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Sana y salva

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Ayer tenía intención de salir a caminar después del trabajo, como tantas otras noches, independientemente de que sea verano o invierno. El médico me ha prohibido correr pero caminar me sienta bien. A buen ritmo. Una hora. Seis kilómetros. Es bueno para mi cuerpo y para mi mente. Mi jornada laboral solo me permite hacerlo después de las ocho y media de la tarde, así que regreso a casa sobre las diez de la noche. Noche cerrada.

El comienzo de mi caminata transcurre por un parque. Pequeño y poco iluminado. Pero me gusta. Me da paz. Me relaja. En invierno lo atravieso a paso apurado sintiendo el aire gélido en la cara. En verano lo disfruto con más calma. Cuando voy, todavía hay gente paseando a los perros. Cuando vuelvo, está desierto. Nunca he sentido miedo, la verdad, a pesar de que mi pareja y mi hija me pregunten muchas veces que a dónde voy a esas horas de noche.

No llevo los auriculares puestos, ni voy hablando con alguien por el móvil. No escucho música. Sólo escucho mis propios pensamientos. Y lo que sucede a mi alrededor. Estoy alerta. Es un privilegio que tenemos las mujeres: atender a dos cosas al mismo tiempo. Y estar alerta es algo que nos ha enseñado la vida. Cuando llego a mi “zona de caminar” me cruzo con más gente. Gente que corre, que camina o que va en bici. Hombres, mujeres, solos, acompañados. A veces camino un kilómetro entero sin cruzarme con nadie. Pero no siento miedo. Mentira. Sí lo siento, pero no quiero sentirlo.

Anoche no quise salir a caminar. Porque Laura salió a correr y no volvió. Y así tantas. Una y otra vez. Y no me gusta sentirme así. Odio esta sensación de rabia e impotencia que me oprime el pecho. Quiero salir a caminar, sola, de noche… y no sentir miedo. No quiero que mi corazón se acelere al sentir unos pasos detrás de mí, sin saber si son los de un corredor o los de un asesino. No quiero estar preocupada cada vez que mi hija pasa la tarde con sus amigas, pensando en si llegará a casa. No quiero transmitirle ese miedo. No quiero que note que yo siento miedo. Quiero libertad. Para ella, para mí y para todas las mujeres. No pedimos tanto… solo lo normal. Lo justo. Nuestro derecho…

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