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Ladrones del tiempo

Ladrones del tiempo | Woman·s Soul

¿Cumples con tus propias prioridades?

El estrés se ha convertido en un símbolo de status, o eso pensará un antropólogo extraterrestre (sería un humanólogo) que decida investigar nuestra especie en el momento actual. La queja sobre la falta de tiempo es tan extendida que el observador ingenuo podría llegar a la conclusión de que existe alguna mafia del tiempo que roba minutos y horas sueltas cuando te despistas. Por algo hemos inventado la expresión de los “ladrones del tiempo”.

La realidad es menos fascinante: cada día se te conceden 24 horas, ni una más, ni una menos. Cada día tendrás que decidir cómo invertir estas 24 horas. Y estas 24 horas han sido las mismas desde siempre, o por lo menos desde que inventamos el reloj.

Lo que ha cambiado son las exigencias y el ritmo. Las exigencias pueden ser tuyas o las de tu entorno. El ritmo viene dado por el número de aplicaciones móviles, pestañas en tu navegador y otros fuentes de interrupción constante. La expectativa de “fluir” casi nunca se cumple cuando el río del tiempo parece más bien una corriente turbulenta llena de obstáculos peligrosos.

¿Quién decide en tu día a día?

¿Sabes a qué dedicas tu tiempo durante un día cualquiera? ¿Quién decide en qué empleas tu energía vital y tus hora libre? Entre listas de tareas más largas que una maratón y los imprevistos de cada día, es posible que tus propios planes y sueños se queden atascados. Falta de tiempo, falta de enfoque y al final del día, falta de energía, son los culpables de que no consigas avanzar como lo imaginas los domingos por la noche.

¿Por qué es tan difícil cambiar, crear y darle sentido a tus actividades diarias? La respuesta es simple: tu cerebro prefiere los atajos al trabajo y la gratificación inmediata a los esfuerzos para el largo plazo. Cada decisión consciente cuesta energía y a partir de cierto momento se enciende el autopiloto. Si ahora no puedes recurrir a una serie de hábitos productivos, las interrupciones ganarán la batalla.

Crea tus propios hábitos anti-estrés

Una gran parte de tus actividades diarias no las decides tú. Son el resultado de tus hábitos y rutinas, creados a lo largo de toda tu vida. La forma en la que te levantas, el momento en el que te lavas los dientes, tu reacción a los avisos de whatsapp (y otras aplicaciones) son reacciones automáticas, especialmente en momentos tensos. Algunos de estos hábitos te sirven de maravilla, otros aumentan el agobio que sientes frente a todas las exigencias diarias a las que te enfrentas.

La buena noticia es que los hábitos se pueden crear a conciencia. Los hábitos que no te sirven se pueden alterar o sustituir. Tú puedes cambiar tu experiencia del día a día alterando los hábitos que no sirven a tus objetivos.

Los hábitos no viven en el vacío. Requieren de tu participación activa (aunque no siempre consciente) para prosperar. Además, cada hábito tiene su punto de partida individual. Este “detonante” le indica al cerebro qué hacer. Cuando son las 11:00 te vas a tomar un café en el bar de abajo. Cuando vibra el teléfono, lo sacas para mirar los nuevos mensajes. Cuando te quedas atascada en una tarea, abres el Facebook.

Puedes crear tus propias rutinas que te ayuden a mantener la calma, aunque en twitter tengas 2.492 mensajes nuevos. Descubre tus propios comportamientos que te generan estrés para re-diseñarlos. A lo mejor puedes apagar el detonante (si el teléfono no vibra, no te agobias). O quizás puedes crear una nueva rutina (a las 11:00 te tomas un zumo de naranja y evitas el café). Ahora sí eres tú quien decide.

Convierte tus prioridades en hábitos

Las prioridades son aquellas áreas de trabajo / vida que son más importantes para ti: pasar tiempo de calidad con tu pareja o tus hijos, escribir tu primera novela, entregar la propuesta para el nuevo cliente, … Si no consigues cumplir tus prioridades te sientes mal. Son áreas en las que no quieres hacer compromisos, no las quieres postergar, aunque la realidad a veces interfiere.

Muchas mujeres tienen demasiadas prioridades. Se sienten responsable por todo y por todos, menos por sí mismas. Es normal que tu lista de tareas sea larga, pero tu lista de prioridades, aquella con lo necesario para que te sientas bien, no tenga más que tres puntos. ¿Cuáles son tus prioridades hoy / esta semana / este mes? ¿Qué tienes que hacer hoy para que al final del día sepas que ha sido un buen día?

Al igual que los hábitos, las prioridades son duraderas. Si la educación de tus hijos es tu prioridad hoy, lo seguirá siendo mañana. Si quieres escribir un bestseller hoy, seguirá siendo tu objetivo mañana. Si sabes cuáles son estas prioridades, puedes crear hábitos que te apoyen en su realización. Reorganiza las mañanas para desayunar con tus hijos para que te puedan contar sus planes del día. Levántate 15 min antes para escribir media página de tu novela. Define un hábito que te permita apoyar tus prioridades y repítelo a diario: en la misma hora y el mismo lugar.

Definir tus prioridades es el primer paso para simplificar tu día a día, descubrir qué no te sirve y de qué puedes prescindir. Los hábitos en este contexto son tus grandes aliados: fomenta aquellos que te sirven y pon obstáculos a aquellos que únicamente generan estrés.

¿Cuál es tu prioridad de hoy?

 

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