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La resiliencia de los caribúes

La resiliencia de los caribúes | Woman·s Soul

Para evadir esa sensación de que el Telediario de cualquier día es el mismo que el del día anterior, dispuse mi índice hacia la proa del mando de la tele hasta dar con un documental sobre la fauna de la tundra en el Ártico.

La imagen mostraba cómo los caribúes se disponían atemorizados, pero resueltos, a saltar a un río helado para cruzar a la otra orilla y seguir así su prometedor camino hacia el Sur. Mientras los caribúes estaban tan atareados y al son de los innumerables intentos de algunos por subir a la otra orilla desde el agua, una voz en off comentaba que para las hembras embarazadas era mucho más complicado subir por el peso adicional. Nada nuevo bajo el sol —pensé— incluso con el escaso sol que debe haber en el invierno de la tundra ártica.

Cuando la heroica manada de caribúes había superado aparentemente todos los escollos del cruce y parecían estar ya salvados definitivamente comiendo líquenes, la iluminada voz en off apuntaló esta tesis mencionando que los caribúes eran además una de las especies con mayor RESILIENCIA del planeta.

Y dijo la palabra con una pausa casi imperceptible, pero suficiente para captar que no había dicho RESISTENCIA, sino resiliencia, esto es (según después aprendí): la capacidad para sobreponerse a las situaciones complejas y salir fortalecido de ellas. Vamos, lo que vendría a ser en lenguaje de animal humano “… ¿para qué se cae uno? para levantarse”—respondemos todos a manera de salmo sobreviviente—.

Pero enseguida la voz en off me fastidió toda la alegría que había comenzado a sentir por el prometedor futuro de los caribúes. En efecto, después de hacer gala de su gran resiliencia como especie, el aguafiestas de la voz en off comentó que, por el contrario, su organismo era extremadamente sensible a los pequeños cambios generados por el calentamiento global, lo que parecía augurar un futuro cuando menos incierto a esos valientes pequeñines que estiraban torpemente sus patas mientras todavía tenían el cordón que les unía a las madres que acababan de cruzar el río ya comentado.

A mayor abundamiento, la voz en off continuó argumentando en forma de antítesis o best practice y casi como regañando a los caribúes por ser tan frágiles, que había una especie de patos local que penetraba las gélidas aguas árticas con el método del torpedo para extraer mejillones del fondo marino; pero no sólo eso, —continuaba— sino que para adaptarse habían desarrollado unos jugos gástricos tan potentes que les permiten, entre otras hazañas, tragarse enteros a los mejillones sacados tras cada inmersión y digerirlos sin oclusiones intestinales destacables.

De manera que, aplastado mi ánimo por la supervivencia exitosa de los caribúes y no muy segura de alegrarme de la supervivencia en masa de esos patos con unos modales tan bastos, me dispuse a investigar el significado del palabro resiliencia. Para mi sorpresa, descubrí varias cosas cuando menos curiosas.

La primera, que a pesar de la demostrada importancia conceptual del palabro resiliencia para nuestra propia especie, la inefable RAE la tiene como en una especie de sitio límbico o período de reflexión (http://lema.rae.es/drae/?val=resiliencia) porque la definición viene con una marca de agua que dice reiterada y claramente REDACCIÓN PROPUESTA.

Pero el segundo hallazgo es aún más sorprendente que el primero, pues antes del título de la palabra, la RAE advierte en provisionales y temerosas letras rojas y negritas: “Artículo Nuevo”.

No obstante, el cielo orgásmico de los findings llegó con el tercero de mis hallazgos googelianos: existe un Instituto Español de la Resiliencia (http://resiliencia-ier.es/quienes-somos). No bromeo, esa vanguardia tecnológica que tanto hemos visto promover a los políticos (mientras cortan sonrientes alguna cinta roja y gualda que promete abrirnos las puertas del saber definitivo) existe de verdad. Y tiene nada menos y nada más que Presidente, Vicepresidente, Secretario General, Vocales y hasta Consejo Asesor.

Así que me ha dado por pensar que quizás este Instituto Español, tan necesario en estos tiempos de crisis mata-resiliencias, podría como poco dedicarse a redactar un artículo con una versión tan exhaustiva, como definitiva de tan relevante palabra.

Lo que sí me queda claro después de tanta bipolaridad darwiniana es que, después de todo, aunque huya hacia los caribúes, todo me trae inevitablemente, de vuelta al Telediario.

EL LADO OSCURO: LA RESILIENCIA DE LOS CONSULTORES

Nada como compartir. Esa frase tan manida que desde la guardería les repetimos a nuestros pequeños con el loable objetivo de que no le arranquen el juguete a su amiguito tras un mordisco cuasi-caníbal, tiene muchas nobles e inagotables connotaciones.

El caso de nuestros inefables caribúes no es una excepción porque después de enviaros ese billete ida y vuelta en el turbulento vuelo Telediario-Tundra-Telediario, he recibido un nuevo e igualmente sorprendente imput por parte de una de vuestras compañeras de lectura.

Y es que en efecto, tal y como ella apunta, el palabro resiliencia no sólo tiene la connotación salvadora a la que me referí con tanto ahínco en la parte anterior. Esto es: teniendo como tengo, un alma incurablemente abogadil, antes seleccioné cuidadosamente la parte de la definición que servía para apuntalar la versión que quería exponeros; pero por supuesto, hay otra, siempre hay otras; para bien o para no tanto.

