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Ainhoa Amestoy, una mujer de teatro, teatro y teatro

Ainhoa Amestoy

“No nacemos diferentes, la sociedad nos hace diferentes”

En otros tiempos Ainhoa Amestoy hubiera sido descrita como una joven (más que) suficientemente preparada. Una directora, actriz, autora y productora de teatro inquieta que es noticia por haber estrenado en el Festival de Teatro Clásico de CáceresDesengaños amorosos” y ha triunfado en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro. Obra escrita por Nando J. López a partir de las novelas de María de Zayas, una moderna autora española del siglo XVII, que ha sido incluida en la próxima temporada de la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC). Persona generosa con las respuestas que mira a los ojos con confianza mientras habla sonriendo durante toda la entrevista.

Antonio Hernández (AH) – Su formación teatral es muy amplia ¿por qué?

Ainhoa Amestoy (AA) – Sigo el modelo de Núria Espert. Trato de ser una mujer de teatro con una amplia base cultural. Por eso me plantee estudiar una carrera. Pensé que los estudios de literatura comparada podrían complementar muy bien los estudios de interpretación. En principio pretendía ser actriz. Me forme en la técnica de Layton porque creo que es la base de la interpretación.

Luego me llamaron para trabajar en mi colegio. Se había ido el profesor de teatro y me lo propusieron cuando se enteraron de que estaba trabajando con Narros. Empecé muy joven dando clases a alumnos que tenían dos o tres años menos que yo con los que tenía que montar un espectáculo final de curso. Estas clases me descubrieron el fascinante mundo de la dirección de escena.

Actuar me gusta mucho, pero dirigir es mucho más amplio. Así que continué con la interpretación pero me metí en la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD) a estudiar dirección de escena.

También he escrito, tal vez por contagio familiar [su padre es el dramaturgo Ignacio Amestoy, su bisabuelo es el escritor Eugenio d’Ors y su tío es el escritor Pablo d’Ors].

Me ha ayudado mucho meterme en tantos terrenos. Dirigir habiendo sido actriz favorece. Siento que puedo ayudar al actor que es la base de la dirección de escena.

Pero también despista. Porque los otros acaban preguntándose ¿pero está mujer a qué se dedica? Así que hay que centrarse, no por uno mismo, sino por los otros para que me sitúen en una de las facetas.

En los últimos años me estoy dedicando a la dirección. En algunos casos con textos propios o adaptados por mí o por otros. Y también me dedico a la docencia.

Además tengo la suerte de haber trabajado con grandes profesionales.

AH – ¿Cómo por ejemplo?

AA – Con Miguel Narros con el que hice 254 representaciones de “El sí de las niñas” de Moratín con Lola Cardona y Emilio Gutiérrez Caba que fue la mejor de las escuelas. Aprendí muchísimo en los dos años y medio que duró la gira. Me dieron muchos consejos que siempre tengo presentes.

Luego he estado con Pérez de la Fuente, Paco Vidal, Malonda.

AH – ¿Y con obras y compañeros muy importantes?

AA – Sí como “La visita de la vieja dama” o con María Jesús Valdés. Y con jóvenes actores.

AH – ¿Por qué Nuria Espert es un modelo para usted?

AA – Es un modelo de seriedad, de amor hacia el teatro, hacia el trabajo. De artesanía pero con conocimiento intelectual. Además consiguió crear equipos. Es algo fundamental en el teatro. Ha tenido una carrera internacional. Ha hecho opera, ampliando su campo de actuación.

Por otro lado creó una fuerte relación con su marido que la apoyó en su carrera.

Además es mujer y se ha tenido que defender como mujer interprete, productora y directora en un mundo muy masculino.

AH- Ella se cansó de ser directora ¿cree que usted también podría cansarse?

AA – En esta profesión casi todos los días te preguntas que por qué te dedicas a esto. Al día siguiente te respondes que porque te fascina.

AH – ¿Qué es lo que le fascina del teatro?

AA – En mi caso me fascina desde la infancia. Ten en cuenta que cuando tenía 6 años mi padre me llevaba a ver obras de 8 horas como la Orestíada. Y aguantaba erguida, sin reclinarme.

