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Carme Portaceli, la curiosidad hecha directora de escena

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El reciente estreno de Solo son mujeres en el Teatro de la Abadía y el próximo de La Rosa Tatuada en el Teatro María Guerrero son dos excusas perfectas para encontrarse con la apreciada directora de teatro Carme Portaceli. Una historiadora del arte que comenzó en el teatro de la mano de Fabià Puigserver y Lluis Pasqual y que se ha convertido en una de las profesionales teatrales más importantes de nuestro país.

Antonio Hernández (AH) – ¿Cómo Carme Portaceli se ha convertido en Carme Portaceli?

Carme Portaceli (CP) – Pues no tengo conciencia. Creo que empezó como siempre, de bastante joven y mostrando interés por el teatro. Al principio uno piensa que quiere ser actriz. Yo trabajo mucho con los actores. Actúo con ellos y matizo con ellos y me dicen “pero tú ¿has sido actriz alguna vez?”. Siempre les respondo “Un cuarto de hora”.

En el escenario ya vi que decía a todos “no grites tanto” y “vete para allá un poco” y “no se lo digas tan rápido”. Entonces me decían “Oye, déjanos en paz”. Ahí me di cuenta que a mi me gustaba más estar fuera y dirigiendo la cosa y viendo cómo funcionaba.

Empecé poco a poco. En realidad mi principio fue dirigiendo actores en el Institut del Teatre de Barcelona para televisión y para cine. A partir de aquí comencé a hacer algunas ayudantías de dirección con Fabià Puigserver en el Teatre Lliure en 1982.

AH – Usted estudió Historia del Arte ¿cómo ha sido de importante para su carrera teatral?

CP – Siempre he creído que la formación es básica. Por varias razones. Una, por la curiosidad que supone permitiendo comprender la historia, el mundo y la vida, un poquito, dentro de lo que se puede comprender. Por otra parte, porque desde muy joven una estudia, trabaja, investiga y eso no sobra nunca en una vida dedicada a la cultura como es la nuestra. En ese sentido ha sido importante para mí. Sobre todo, en lo de la formación y en lo de la disciplina.

AH – ¿Esa formación ha hecho que el teatro que hace sea muy distinto del que hacen otras personas?

CP – Pues no tengo ni idea si quieres que te diga la verdad. Tampoco sé que sea tan distinto del que hacen otras personas. El teatro que hago es el que yo hago. Que lo hago desde mi experiencia y desde mi ideología. Cuando hablo de ideología no hablo de partidos políticos.

Ideología es todo. Si estás hablando del amor estás, también, dando una lectura y una interpretación de lo que eso es. Por tanto, es ideológico. Es decir, hay una postura detrás de eso siempre.

AH – ¿Y cuál es la postura de Carme Portaceli?

CP – A mi me gusta comprometerme con el tiempo en el que vivo. Los artistas somos cronistas de nuestra época. Yo concibo la vida, el amor, la muerte, todo desde una mujer del siglo XXI que es lo que yo soy. Lo que yo he vivido, lo que yo siento, lo que yo pienso. Y con todo lo que yo lucho por informarme diariamente en todos los aspectos. Me considero una persona que me informo bastante porque tengo la curiosidad de saber qué pasa.

AH- ¿La curiosidad es algo importante para llegar a hacer lo que uno quiere?

CP – La curiosidad es muy importante para no cerrarte solo en ti mismo. La curiosidad te abre al mundo. Yo muchas veces pienso, ojalá hubiera sido a los 20 años como soy ahora.

AH – ¿Por?

CP- Porque ahora tengo mucha más curiosidad que cuando era más joven. Cuando era más joven era más obsesiva y estaba más pendiente de lo que yo quería, de lo que yo necesitaba. Y ahora, sin embargo, me considero una persona más tranquila en ese sentido. Y me da curiosidad lo que pasa fuera del palmo de mis narices.

AH – ¿Ha sido esa curiosidad la que le ha llevado a hacer Solo son mujeres?

