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Madres

madre e hijo besando cortina

Se acaba el mes de mayo y, por tanto, el mes dedicado a las madres

Mi instinto maternal hizo acto de presencia cuando nació mi sobrino. Aquel precioso bebé me tenía ensimismada. Tenerlo en mis brazos me producía una sensación de ternura hasta entonces desconocida. Desde luego, si alguna vez había tenido instinto maternal, estaba profundamente dormido. Yo nunca había sido de esas mujeres que tienen clarísimo que quieren ser madres. En realidad, ni siquiera me lo había planteado. Supongo que no habría llegado el momento; pero cuando la idea asomó a mi cabeza, no lo dudé. 

El embarazo es una lucha interna entre el bien y el mal. Una siente una responsabilidad muy grande al llevar a un ser vivo dentro  y sabe que cualquier cosa que haga le afectará directamente. Ahí es cuando eres consciente de que, a partir de entonces, no vives por y para ti. Ahí empieza a cambiar tu mundo, tu realidad, tu perspectiva de la vida… Y aun así, ¿cuándo sientes que eres madre?

Aún recuerdo como si fuese hoy el momento en que avanzábamos juntas en una camilla, desde el paritorio hasta una habitación del hospital. Ella me observaba con aquellos pequeños ojos rasgados y una mirada inquisidora. Nos acabábamos de conocer y en aquel momento supe que mi misión era protegerla, que su vida dependía de mí.

Tengo que reconocer que ser madre ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida, sin lugar a dudas. Y no sé si soy buena madre, pero lo hago lo mejor que sé y puedo. Tampoco creo que hayas buenas o malas madres; quiero creer que cada uno tiene la mejor madre posible para sí mismo. Y hay tantos tipos de madres… Las hay que jamás han dado a luz, pero no por ello dejan de ser madres; e incluso hay auténticas madrazas que jamás han tenido hijos, ni biológicos ni adoptados, pero que con su instinto maternal son capaces de ejercer de madres de cualquier pequeño indefenso. 

Cuando te conviertes en madre, no dejas de ser mujer. Simplemente, te conviertes en una mujer con un extra. Y el eje central de tu vida varía de posición. Es inevitable. 

No vas a ser mejor madre por haber dado a luz o por dar el pecho a tu bebé. Puedes adoptar, puedes dar el biberón, puedes cambiar pañales o contratar a alguien para que lo haga. Pero ser madre es mucho más que eso. Puedes pasarte noches en vela, sufrir sus caídas, sentir su dolor como si fuese tuyo propio; y cuando un día ese bebé alza sus brazos hacia ti pidiendo un abrazo, o pronuncia por primera vez la palabra “mamá”, te derrites por dentro y piensas que no cambiarías esa felicidad por nada del mundo.

Crecerá, volará, pero tú seguirás siendo “su MAMÁ”…

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