También me dejé fascinar por el mundo de la danza. Comencé a estudiar con Víctor Ullate cuando tenía 9 años. Me planteé trabajar en danza y dedicarme a la coreografía. Pero si el teatro es difícil, la danza lo es más, seguramente por ese componente técnico tan específico que tiene.

Una experiencia que me ha enriquecido. Hacer danza te hace ocupar el escenario de otra manera. Como actriz hace que piense en mover un brazo con la elegancia y la verdad que pueda necesitar. Y como directora en los paralelismos y la geometría de los movimientos y las alturas.

Pero me he desviado de la pregunta. Uno no puede desligarse del teatro. Es como una adicción porque entronca con lo más profundo del ser humano. Lo noto en las clases en los que tengo alumnos amateur que como actores recuperan lo que es el juego, el juego es la base del ser humano, las relaciones personales y la raíz de los conflictos. Nos comprendemos a través del teatro.

AH – ¿Por qué Desengaños amorosos de María de Zayas?

AA – Me surgió hace muchos años que tuve la oportunidad de trabajar con Mariano de Paco Serrano que junto con su madre habían recuperado “La traición de la amistad” de María de Zayas. Yo trabajé como actriz en la representación de esta obra con Pedro Mari Sánchez, Pepe Viyuela y María Isasi.

Nos dejamos fascinar por esta mujer que no estaba incluida en los textos de bachillerato. Aunque si se encuentra en los programas de filología.

Me puse a leer sus novelas y las de otras autoras del XVII, como Ana Caro. Y los guardé en la mesilla pensando que algún día los montaría. Todos los directores tenemos un listado de textos que queremos montar.

Me echaba para atrás la adaptación de los textos. No me parecía fácil. Pero hablando con un buen amigo, Nando J. López, nos dimos cuenta que él también tenía interés en esta autora y le propuse que adaptara los textos. Creo que ha sido una adaptación muy lograda por lo que me han dicho los espectadores y amigos que han asistido a los ensayos. Ha conseguido hacer una obra de teatro sin tener que modificar lo escrito por María de Zayas y nos hemos dado cuenta que era una autora muy contemporánea.

AH – ¿Qué es lo que le interesaba de ella?

AA – Me interesaba la modernidad de sus parlamentos buscando la igualdad del hombre y la mujer. Busca que la mujer pueda hablar, defenderse por sí misma, que tenga acceso a la educación y no solo dedicarse a limpiar y tener hijos. Viene a decir que no nacemos diferentes, sino que la sociedad nos hace diferentes. Un mensaje muy moderno.

Resulta difícil creer que los parlamentos extraídos por Nando fueran escritos en el siglo XVII porque son absolutamente contemporáneos.

AH – ¿Cómo se plantea la puesta en escena de un texto escrito en el siglo XVII pero que se representa hoy?

AA – Hemos apostado por la comedia pero con hondura. Se tratan temas muy serios como es la libertad para la mujer. O las máscaras que nos ponemos los hombres y las mujeres en nuestra sociedad.

Los personajes planteados por Zayas y subrayados por Nando son muy contradictorios, muy modernos, No son el prototipo de damita joven. Tienen claroscuros, como claroscuros tiene el barroco.

El ritmo de la puesta en escena es trepidante que va mucho con nuestra sociedad contemporánea. Ritmos que ya planteaba Zayas. Como con la truculencia, la libertad, el cambio, el juego, el no instalarse.

Incluso el final no es un final cerrado, sino que devuelve la pelota al espectador. En un juego muy bueriano (de Buero Vallejo) en el que le dice aquí tienes el testigo, ahora trabájatelo tú.

Además tenemos música grabada y en directo, porque queríamos conseguir el pálpito de la vida, que siguiera la respiración de los actores y de los personajes.

Personajes muy definidos, muy empáticos, muy emocionantes. Por ejemplo, el personaje de Ernesto Arias, que hace de un homosexual que debido a sus circunstancias sociales del XVII ha tenido que esconderlo. Tiene monólogos que te ponen la carne de gallina más allá de la forma, más alá de que sean sonetos. Ernesto lo hace muy bien porque tiene un nivelazo.

