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Marina Skell, una actriz comprometida con un autor y un espacio

Fotografía Marina Skell

Hay muchas cosas en las que uno cree que decide y en realidad están decidiendo por uno

El encuentro con la actriz Marina Skell lo favorece el estreno de “Yo decido. Amor, sexo y muerte”. Obra escrita y dirigida por Carlos de Matteis, su marido, a petición de ella. Monólogo estrenado a finales de 2018 en la sala Artespacio Plot Point que crearon hace ya 14 años lo que lo ha convertido en un espacio clásico del teatro alternativo y de formación teatral. Y aunque vinieron pensando en sus hijos y dispuestos a trabajar en lo que les saliese, su formación, su profesión y su pasión les llevó al teatro.

Antonio Hernández (AH) – Estrena una obra que se llama “Yo decido. Amor, sexo y muerte.” ¿Usted decide? ¿Y en qué decide?

Marina Skell (MS)Decido en todo lo que voy pudiendo en la vida. Como acabo de hablar con el público [esta entrevista se realiza tras el encuentro informal con los espectadores que hay tras cada representación], hay muchas cosas en las que uno cree que decide y en realidad están decidiendo por uno.

Trato de tomar mis propias decisiones. De saber cómo puedo ser más feliz. De actuar de acuerdo a lo que me pide el corazón. Por ejemplo, hacer este monólogo es algo que he decidido. Se lo pedí a Carlos De Matteis, a pesar de que a él no le gusta escribir monólogos, porque para escribir necesita que haya conflicto.

AH – Además de la decisión de hacer este monólogo ¿qué otras decisiones suele tomar en el ámbito profesional?

MS – Como actriz estoy focalizada en el trabajo que hago en las tres producciones de Plot Point en las que actúo. Eso me hace difícil salirme de aquí.

Me encantaría hacer cine o una serie de televisión. De hecho hice muchas series de televisión en Argentina antes de venir. Pero en estos medios no puedo decidir a no ser que me convoquen.

En el caso de que saliese una serie o una película, sí que tendría que tomar decisiones porque tengo mucho comprometido en Plot Point. Estoy en tres montajes que funcionan muy bien y sostienen la sala por lo que no podría dejarlo de un día para otro.

AH – ¿Qué tres montajes son?

MS – Los montajes son “Mi madre, Serrat y yo”, que lleva 10 años en cartel, “Cuestiones con Ernesto Che Guevara”, que lleva 7 años, y “Yo decidido. Amor, muerte y Sexo” que estrenamos en 2018.

AH – La función de la última está montada como una clase a los alumnos de la protagonista ¿cuál es el motivo? ¿Hay que educar al espectador?

MS – No. No tiene nada que ver con educar al espectador. Así la protagonista puede enfrentarse más fácilmente a los temas que tiene que resolver que si lo hiciese ella sola en su casa. Le permite contar lo que le pasa desde una clase de filosofía en la que puede plantear un montón de temas. Le permite crear una línea de pensamiento que también traslada a su casa en la que ella está viviendo situaciones excepcionales [a la protagonista de la obra le han diagnosticado demencia y se da cuenta que ha empezado a olvidar su biografía].

Tiene que ver con darle un ritmo a la obra. A hacer salir a la protagonista y llevarla a la clase. Un lugar muy propicio para dejar ideas al espectador.

AH- ¿Qué tiene Marina Skell del personaje y el personaje de Marina Skell?

MS – Es difícil de decir. La obra tiene muchas historias reales personales del autor pero contadas en femenino, incluidas línea de pensamiento y su posicionamiento político.

Yo no estoy tan interesada en la política como él, pero las ideas de la obra son ideas que me golpean, me conmueven y me hacen pensar también a mí.

Yo creo que lo que el personaje tiene de Marina Skell es la energía que yo tengo. Siempre hago muchas cosas. Y la vitalidad. Un luchar contra la adversidad desde un lugar en el que me puedo identificar.

AH – Es una obra protagonizada por una mujer ¿es una obra solo para mujeres o para todo tipo de públicos?

MS – Creo que es para todo tipo de públicos que quieran escuchar lo que se dice en la obra. De pensar, de hacerse preguntas.

Puede que las mujeres se puedan sentir más identificadas, pero creo que las preguntas que planteamos son preguntas que se debería hacer todo el mundo.

AH – En los encuentros con el público que siguen a la obra ¿son distintas las reflexiones de mujeres y hombres?

MS – No. Las preguntas surgen de las necesidades de las personas. Hay públicos que preguntan más y hay otros que dan más vueltas a las cosas. Quizás la obra plantea demasiadas cosas para que el espectador se quede con todo y pueda procesarlo de inmediato. Es una obra que hay que dejarla asentar. Reposar. Cada uno debe buscar sus respuestas a las preguntas que plantea.

Así que no, no veo diferencias entre las preguntas que hacen mujeres u hombres. Entre otras cosas porque las preguntas que plantea la obra son preguntas que deberían hacerse o se hacen todas las personas.

AH – ¿Qué tipo de público viene a Plot Point?

