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Carta abierta a Blancanieves

Carta abierta a Blancanieves | Woman·s Soul

La carta que toda madre debe leer.

Querida Blanca Nieves:

Soy una amiga de tu madrastra, y por lo tanto, como seguramente también desearía ella, espero que al recibir esta carta – y siempre – estés bien.

Te sorprenderá que te escriba, pero como madre, madrastra y cuarentona deslenguada que soy, tengo una visión un poco más compleja de lo que ha sido su biografía, ahora que tanto se ha revisitado su historia. Aunque mucho se haya escrito sobre su rol de madrasta, tú y yo sabemos que en la leyenda original se contaba la verdad: que era tu madre, Lady Grimhilde. Pero para esta carta ese es un detalle que casi da lo mismo.

Como te decía, yo misma soy madrastra, por obra y gracia del Divino Divorcio, o más bien de un par de ellos. Pero de eso tú no sabes nada, porque tu feliz matrimonio viene de una antigua estirpe de uniones poderosas llamadas Matrimonios de Conveniencia, que no se ve tan frecuentemente estos días y que es más fuerte que el amor, vulnerable al paso del tiempo. Hoy en día los matrimonios se rompen con más facilidad que el  mismísimo Espejo Mágico. Y los Reales Niños viven entre dos castillos, con la maleta a cuestas por los Reales Senderos a merced de los caprichos de Sus Majestades los Padres (esto incluye a Madres y Madrastras). Pero eso sería inexplicable para ti, que creciste en la orfandad, en una familia monoparental, algo desestructurada y con una madre trabajadora (escrito aquí, lo tuyo no suena tan cavernícola).

Supongo que a estas alturas ya me habrás tachado de loca. No eres la única,  mas sin embargo prefiero excéntrica, así que sigo. Al igual que ella conozco la melancolía que sientes cuando descubres que toda tu vida has buscado el amor incondicional sin saber que ese es sólo el que se da, no el que se recibe, y cuando lo descubres  no tienes a nadie digno en quien volcarlo, ningún hijo para aliviarlo. Fuiste una niña muy deseada. Tu madre, en su deseo, se pinchó con la aguja de coser; pues te digo que algo similar me pasó a mi, el médico tuvo que pincharme para el in-vitro. Cuando el test de embarazo es positivo nos convertimos en mortales y desde ese momento, las madres hacemos todo para protegeros.

Naciste con cucharita de plata y tus padres debieron de tener sus premoniciones porque te pusieron un nombre gélido e inusitadamente puro: Blanca Nieves, o Schneewitchen. De piel blanca, pelo negro y labios rojos. Rojo sangre. Creciste feliz y despreocupada hasta que la adolescencia te lanzó a un viaje de sobresaltos hormonales y físicos. Ambas cambiasteis. Tú florecías y ella se marchitaba.

A ella se lo decía su espejo  mágico. Yo no tengo uno de esos, tengo muchos. Todos ellos malditos. Se multiplican distorsionando la realidad o amplificándola, según se tercie. Los tengo en los anuncios, en mi iphone (te lo explico después) en las frases de desconocidos y de seres queridos; y ni hablar de ese de cuerpo entero, acechándo detrás de la puerta de mi baño, que en plena vulnerabilidad, con el cuerpo aún mojado por la ducha, me dispara ráfagas enteras de realidad. Pa-pa-pa-pa-pán.

Son los espejos los que me han desquiciado primero. El espejo como reflejo de la sociedad. Yo también fui guapa, ahora que no lo soy puedo decirlo sin tener que pretender una falsa modestia, así que la entiendo.  NO es que con esto quiera justificarla. Todas cometemos errores. Hace poco, en mi afán por dejar que mi hija fuera más valiente, se rompió dos dientes. Pasemos.

Blanca Nieves, ahora mi hermosa niña aún no es consciente de cómo al caminar por los Reales Caminos, su presencia se va haciendo cada vez más notoria. Seguro que yo también cometeré errores que la lleven a pensar que no la quiero. Los árboles no dejan ver el bosque. Y la lanzaré al mundo, o se marchará ella sola, pero ambas nos despegaremos físicamente. Ya no nos unirá ninguna hebra deshilachada de aquel cordón umbilical, pero estaremos cosidas por la misma estrella.