AH – ¿Hay nivel actoral en España?

AA – Lo hay. La lástima es que no haya trabajo para todos. Están formadísimos.

AH – ¿Qué tendría que suceder para que tuvieran más trabajo?

AA – Más apoyos.

AH – ¿Cree que se apoya poco al teatro y la cultura?

AA – Se debería apostar más. No hay otra manera. Si no hay producciones no pueden trabajar.

AH – ¿Cómo se podría crear un tejido empresarial?

AA – Los ayuntamientos no tienen dinero les da como mucho para pagar unos cachés altísimos tres veces al año a una gran producción con actores o actrices conocidas. Sería bueno que dieran cabida a producciones más pequeñas porque si no se financian producciones pequeñas se va perdiendo gente en el camino.

Por ejemplo, con mi productora no saco practicamente nada. Para poder sostenerme tengo que dar clases, que por otro lado es algo que me encanta.

AH – Sin embargo, si existen espectadores incluso espectadores que se suponía que no existían. Por ejemplo, conseguir entradas para muchos de los espectáculos de vanguardia o performativos programados en los Teatros del Canal ha sido una misión imposible esta temporada.

AA – Sí, se nota en el número de abonados. El otro día que estuve en la presentación de la próxima temporada de la CNTC dijeron que habían aumentado el número de espectadores.

AH – ¿Vais a estar en la temporada de dicha compañía?

AA – Sí, estamos dentro del programa “Clásicos en compañía”. El apoyo de un teatro público es muy importante para por ejemplo, poder tener la escenografía y el reparto que querrías. Con las producciones de una empresa privada no se podría hacer.

También dan visibilidad a la obra. Yo estoy muy agradecida a Helena Pimenta, este año, y a Ernesto Caballero, el año pasado, por darnos entrada en los teatros públicos y permitirnos a los directores de los 70 y los 80 mostrar lo que somos capaces de hacer y permitir el relevo generacional.

AH – ¿Por qué hay tantas mujeres dramaturgas y directoras en la actualidad?

AA – En la RESAD se equipara, al menos en mi promoción, el número de hombres y mujeres que entran en las disciplina de dirección de escena. Quizás ahora se estén dando los canales para que ocupemos nuestro sitio.

Yo creo que estamos cambiando el teatro en algo. Cuando estaba dirigiendo “Desengaños amorosos” me planteaba que sutilezas podría introducir la sensibilidad femenina a una escena de amor, a la comprensión de lo que le pasa a los personajes, respecto a la comprensión que un hombre pueda tener de ello.

También aportamos otras maneras de trabajar. Me pasó el año pasado en el Centro Dramático Nacional, donde dirigía “Hablando (último aliento)” de Irma Correa. Elisa Sanz, la escenógrafa de la pieza, me decía que no discutíamos nunca, que no dábamos un grito. Resultó que era un equipo totalmente de mujeres, solo los músicos eran hombres.

Además, al no tener acceso a grandes producciones, trabajar en formatos más pequeños, lo hacemos con más tesón.

AH – ¿Cree que la llegada de las mujeres va a cambiar el repertorio?

AA – Creo que sí. Un cambio necesario. En el justo medio, que no se debería inclinar ni a un lado ni a otro. No puede ser que en una temporada en un teatro nacional haya un 80% de hombres iluminadores o directores. Y que no haya presencia femenina ahí.

También tiene que cambiar la mentalidad del receptor en el sentido de que hay que respetar a la mujer con la misma dignidad que se respeta al hombre. Si una mujer que gestiona un centro dice algo, se la cuestiona, algo que no se hace si fuera hombre. El trabajo es independiente del género. Sutilezas que tenemos que trabajar todos.

AH – ¿Por qué hacer docencia a actores amateur o espectadores?

AA – Por un lado tenemos que generar público. Con estas pequeñas labores se consiguen crear y mantener a esos espectadores que cuidan y que aman esta profesión y lo van trasladando boca a boca. Lo que es independiente de la edad. Creo que si un niño aprende teatro, toda la vida va a ir al teatro, lo va a respetar y transmitir.

Además, hacer teatro produce felicidad. Uno se encuentra con uno mismo. Se encuentra con el otro.

