filosóficas. Y sobre todo, me ha sumergido en reflexiones brillantes, llenas de sentido común y, en una realidad que me ha dolido admitir, porque suponía admitir errores básicos en mi forma de concebir la vida, que he mantenido durante años.

Me he sentido muy muy identificada con esa hiperactividad, esa ansiedad de llegar a todo, esa autoexplotación para ser más eficiente cada día. Lo he sufrido en mi “yo”, pero ahora  lo percibo con abundancia en mi entorno cercano y no tan cercano.

Vivo cansada porque vivo en una “sociedad del Cansancio”. Y lo peor de todo, es un modelo de sociedad que hemos creado encantados de la vida, creyéndonos que por fin habíamos alcanzado la libertad absoluta del “poderhacertodo”, del llegar a todo. Y en esta autoexigencia sin piedad, las mujeres somos unas expertas. Nos hemos convertido en victímas y verdugos de nosotras mismas. El famoso «yes, we can»… ¡Pues queridas! ese hacer sin tregua nos está volviendo enfermas.  Desde ya, reivindico a voces el «yes, we can’t», el poder del «no-poder».

Hemos caído en las redes de un comportamiento colectivo del rendimiento absoluto. Nos han convencido de que para ser libres y dueñas de nosotras mismas, nos teníamos que convertir en los seres más HIPERACTIVOS del planeta.

Pero ¿a dónde nos lleva esa hiperactividad enfermiza?, ese exceso de positividad y “buenrollismo” que nos encandila y nos aprieta el cuello asfixiándonos un poquito, lo justo para no quedarnos sin aire y lo suficiente para empezar a notar los síntomas de algunos trastornos psicológicos, en pequeñas dosis. Estamos enfermas de agotamiento, un agotamiento emocional que nos lleva a depresiones, a síndromes de desgaste ocupacional, TDAH, etc …todos estos estados patológicos neuronales que son causados por esta necesidad de “rendir” hasta nuestro límite.

¡Paremos! y pensemos que hasta que no aprendamos a decir «no», hasta que no empecemos a rechazar propuestas sin sentirnos culpables por ello, no alcanzaremos nuestro sosiego interior, no seremos realmente dueñas de nuestra voluntad. Es una ilusión pensar que cuanto más activo uno se vuelve, más libre se es. Todo lo contrario.

Hay una frase de Catón, que me he grabado como un mantra y con la que quiero terminar: “Nunca está nadie más activo que cuando no hace nada, nunca está menos solo que cuando está consigo mismo”.

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