MS – Viene todo tipo público. Desde gente joven a gente mayor. El espectáculo de “Mi madre, Serrat y yo” es maravilloso porque vienen señoras de mi edad a un teatro alternativo con abrigos de pieles, como si fueran a un gran teatro institucional. Es muy lindo. También madres con hijas adultas. Esa obra en particular tiene una conexión muy bonita con ese tipo de vínculo familiar.

En general, a todos los teatros van más mujeres. Pero en nuestro caso hay público de todo tipo y de edad. Hasta chiquitines a partir de 6 meses, pues tenemos un espectáculo para ellos.

AH – Esta obra tiene una clara posición política, que en teatros más grandes o institucionales no se ve ¿cree que este tipo de teatro solo se puede hacer en teatros alternativos o en salas pequeñas?

MS – No debería ser así. A nosotros nos pasó con “Cuestiones con Ernesto Che Guevara”, una obra que vimos en Argentina en el año 2000 y nos gustó mucho. Cuando vinimos a Madrid en 2001 nos hubiera gustado hacerla, pero nos dimos cuenta que aquí era como si todo fuera Disneylandia. Se pensaba que estaba todo bien y no había cabida para hablar del Che Guevara.

Después del 15-M retomamos el material. Pensamos que, tal vez, en ese momento, esta obra tendría cabida. Costó mucho al principio, porque la gente no tiene el hábito de ver otras cosas. De escuchar otras propuestas.

Entiendo que si las cosas están mal, mucha gente no tiene ganas de pensar. Yo iba a mi médico y quería invitarlo al teatro y le preguntaba “¿Qué preferís la de Serrat o la del Che Guevara? Yo te invito” y me respondía “La de Serrat, para otros temas ya tengo bastante con los telediarios.”

Sin embargo, ha habido un movimiento por parte del público más allá de ir a ver obras que solo sea pasárselo bien. Pasárselo bien no tiene nada de reprochable, la gente sale para divertirse. Pero noto que ha habido un cambio en el espectador, que está más abierto a otro tipo de propuestas. En las que se les propone un cambio de mirada. Desde lo que dice el telediario a lo que se ve en este escenario. Variar un poco el ángulo de enfoque.

AH – Como actriz ¿trabaja igual para crear sus personajes en función de que la obra sea una comedia, una tragedia o una obra más política?

MS – Para mí, el trabajo consiste en pasar por una misma todo lo que el texto plantea. Abordar en una los contenidos de la obra que representa.

Por ejemplo, con la comedia de “Mi Madre, Serrat y yo” me lo paso muy bien. Me encanta. La vivo de una forma más fresca. En el caso de “Cuestiones sobre el Che Guevara” no hay posibilidad de improvisar, salirse del texto, porque es un debate de ideas muy claro. Y en “Yo decido”, lo más difícil es que estoy sola en el escenario y tengo que darle ritmo a una obra que dura una hora y cuarto. Es lo que más me está costando, estar sola en escena.

AH – ¿Cómo es el proceso por el que encuentra el personaje que va a interpretar?

MS – Carlos De Matteis, el director de la mayor parte de las obras que he representado, da mucha libertad a los actores. Te deja probar y experimentar. Y en esa búsqueda uno va encontrando.

Además nos dice que las funciones no deberían ser iguales todos los días. Nos anima a probar cosas sobre el escenario. Y la libertad de que si aparece emoción, que aparezca. Y si no viene la emoción, no pasa nada. Lo importante es que como actriz yo viva el proceso interno de lo que está pasando en el escenario. Todo lo que ocurra en el escenario le parece fenomenal.

En el caso de “Yo decido” lo básico era tener el texto. Y una vez que tenías el texto ya podía probar cosas.

AH – ¿Cómo se mantiene uno fresco haciendo una obra durante 10 años como pasa con “Mi madre, Serrat y yo”?

MS – No sé si porque me lo paso muy bien, porque disfruto un montón o por la propuesta de Carlos de vivir el aquí y ahora en el escenario. Estamos muy conectadas con lo que le pasa a la otra actriz en escena y eso es fantástico, porque salen cosas, sutilezas que hacen que el texto, que es siempre el mismo, esté vivo. No me aburro nunca de esta obra.

AH – Empezó siendo actriz en Argentina ¿por qué se vino a España?

MS – En Argentina y, en general, en todo Latinoamérica, todo es muy inestable y hay mucha inseguridad. Con cuatro hijos, mi marido y yo decidimos venirnos a España, donde no teníamos a nadie conocido, pero si pasaporte europeo, a trabajar de lo que fuera porque necesitábamos un lugar de serenidad, de estabilidad. No solo en lo económico sino en lo emocional. Por ejemplo, a mi hijo de 14 años lo habían asaltado por la calle, algo que aquí también te puede pasar, pero no hay la violencia que hay allá.

Al principio, mi marido trabajó de electricista en la construcción, porque cuando era joven trabajó de lo mismo en Argentina. Y yo trabajé en una inmobiliaria y luego en una empresa de venta de espectáculos. Hasta que apareció la posibilidad de hacer lo que sabíamos hacer.

AH – ¿Cómo se lanza uno a montar un espacio como Plot Point?