También porque aporto felicidad al otro que es algo que causa mucha satisfacción. Ver que una persona que analiza un texto de Lorca acaba diciendo que qué maravilla, que porqué no se lo había leído antes.

Se te pone enfrente un ser humano al que ves lleno y eso te satisface.

AH – ¿Qué le enseñan a usted estos espectadores o actores amateur?

AA – Cosas distintas según la edad. Los adultos, que ya tienen una vida recorrida y una profesión cerrada, abren un abanico teatral y humano y lo que aportan a la clase y me aportan a mi es absolutamente enriquecedor.

Los niños pequeños aportan la capacidad de juego. A un niño le dices que tiene que ser un pirata y al minuto es un pirata. Una capacidad que perdemos con la edad y que los actores tratamos de recuperar con los cursos de interpretación.

Trabajar con adolescentes es maravilloso. Los adolescentes suelen estar perdidos y de repente se encuentran en el teatro. Los adolescentes que no sienten, que no viven, que no entienden, ni creen en nada y creen en todo, el teatro les da un camino muy definido.

También sirve para gente con conflictos en la vida. En los colegios me acaban diciendo que el teatro ayuda a los alumnos que se apuntan, que les sirve para aclararse en su particularidad.

Creo que el teatro se debería enseñar en la escuelas. Me he encontrado con alumnos que lo que les ha diferenciado a la hora de encontrar trabajo ha sido el haber hecho teatro. Como ahora todo el mundo tiene mil masters, habla idiomas, en las entrevistas destacaban por haber estado en coros, haber hecho formación teatral. Marcaba la diferencia.

También me encuentro en los cursos de la Universidad Menéndez Pelayo con muchos profesores que acudían a mis cursos buscando herramientas teatrales para dinamizar sus clases. Conseguir a través del teatro llegar a los alumnos.

Además, me da premios. Doy clases a alumnos norteamericanos que vienen a España y es una satisfacción que al cabo de un mes se vayan con, por ejemplo, Yerma aprendida de principio a fin. Eso me da mucha satisfacción y me sirve para reivindicar otros autores como Max Aub o Jardiel Poncela o textos como “Don Juan Tenorio

AH – ¿Cómo entienden el teatro español esas personas que vienen de otras culturas?

AA – Depende del texto. A los estadounidenses les sorprende mucho todo ese acerbo artístico que tenemos, lo mismo que ver una catedral.

Entender el texto entraña para ellos una gran dificultad. Como para nosotros entender Hamlet en inglés con un nivel medio de inglés.

AH – ¿Lleva a sus alumnos al teatro?

AA – Yo normalmente no me quedo en el texto. Analizo el texto en clase y luego los llevo a ver la obra y tenemos una charla con alguien del equipo artístico. Creo en el proceso del teatro que no es solo el texto. El texto dramático se escribe para ser montado.

AH – ¿Con qué interés vienen los estudiantes extranjeros?

AA – Vienen con el interés de profundizar en la cultura española. Profundizar en la lengua y en las raíces. Además, el venir a estudiar español les permite hacer el viaje europeo de su vida. España se convierte en la base desde la que visitar otros países europeos. Una gozada. Ya quisiera yo ser como ellos.

AH – ¿Ha estudiado en el extranjero?

AA – He hecho cursos. Con Fava commedia dell’arte. Con Gaulier, clown en Londres. Cuando he podido he salido. Mi problema era que adquiría compromisos en España. Empecé a dar clases desde muy jovencita.

Una tiene miedo de que si se va se olviden de ella. La gente se olvida muy rápidamente de ti. Y empezaran a pensar que esta ya no está aquí.

Aunque me hubiera gustado hacer una beca Fulbright. Y me hubiera gustado mucho estudiar dirección en Londres. Quién sabe a lo mejor todavía estoy a tiempo.

AH – Y de gira ¿ha salido fuera de España?

AA – He ido a Estados Unidos y con el Instituto Cervantes a Francia. Con teatro de texto es más difícil girar fuera de España porque necesitas sobretítulos, hay que traducir el texto. Es más fácil con danza o con espectáculos como los de máscaras que hace Garbiñe Insausti [cuyo espectáculo Solitudes acaba de ganar el Premio Max 2018 al mejor espectáculo].