CP – Ha sido esa curiosidad la que me ha hecho hacer muchísimos autores contemporáneos, a descubrir autores que no eran conocidos en nuestro país. Llevo 61 espectáculos desde que comencé a los 20 años. La curiosidad de ver qué ocurría fuera de las puertas de nuestro país, qué pasaba más allá, qué se cuestionaba la gente, qué me cuestiono yo, qué me preocupa de la vida, todo eso.

En este caso, quería dedicarme esta temporada a la novela histórica. Y entonces, casualmente, cayó en mis manos Solo son mujeres de Carmen Domingo que eran cinco monólogos. Lo leí y me gustó muchísimo. En seguida comencé a hacer una dramaturgia. Yo supe que no quería hacer cinco mujeres, cinco actrices. Quería que una sola actriz [Miriam Iscla] hiciera todas estas voces como una sola voz. Y que la acompañaran una bailarina, Sol Picó, y una música [compuesta por Maika Makovski] que interpreta Carmen Conesa.

Estrenamos en octubre [de 2015] en Santa Coloma. Y hemos estado 5 semanas en Barcelona. La gente se ha levantado cada día al final del espectáculo para aplaudir. Toda la platea aplaudiendo. Ha sido muy emocionante. Ha sido brutal.

AH – Entre los 61 espectáculos que ha realizado hay muchos autores desconocidos o conocidos pero no populares, sin embargo, tiene una larga carrera ¿cómo se consigue esto?

CP – Luchando muchísimo. Peleándote siempre. E intentando conseguir hacer lo que tú crees que tienes que hacer hasta el final. Yo soy muy luchadora. No ha sido fácil, como no es fácil para nadie, pero siendo mujer es más difícil.

AH – ¿Por qué ha sido más difícil siendo mujer?

CP – Porque hay una tendencia a la invisibilidad, una dinámica social que no nos ve. Me acuerdo de María Jesús Valdés que decía “Los hombres no es que no nos quieran, es que no nos ven.” Esa es la historia. Querernos no nos quieren mucho tampoco, pero vernos, no nos ven casi nunca. No es que digan no quiero verla, porque no es así. Pero en general es que ni se les ocurre pensar que esta es igual que este otro que está aquí.

Si nuestra carrera es difícil para todos, lo es más para las mujeres. Incluso para las actrices, siendo más aceptadas por la sociedad. Los actores enseguida se ponen de moda. Para ellas es más difícil, y mira que vivimos en un país de actrices.

AH – ¿Pasa lo mismo con las mujeres directoras de teatro?

CP – Es muchísimo peor. Me acuerdo que una vez leí un cosa genial que decía Mónica Oltra la Secretaria General de Compromis y Vicepresidenta de la Comunidad Valenciana de que ellos no permitían que se tomase ninguna decisión a partir de las 7 [de la tarde]. Cuando le preguntaron por qué, respondió que las mujeres se iban a casa con los hijos mientras ellos se quedan tomándose una cerveza, y, entonces, llegan a unas decisiones maravillosas de las que las informaban al día siguiente. Pero ¿quién ha tomado esta decisión? Ellas siempre se quedaban fuera de esas fantásticas decisiones.

También hay un cierto corporativismo masculino. El mundo masculino es el mundo dominante. Entre los hombres hay una cierta solidaridad, compadreo, en el que tú tampoco estás muchas veces, porque a veces ni toca estar.

Y hay una dinámica generalizada que es muy difícil de romper. De 21 teatros que hay en Barcelona, solo hay dos espectáculos de mujeres. Autoras, directoras, hay muchas más.

AH – Esa invisibilidad de las mujeres en el teatro, ¿también se produce en la memoria histórica? ¿Y ha sido esa la razón de poner en marcha Solo son mujeres?

CP – Claro. En la memoria histórica también ha habido el mismo problema. Hay cosas que no se han dicho. O que no se habla de ellas. O que aún están prohibidas. O que no se pueden decir. Hay muchas maneras de discriminar. Por ejemplo, decir “¡Qué aburrimiento!” Eso también es una forma de discriminar ¿no?