En este caso, una mucho más aterradora y antisistema. Porque si habéis vivido como yo la sombra de la injusticia cernirse sobre los indefensos caribúes, si habéis sentido esa antipatía natural por los asquerosamente triunfadores patos del ártico; entonces, y sólo entonces, hay algo más que debéis saber…

La resiliencia es una palabra importada del productivo universo calvinista tan propenso a la productividad y el sufrimiento en pos de la acumulación, que se refiere también a la industrial capacidad de una sustancia u objeto “…para no perder sus características tras sufrir condiciones de cambio extremas”. Así lo atestigua vuestra compañera y el hermano anglo de la RAE, el British Dictionary:

resilience |rɪˈzɪlɪəns|

noun [ mass noun ]

1 the ability of a substance or object to spring back into shape; elasticity: nylon is excellent in wearability, abrasion resistance and resilience.

2 the capacity to recover quickly from difficulties; toughness: the often remarkable resilience of so many British institutions.

En efecto, y sin entrar a valorar el etnocéntrico e imperial ejemplo al que se refieren los británicos en la acepción Nº 2, para que al resto nos quede claro que la resiliencia tiene que ver con la durabilidad de algunas instituciones británicas (supongo que se refieren a las nuevas y sofisticadas formas de colonización de los pensamientos), vuestra valiente compañera ha dado en el clavo al señalar que sólo había escuchado antes la palabra resiliencia como caribú-trabajadora de la inagotable mina multinacional.

En concreto, su perverso uso por parte de los directivos para referirse al tipo de empleado deseado. Y este es el momento queridos amigos, en que todos, en masa y especialmente los que hemos sufrido en nuestras carnes el frío polar de la tundra multinacional, nos iríamos inmediatamente al Ártico a matar a todos esos patos y caribúes sin ningún tipo de misericordia con el secreto e inalcanzable objetivo de que extinguir a todas las especies.

Y es verdad porque más allá de lo ridículo que pueda resultar que te comparen con el nylon, ese democrático material que vuelve a su forma original tras haber enfrentado el sufrimiento para mejorar todo tipo de piernas, lo cierto es que en las multis y, en concreto, en una de sus versiones más malvadas, las consultoras, la resiliencia es, si no el imput, con seguridad el outcome o consecuencia.

Y es que hay una cosa en la que difiero de nuestra compañera: no es que las multis busquen este perfil de personas; no, el tema es más perverso aún si cabe, te ofrecen un maravilloso viaje en bussiness, con hoteles de 5 estrellas y restaurantes estupendos al corazón de sus mazmorras y te lo muestran a la manera de Churchill: te venden el infierno de forma que estás deseando llegar a él. Y como es natural, llegas.

Nunca olvidaré por ejemplo, mi última entrevista antes de pasar a la hoy extinta especie del cielo de los elegidos en Arthur Andersen (R.E.P.): hacia el final, cuando ya quedaba medio claro que entraría, el Director (hoy Mega-Socio) en un gesto de adorable confianza mutua y tras haber averiguado mi vida, obra y milagros, me preguntó retóricamente si quería saber algo sobre la empresa.

Para su sorpresa le dije que sí, le hablé sinceramente —siempre recordaré ese como el principio de una cadena incesante de errores— de mi filiación por las letras y de mi cuando menos escasa capacidad para el cálculo y le pregunté si el tipo de proyectos que hacían tenían muchos números, cálculos, hojas Excel y todo eso.

Sorprendido, más que por el contenido, por la pregunta en sí, miró afable al otro director-enemigo-acérrimo que le acompañaba obligatoriamente en las recolecciones de adeptos a la secta y le preguntó sonriente al más puro estilo de las instituciones británicas ¿tú has tenido algún proyecto que sea muy numérico? Y mientras el otro negaba con la cabeza, mi sorprendido interrogado sonreía regordilmente y me contestaba que para nada, que no me preocupara por eso.

Más o menos un mes más tarde, recordaría con tristeza esta británica respuesta mientras esperaba en un túndrico despacho de un gobierno regional de la estepa castellana a que la funcionaria de turno me entregara las estadísticas sobre vivienda de la región. La verdad es que si el día de la entrevista de marras hubiera podido pensar en algún el tipo de proyecto que no me iba por la cantidad de cálculos y números que tenía, posiblemente el Plan de Vivienda que me tocó cuasi-dirigir, habría sido el ejemplo perfecto.

Por eso creo que lo que uno termina desarrollando en este camino de las multis poblado de comparaciones, categorías profesionales, evaluaciones anuales y golpes sistemáticos a un ego que termina por conformarse con guarecerse del chaparrón aunque sea bajo un techo con goteras es, mis queridos amigos, nada más y nada menos que eso: resiliencia-caribú-embarazada en estado puro.

Pero como decía, aunque no hay nada nuevo bajo el sol y mientras huyo hacia los caribúes y todo me trae de vuelta al Telediario, es verdad que hay patos árticos que por fiarse de sus resilientes estómagos mueren congelados, se olvidan de lo más obvio: que mejor es siempre y por si acaso, emigrar al sur a tiempo.

1 Comentario
  1. Pilar Granados 2 años

    Me gustó. Me gustaría que escribieras sobre París o Africa.

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