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Café solo

Café solo | Woman·s Soul

“Y donde quiera que estés, no dudes que siempre tendrás mi hombro, todas y cada una de las veces que lo necesites.. “

Así se cerraba una de las conversaciones más bonitas que he tenido con alguien. Una frase que puede ser una mera cortesía. Pero que en este caso era un arrebato de verdad y de sensibilidad. Amor en el sentido más puro. Incondicionalidad. (no sé si existe esa palabra).

Una de esas conversaciones de café donde empiezas a las cinco y el tiempo se detiene.  Delante sólo una tacita de café y dos rostros enfrentados. Sin más.

Invita a la tertulia, al descanso, a la conversación y al intercambio de datos, porque no hay nada más. No hay copas, ni cubiertos, ni platos, ni una pantalla de cine. Una mesa y tu tacita que como mucho tardas dos minutos en terminar. ¿Y ahora qué?… Un intercambio de teorías intentando llegar a conclusiones que jamás se verán completadas.

En cuestión de sentimientos, una conclusión es como un café, es maravillosa y te alivia,  pero dura un instante. Afortunadamente la vida cambia, las cosas cambian, y las moralejas de los cuentos también. Y al día siguiente necesitas un nuevo café para despertarte.

El aroma del café es evocador, siempre lleva regresiones consigo. Al igual que los momentos con personas especiales. Cuando oyes su nombre, reencuentras una foto, o pasas por algún lugar donde has compartido un momento, el recuerdo te atrapa y el sentimiento se hace presente e intenso como entonces. Porque hay personas que no se borran, aunque la vida las aparte.  Hay aromas que perduran para siempre. Y porque las personas más importantes de tu vida, cuanto más las recuerdas y más las quieres es en soledad. Curioso….las tenemos delante, y las disfrutamos más o menos, en la medida que nuestros bloqueos nos dejan, pero cuando más las queremos o más intensamente las percibimos es  cuando no las tenemos delante, o peor aún, cuando ya no están. En algún pliegue de tus caminos más recónditos se escondieron. O las dejaste en alguna intermitente estación de tu vida por pasar la ITV. Y entonces recurres a esa carta, y a ese café en solitario, esta vez en taza grande para que dure mucho más… para poder meditar, recordar, y si te viene la inspiración tratar de resolver. O dejarlo para otro día.

El café con leche te sugiere un desayuno,  una mañana, un despertar y un recibir un bonito día, o  una merienda de esas con tiempo, con amigos, con niños, o tal vez un sábado lluvioso.

¿Tomamos un café?. Qué frase tan socorrida y que poco significado le damos. Detrás de un café hay una excusa, un momento, un encuentro, un intercambio emocional, un paseo, una sonrisa, una lágrima, un enfado, un alivio. O el inicio de un tarde que termina en cena si todo va bien y la conversación no se acaba. Es uno de los momentos más puros, donde más te desnudas porque o hay conversación o no. Y si no la hay ese espejo que es el otro te dice que ahí nunca hubo nada, porque no hay nada que decir.

Un café también es una invitación a casa,  donde reproduces todo un ritual  y lo conviertes en un momento inolvidable. Una cafetera al fuego como antes, una tacita de limoge, una servilleta vichy, y una galleta para adornar y disfrutar, para deleitarte cuidando a alguien. Un pequeño gesto de amor. Un mimo. Uno de esos cafés en las cocinas de las casas, magia cotidiana.

“Y donde quiera que estés, no dudes que siempre tendrás mi hombro, todas y cada una de las veces que lo necesites.. ”  y es ahí recogiendo mi mesa después de uno de esos entrañables momentos terminados con conclusiones a medias, donde me acuerdo de ti y me acuerdo de esta frase. Porque hace mucho que no recurro a tu hombro. Y porque cuando te pasa algo, eliges a tu consejero, y hoy te elijo a ti. ….¿estarás disponible? ¿tendrás ese momento? ¿podrás escucharme? ¿te seguirá gustando el café?

Me preparo uno rápido, de cápsula, mientras ojeo un libro de fotos de Saint Germain, por aquello de que siempre nos quedará París….y suena mi móvil.

¿Te apetece un café? Estoy cerca….Qué bien suena la palabra cerca, y qué bien suena esa frase.

Bajo corriendo de cualquier manera, porque para tomar un café con alguien querido y abrir tu alma sólo necesitas cuidar el look de dentro para hacer una parada en la sinceridad, y escuchar el clin clin de la cucharilla tan peculiar de cada uno, por cierto. A mi no me gusta el azúcar, así que hoy sólo escucharé lo que me quieras contar. Y mi conclusión de hoy es,  que por supuesto no  sacaremos conclusiones, por lo menos no definitivas, así nos quedarán más cafés, más momentos….

“Todo termina bien, y si no, es que aún no ha terminado….”

2 Comentarios
  1. Ysabel Reno 2 años

    Tan solo un café ocasiona toda una serie de situaciones, mediante tu narración, la imaginación volaba que hasta el aroma llegaba a percibir y tienes mucha razón Montse, en tu experiencia, la cual comparto y me identifico, ha sido fascinante leerte, gracias. Un abrazo.

  2. Rosa Liñares 2 años

    Precioso post, Montse.
    Me has tocado la fibra. Has expresado tan bien lo que yo misma pienso… me encanta el café, su aroma, y lo que acarrea tomarse un café con alguien a quien aprecias…
    Me ha encantado
    Un saludo

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