A las sufragistas se las llamaba sufragistas para burlarse de ellas. Era un nombre de burla. Se ha conseguido que el feminismo sea una palabra que tenga mala prensa. Que suene mal. Que tenga una connotación peyorativa. Todo esto está orquestado por la sociedad clarísimamente.

La memoria histórica siempre ha estado callada. Y las mujeres de la memoria histórica peor aún. Ni si quiera hoy se saben donde están las mujeres que lucharon por la libertad y la democracia de este país. Las Trece Rosas tenían un lema que era “Que nadie nos borre de la historia”. Y las han borrado. Como a las mujeres de la Generación del 27, ese grupo llamado las sin sombrero.

El franquismo lo que hizo fue relegar a las mujeres al espacio privado. Quitarlas del espacio público. Eso aún hoy lo estamos padeciendo. Hay comunidades donde eso no ocurre. En Euskadi hay Igualdad prácticamente total que comenzó con Patxi López y que Urkullu ha mantenido.

AH – ¿Hace falta compromiso social para conseguirlo?

CP – Hace falta compromiso social y hacer cumplir una ley de obligado cumplimiento que es la ley de Igualdad [efectiva de mujeres y hombres] porque es una ley orgánica. Se tiene que cumplir y se puede exigir que se cumpla. Hay comunidades que son nefastas respecto a la igualdad como Galicia y Cantabria. Cataluña tampoco está mal con respecto a la igualdad, es horrenda.

AH – De la memoria histórica va a pasar a La Rosa Tatuada ¿qué tiene que ver con todo esto que estamos hablando de la invisibilidad de las mujeres?

CP – No mucho. Solo son mujeres es un homenaje a esas mujeres que lucharon y que nadie nombra. Como hacemos una obra basada en hechos reales te enteras de que no hay cifras de mujeres asesinadas o fusiladas. No hay. Sin embargo, sí hay cifras de hombres.

La Rosa Tatuada es otra cosa. Es una obra de Tennessee Williams que haremos en el Teatro María Guerrero del Centro Dramático Nacional. Habla de la historia de una mujer que ama muchísimo a su marido que un momento dado lo pierde y que se niega a seguir viviendo y construye a su alrededor la historia de amor más bonita del mundo para ella. Y esa historia es tan normal como cualquiera y ella no lo soporta y se niega a vivir. Pero la vida es más fuerte que todo eso y al final vive, claro. Esta obra es un canto a la vida. Es una maravilla. Estamos disfrutando mucho.

AH – ¿Si en el mundo del teatro no hubieras sido Carme Portaceli quién te hubiera gustado ser?

CP – No sé. Hay tanta gente que me gusta lo que hace… A mi lo que me gustaría es conocer mucho el alma humana para poder explicarla bien, tener los medios para poder contar lo que yo creo que hay que contar, poder explicarlo en la manera en la que yo creo. Sin sentirme coaccionada. Por lo que yo lucho en la vida es por ser una persona libre de verdad.

AH – ¿No lo eres?

CP – Bueno, es mi lucha. Lo intento y lo lucho. Lo consigo poquito a poquito, cada vez más.

AH– ¿Qué medios faltan para que una persona pueda ser libre?

CP – Poder conocerte. Saber que uno es capaz de pensar las cosas que le impiden ser feliz. Saber que se puede hacer. Aprender a ubicarte ante la vida de una manera que te permita vivirla bien porque vivir no es fácil. Ser una buena persona, es importante. Que puedas tener un poco de compasión.

AH– ¿El teatro ayuda?

CP – A mi me ha ayudado. Yo creo que sí porque es un medio de conocer el alma humana. Tienes autores como Tennessee Williams, Shakespeare, Lorca, Ibsen y tantos otros que te van enseñando muchos mecanismos. Vas conociendo muchas cosas de ti y de los demás que te ayudan a entender. Abre un abanico delante de ti tremendo. Dejas de mirarte el ombligo, que es una cosa muy aburrida y muy pesada, y que además no le interesa a nadie.

 

1 Comentario
  1. […] – Con Carme Portacelli, con la que acabo de trabajar [en el Teatro de la Abadía en Solo son mujeres], con Natalia […]

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