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La caja vacía

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Hoy es el día, ya llegó el cumpleaños de ellas, y yo sin nada significativo que regalarles, son los diecisiete años y no quiero simplemente regalar por regalar, quisiera algo que trascienda en sus corazones, que quede con ellas en el recuerdo de una memoria marcada por amor.

Y sólo tengo entre mis manos una simple caja vacía.

Acaso te has sentido, alguna vez, cuando estas conduciendo un automóvil, que llegas a una parada obligada y al detenerte del todo, te queda un coche al lado, que va en la misma dirección y que le observas de reojo sin prestar mucho interés, cuando de repente, se mueve lentamente provocando la sensación de que es tu coche el que se esta moviendo y te obliga a presionar los frenos y apretar el volante por que piensas que eres tu en realidad quien se esta moviendo y que has perdido el control de alguna manera. Llegas a poner en completa duda la realidad de que estas presionando los frenos y de que no estas en movimiento. En un momento recorre un escalofrío de esos que genera angustia, un poco de mareo y la inseguridad te recorre el cuerpo dominando los pensamientos, provocando el desconcierto poniendo en duda lo que es la realidad en un instante.

Y todo por que lo que era un punto insignificante de referencia entro en movimiento, cambio de posición. ¿Podría esto ocurrir en otros aspectos de nuestra vida? Sin duda alguna que si.

En realidad necesitamos en nuestras vidas principios que son inamovibles y que se vuelven referentes que afirman nuestro caminar entre los senderos oscuros de la noches tormentosas y aún entre aquellos que son refrescantes, a las sombras de los impávidos castaños centenarios que beben de las cristalinas aguas de arroyos en calma. Son aquellos principios que no evolucionan con los tiempos, que permanecen igual, ayer, hoy y siempre. Si los logramos identificar, tendremos referentes que nos permitirán enfrentar con integridad las tormentas que nos toque vivir.

Por eso he decidido regalarles una caja vacía a cada una de mis hijas.

Si, tal y como lo lees, una caja vacía, llena de los sueños que están por ser soñados, una caja que contiene el vacío que han de llenar con historias nuevas por ser escritas. Un principio que deberíamos aprender todos desde pequeños y que es el mismo siempre, sin importar las circunstancias que vivimos.

Es el principio de la esperanza fundamentada en el espacio vacío de una caja. Y es que si de repente te azota la desesperanza, el sentido de abandono, de no poder más, del profundo cansancio, de esos cansancios donde el cuerpo no responde al simple conocimiento de frases bonitas que se quedan en los lienzos de la imaginación sin llegar a transformar las respuestas del corazón. Es en esos momentos donde podemos recurrir al vacío de la caja para ver que aún hay espacio para una nueva vida llena de amor que se alimenta de de la oportunidad misma de amar y ser amado.

Por eso he decidido regalarles hoy una caja vacía, una caja, que les recuerde una y otra vez que la desesperanza termina en la plenitud de la esperanza que tenemos en el amanecer de un nuevo día, en el espacio vacío donde intencionalmente podemos construir nuevas memorias.

Un principio, que nos obliga a crear un puente entre las emociones y la realidad de la vida que vivimos. Cuando nos enfrentamos a la ficción  de nuestra imaginación, esta siempre estará dibujada y coloreada por nuestras emociones, pero nuestras acciones tienen que estar fundamentadas en la realidad y no en el mero deseo efímero de un momento. Por eso es necesario que recordemos la frase de un filosofo moderno, cuyo nombre no recuerdo y que dijo; “Lo que siento en  mi corazón debe de hacer sentido en mis pensamientos”. Sin duda los pensamientos pueden provocar emociones y las emociones provocan pensamientos y es que eso de la cronología, como lo de preguntarnos; ¿si vino primero el huevo o la gallina?,   en este momento no es lo más importante de la cuestión sino más bien el que siempre debe de estar presente la lógica y la coherencia entre las emociones y la realidad de los pensamientos. 

“Lo que siento en  mi corazón debe de hacer sentido en mis pensamientos”

Y es entonces donde el vacío de la caja cobra mayor sentido y aún en medio de la más desordenada de las emociones, si atentan contra la esperanza de un nuevo amanecer, debemos recordar que por más que lo evitemos siempre amanece y habrá un nuevo día lleno de oportunidades donde intencionalmente siempre podremos construir nuevas memorias, escribir una nueva historia, dibujar un nuevo horizonte y colorearlo con tonalidades nuevas de una paleta de colores de amor y esperanza.

Ya sea como individuos, como país, como humanidad en el espacio de la caja vacía  siempre será un lugar al que tendremos la capacidad de recurrir una y otra vez y es que ya hace mucho nos fue otorgada como regalo,  lo único que en aquella ocasión la caja nos fue dada en forma de una tumba vacía.

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