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Cuento de Navidad : El Extraterrestre

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X3 era un extraterrestre. Sí, como los que salen en las películas, pero no tan feo como ET, de hecho era bastante parecido a nosotros, si no fuera porque tenía seis dedos en cada mano, un extraño color azulado  y los  ojos pequeños y muy  juntos plantados en mitad  de la frente.

Había venido a la Tierra en misión de  reconocimiento  formando parte de una expedición dirigida por el comandante AZ al que todos temían por su endiablado carácter.  Para él lo más importante era la obediencia y exigía que se cumpliesen sus órdenes sin rechistar. Quien no cumpliera estrictamente sus instrucciones se arriesgaba a oír unos gritos que  hacían temblar al universo entero.

Pues bien, en aquella misión, cada uno de los tripulantes de la nave nodriza tenía asignado un cometido concreto y el de X3 era bajar a la Tierra con su pequeña nave, diseñada para un solo ocupante, y  tomar muestras de agua en distintos mares y océanos. Después debía analizarlas para ver cuál de todas ellas era más adecuada para el consumo de los habitantes de su planeta, ya que allí solo tenían agua dulce y, los pobres  se pirraban por el agua salada de los mares terráqueos.

En una de las incursiones que hizo en la Tierra, estaba tomando muestras en el Mar Muerto cuando, distraído, tropezó con una rama, cayó al agua y vio que flotaba. Jamás ningún habitante de cualquiera de los planetas de la Galaxia había disfrutado tanto  como X3 al notar esa deliciosa sensación de ingravidez.

Estuvo durante horas jugando a intentar hundirse. Metía la cabeza en el agua y al pretender sumergir el resto del cuerpo, el trasero le quedaba a flote en la superficie, chapoteando como un pato al pescar. Se estaba bañando así de divertido cuando, de pronto, vio aparecer a lo lejos, una caravana que se le aproximaba. De Oriente llegaban tres Reyes Magos al frente de un enorme séquito, en busca de un Niño que había de nacer para salvar al mundo.  Iban los tres montados en preciosos camellos.   Uno de los Reyes era anciano de barba blanca; otro, negro como el azabache y el tercero, el más joven, era pelirrojo.

Los Magos como vieron a X3 tan azul, chapoteando y gesticulando con los brazos de manera tan exagerada, pensaron que pedía socorro porque se estaba ahogando y los tres, sin dudarlo ni un momento,  se lanzaron al agua para socorrerle.

Cuando le sacaron a la orilla y le vieron con aquellos ojillos pequeños y juntos,  tantos dedos y hablando una jerga totalmente desconocida para ellos, pensaron que sin duda procedía de un país hasta entonces desconocido donde la gente era muy, pero que muy fea…

A todo esto, mientras X3  se secaba e intentaba explicarles a los tres Magos que estaba jugando en el agua y que casi había olvidado el motivo de su misión, el comandante en jefe empezaba a impacientarse.

Le había ordenado volver a la nave nodriza en cuanto tomase una muestra de agua del Mar Muerto. ¿Qué estaría haciendo el botarate de X3 para demorarse tanto? ¿por qué no podía nunca cumplir una orden a la primera? Fue tan agudo el grito que soltó, que en toda la tierra se sintió un temblor, parecido a un terremoto.

Al notarlo X3, sabiéndose  el causante del enfado de su jefe, se despidió a toda prisa de los Magos y tomando su pequeña navecilla emprendió el regreso a la nave nodriza a toda velocidad, tanta  que dejó dibujada una estela en el cielo que, cuantos la vieron,  creyeron se trataba de la estrella fugaz que dirigió a los Reyes Magos  hasta el portal de Belén en el que nació el Niño Jesús  el 25 de Diciembre.

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