AH – ¿Cómo ha sido la recepción de sus espectáculos?

AA – Con el espectáculo que he tenido más experiencia fue con “Quijote.Femenino.Plural” en el que participé como actriz.

En cualquier caso, creo que el teatro se puede ver donde sea y en el idioma que sea. Como turista, conozca la lengua o no, voy a ver teatro esté donde esté. Hay tanta mezcla multidisciplinar, tanto gesto y signo codificados que se entiende. Si está bien interpretado y dirigido se entiende el fondo de lo que estás viendo aunque no estés captando cada una de las palabras.

AH – ¿Cuál es el futuro de la mujer en el teatro?

AA – Las actrices lo tienen claro. Aunque hay que escribir más papeles para ellas, más bernardasalbas para esas magníficas actrices que tenemos.

Creo que las mujeres venimos pisando fuerte. Se nos están abriendo las puertas. Helena Pimenta en la CNTC, Carme Portaceli en Teatro Español, Natalia Menéndez que ha dirigido fantásticamente el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, María Folguera directora del Circo Price, que está muy bien formada y que fue mi ayudante de dirección en el trabajo final de la RESAD.

Ya se ha visto lo que pueden hacer las mujeres. Espero y confío en la normalización. Pero todavía hay que forzarla para que llegue un día en que no sea necesario contar el número de hombres y mujeres. Aunque hay profesiones del teatro en las que es más difícil. Como las iluminadoras o las escenógrafas.

Las mujeres tenemos que darnos permiso y/o exigir ocupar los puestos a los que tenemos derecho.

AH – ¿Qué le gustaría hacer usted en el futuro?

AA Shakespeare está ahí. Es una asignatura para todos. Me gustaría tener los medios para hacer un gran Shakespeare. Y esos textos para hoy y para siempre como “El castigo sin venganza” o “El caballero de Olmedo”. También grandes autores vivos. Por ejemplo, seguir dirigiendo obras de Nando.

Aunque mi sueño no es solo montar un texto. Me cuesta decidirme entre la profesión de actriz y de directora. Sin embargo, mi formación literaria me ha hecho acercarme a muchos textos. Claro que me gustaría montar un clásico griego en Festival de Teatro Clásico de Mérida, espero que lea esto Jesús Cimarro, y poder preparar “Hipólito”, “Medea”, un Plauto. ¡Cómo me gustaría montar un O’Neill!

Me cuesta centrarme en una disciplina. Y, por supuesto que me encantaría dirigir ópera. O zarzuela como está haciendo Sanzol o va a hacer Messiez. O hacer una colaboración con la Compañía Nacional de Danza.

Además me gustaría seguir en la gestión. Tengo una compañía [Factoría Estival de Arte]. He sido gestora de la programación del distrito Moncloa-Aravaca en el Ayuntamiento de Madrid. Desde la gestión se puede hacer mucho y me siento cómoda en la gestión.

Y crear equipos.

AH – ¿Cómo se crean equipos?

AA – Con tiempo. Para hacer amistad, para conocerse. Ahora sí creo que tengo equipos. Es una gran satisfacción porque te comprenden, te apoyan y desde fuera se ve mucho mejor porque te ven como un proyecto más sólido.

Por ejemplo, con Elisa Sanz ya he realizado 4 trabajos. A Nando lo conozco desde que éramos pequeños y hemos hecho 4 ó 5 trabajos juntos. Por ejemplo, una performance que hicimos delante del Museo Reina Sofía llamado AntiG8, basada en Antígona. Hemos hecho de todo.

Es una de las maneras en las que se funciona en esta profesión. Por ejemplo, Sanzol, Kamikaze o Animalario. Es una de bases para defenderse en este mundo. Es una cuestión de resistencia.

En esta profesión tenemos momentos de ruina y de desolación. Es la risa y el llanto, una montaña rusa. Hay años malísimos y años buenísimos y no tiene que ver con el talento. Está la suerte y mil factores más. Admiro a esos hombres y mujeres que resisten. Como Nuria Espert que creó esa mítica Yerma de la lona, que se metió en la aventura japonesa. Hay que defender a esta familia teatral. Tenemos que querernos, respetarnos y valorarnos.