Tú te fuiste o ella te echó. No creo que fuera casualidad que te enviara acompañada de un pelele con título de cazador. ¿Crees que una eficaz reina como ella no conocía el carácter de sus propios súbditos? El cazador hizo lo que ella esperaba, dejarte ir, pero nada podía haberla preparado para lo que tú hiciste después.

Cuando te viste en problemas encontraste refugio. Bien. Pero un refugio es un lugar de paso, un lugar necesario en todo viaje de iniciación. Paras. Descansas. Sigues el camino.  Tú, no. No continuaste el viaje del héroe, te quedaste ahí, con siete enanos, a los que en esta época de corrección política deberíamos referirnos como siete hermanos. Dejemos a un lado lo que implicaba en tu vida sexual. Pero hay cosas peores, para las que no hay simples medicinas. No eran unos enanos cualquiera, digo hermanos, eran ricos, riquísimos, los dueños de la mina de piedras preciosas. Una mina multi-marca, con todo aquello que fuera brillante y caro. NO luchaste por tus sueños porque no tuviste la garra de soñar con nada. Te apoltronaste en la seguridad económica poniendo lavadoras y cantando con los pajaritos. No hiciste gran cosa.

Yo también te hubiera dado la manzana. Que ella no maceró, ni en cianuro ni en cicuta. No sé qué le puso, pero te sumió en un profundo sueño. ¿Es que no has escuchado que se crece mientras se duerme? Soñar es fundamental para vivir. Yo te hubiera dado la manzana del mismo modo que mezclo gin-tonics con ansiolíticos, como única manera de soportar la estupidez humana (y mi menopausia, y vuestra adolescencia).

Me gustaría que supieras que madres y madrastras nos desgarramos el corazón el día que os lanzamos solas por el mundo, sea bosque o metrópolis, y que lo hacemos con la esperanza de que seáis valientes y felices, que no os arriméis a la sombra del primero que veáis. Que no os hagáis las víctimas, que os hagáis cargo de sus vuestras propias decisiones, que no escojáis la comodidad de un castillo y la soledad de tener un hombre insulso como aquel príncipe azul con el que te fuiste nada más abrir medio ojo, ese que ni siquiera sabe la canción de Pink Floyd… And did you exchange a walk on part in the war for a lead role in a cage?

Lo que nos mata por dentro no es ver que os hacéis más altas y más hermosas que nosotras. No sois vosotras quienes nos arrebatáis el ímpetu. Nos mata ver que volvéis a lo mismo. Que os centréis en la maldita belleza olvidando que tenéis la oportunidad de aprovechar que la vida os hizo más valientes, mejor educadas  y más independientes. Tú tampoco buscaste ayuda para Lady Grimhilde.  No la llevaste a un psicoanalista, a una amiga o a un curandero que le mirara lo de las hormonas. ¿Te sentaste a hablar con ella? Ella se aferró a su papel como tú te aferraste al tuyo. Conozco bien la tiranía del victimismo. ¡Hay que salir de ahí! Ahora os mandamos a estudiar fuera, a trabajar lejos y nadie nos dice nada. Tampoco nadie nos llama. El dolor es el mismo, mucho más fuerte que un parto sin epidural. Así que ve y deja esta carta y llámala, porque hoy es su santo (sí, hasta las brujas tienen santo). O porque te da la gana. Pero antes de llamar, vete y escucha la canción de Pink Floyd… What have we found? The same old fears. Wish you were here.

Me despido, no sin antes desearte que algún días conozcas el amor incondicional. Con cariño de madre y madrastra…

Angela Monroy

4 Comentarios
  1. Brianda Domecq 2 años

    Me gustó mucho, gracias.

  2. Pilar Granados 2 años

    Gracias por este artículo. Me has inspirado y he publicado algo en la comunidad que está relacionado.

  3. Estupendo artículo. Rompamos con los cuentos de Whalt Disney.. me inclino mas por Brave, la princesa guerrera…

  4. Susana Pino 3 años

    Me encanta tu artículo querida Angela.

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