AH – Cuando uno tiene tantos intereses como usted ¿qué le permite centrarse?

AA – No se puede ir a tontas ni a locas. Hay que sentarse a pensar y tener en cuenta que te miran desde fuera y te tienen que ubicar los empresarios, los espectadores. Tienen que saber y reconocer que producto le ofreces y hay personas que han atinado y definido mucho con el producto como Ana Zamora.

Hay que meditarlo. No es como cuando escribes. Para poner una obra de teatro en pie hay muchos condicionantes externos. Depende no solo de que quieras hacer algo sino del dinero que puedas conseguir, de la gente que quiera apoyarte. Es muy difícil sacar adelante una producción.

AH – ¿Hay que tener corazón para elegir y razón para hacer?

AA – Corazón siempre hay que tener porque eso es básico. Cuando el equipo se lleva bien, trabaja con amor, eso se nota y el público se lo pasa también bien.

Eso ha pasado con “Desengaños amorosos”. La buena relación del equipo lo ha hecho tan fácil y tan divertido que te acostabas por la noche con el deseo que llegara la mañana para continuar. Ni siquiera queríamos que se acabase el proceso de la puesta en escena.

Pero siempre tiene que estar la razón detrás para dirigir el barco, para que el proyecto no se salga de la vía. Siempre he creído, y así me lo han enseñado, que hay que empezar con el trabajo dramatúrgico, con la razón para luego poder hacer el trabajo artesanal. El director debe saber que es el responsable último de todo y que tiene que mantener la obra, mimarla para que no cambie.

Es una profesión muy diferente. Es muy difícil desconectar, es obsesivo y no descansas. No apagas el ordenador y te vas. Te acompaña a casa, cuando estás con los niños y en la cama. Por eso me parece tan importante que tu pareja te entienda y comprenda.

AH – ¿Su pareja también se dedica al teatro?

AA – No, mi pareja es editor. Por tanto, conoce y entiende lo artístico.

Como es un tema tan obsesivo, siempre he intentado tener amigos de otras profesiones, no recluirme en el mundo del teatro. Además, si en el teatro vamos a hablar de todo, hay que nutrirse. Por tanto un director tiene que estar abierto al mundo. A la sociedad y al tiempo en el que vive para absorberlos eso y luego transmitirlos.

AH – Además de los amigos ¿de qué otras personas o cosas se nutre?

AA – De todo. El director tiene que ser una esponja. Leer lo máximo posible. Ir al cine lo que es difícil cuando se tienen niños pequeños.

Es importante conocer los montajes anteriores, la bibliografía sobre la obra. Porque luego vas a tener al equipo mirándote y solicitándote información.

Hay que poder transmitir de forma clara y dar referentes. Por ejemplo, tu personaje es como Melanie Griffith en tal película, o vete a ver un cuadro romántico porque tu pelo en la obra es como el que aparece en el cuadro.

Tienes que dar información al equipo porque tienen que entender por donde quieres llevarlos, qué estética, qué visión contemporánea quieres aportar para dar sentido a la propuesta. Coherencia.

No es fácil gestionar un equipo porque todos somos diferentes. Por lo que el director de escena es una mezcla entre un entrenador del deporte más rudo que se puede uno imaginar y un psicólogo. El actor es un material muy sensible y como lo pierdas se te desmiembra la producción.

AH – La directora Anne Bogart dice que el director de escena es el encargado poner las condiciones para que la obra sea posible.

AA – Sin productor no somos nada. Se suele poner en un podio al actor, al director y al dramaturgo y pero para montar una obra de teatro hay que tener muchas otras profesiones.

Por ejemplo, a mi me gusta mucho estar con los técnicos. Porque aprendo, veo otros puntos de vista, creo que sus opiniones enriquecen.

El teatro lo hacemos entre todos, y funciona de esa manera. Creo que deberíamos crear entre todos ese rito que comienza desde que el espectador compra su entrada, pasando por el acomodador que lo recibe, etc. Todos participamos. Todos tienen una importancia absoluta.

Al menos así me lo han inculcado mis padres.

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