MS – Te voy a contar la historia de un hombre que tenía una sola vaca y le preguntó a un monje cómo podía tener una vida mejor. El monje le respondió que tirase la vaca por un barranco. Cuando no tienes nada tienes que ir por otro lado y las cosas van apareciendo, van sucediendo. Así ocurrió con Plot Point.

Empezamos como una escuela en otro local cercano que estaba en una primera planta. Como era una casa de vecinos nos dijeron que no podíamos tener la escuela allí, había muchas cosas que nosotros no sabíamos de la legislación, y tuvimos que buscar un nuevo local.

Buscando un nuevo local encontramos en el mismo barrio que se alquilaba el local en el que estamos ahora en la calle Ercilla 29 de Madrid. Era un espacio que se había dedicado a la venta de sanitarios y materiales de construcción. Comenzamos como escuela y poco a poco fuimos construyendo la sala. En aquel momento solo pensábamos en ser escuela de interpretación. Pero al tener el espacio tan grande, comenzamos a pensar en tener una sala.

AH – ¿Cuándo se dio el paso a la sala?

MS – Desde el principio, al ver que teníamos el espacio suficiente. Aunque en el inicio solo se usaba para las muestras de los estudiantes. No había butacas. Solo teníamos sillas para sentarse delante del escenario. Ha sido un proceso muy largo pues estamos en este local desde 2005, hace 14 años.

Al comienzo lo hacíamos todo Carlos y yo. Yo llevaba la parte administrativa. Pero a raíz del Alzheimer de mi madre, como soy hija única, me la traje para cuidarla. Como necesitaba tiempo para ello, tuvimos que crear un equipo. Aunque la enfermedad de mi madre fue un desgaste emocional, su llegada, con la creación de un equipo que me dejara tiempo para atenderla, significó un despegue de la sala. También nos ayudó uno de nuestros hijos que llegó con una mentalidad más moderna y empresarial.

Antes lo hacíamos todo nosotros. Desde poner las tarimas a limpiar los baños. Hasta que yo me enteré de que existían ayudas del Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, instituciones a las que estamos muy agradecidos porque nos han permitido tomarnos las cosas con otra perspectiva.

AH – ¿Cómo de importante ha sido la casualidad o el azar en todo esto?

MS – No sé. Recuerdo que en Argentina el Canal 9 [ahora el nueve] habían decidido hacer un programa llamado “Las 9 caras nuevas del 9” para el que hice tres casting. En uno, cuando me estaba yendo, el director me preguntó que cuantos años tenía. Me di la vuelta, le dije que veinte y me fui. Después él me dijo que la forma en que le respondí le confirmó que yo debería ser una de las actrices del programa. Así empezó mi carrera.

AH – Aunque Plot Point es una sala también es una escuela pero usted no da clase.

MS – No, yo no doy clase. Me da mucho respeto formar a otra persona. No creo que sea para cualquiera. Es Carlos quien las da. El actuó un poco al principio de su carrera y a la vez que comenzó a dar clases para dedicarse finalmente a ser docente.

La pedagogía, el manejo del grupo es otra cosa distinta que la de actuar o saber actuar. Es un trabajo que exige pasión por lo que uno hace y saber mucho. No solo de la materia que se imparte, de cómo hacer equipo o grupo, que todo el mundo esté a gusto, de poner límites, y de cómo hacer llegar el conocimiento.

A veces doy clases de cocina y siento que en este ámbito si puedo transmitir. Pero lo de dar clases de interpretación me da mucho respeto.

AH – ¿Qué diferencias encuentra entre trabajar en Argentina y en España?

MS – La verdad es que la manera en la que he trabajado en España ha sido muy endogámica. Muy centrada en lo que he hecho en Plot Point, salvo algún papel en alguna serie o en la película “María (y los demás)” de Nely Reguera con Bárbara Lennie, una actriz que me encanta.

Lo que más me llamó la atención cuando llegué a España es que si no había dinero no había proyecto. En Argentina si no había dinero cada uno de nosotros poníamos el trabajo y cuando llegara el dinero se repartía entre los que habíamos participado en el proyecto. Se ponía en pie el proyecto y si luego llegaba una subvención, bienvenida era.

Entiendo que ahora ha cambiado. Hay muchas salas pequeñas como esta y se han flexibilizado un montón de cosas.

AH – ¿Pero sí que ha hecho giras y ha tenido contacto con otros profesionales?

MS – Al principio sí. Dirigí a dos alumnas para crear en lo que en Argentina se llama café-concert. Eran escenas, sketches de humor, canciones que no tenían una conexión en sí misma y que se tituló “¿Y si Dios fuera mujer?”. Para la semana de la mujer nos cogíamos un coche y nos hacíamos una gira grande por toda España. Era un espectáculo muy chiquito que cabía en cualquier parte y no era caro.

Reconozco que lo de la gira y el bolo lo tienes que hacer cuando no tienes una sala. Nosotros al tener la sala no nos es imprescindible tener que buscar un espacio para mostrar el trabajo. Tener una sala es una bendición porque te permite estar 10 años con una obra, como estamos con “Mi madre, Serrat y yo”. Obviamente, porque también viene gente a verla. No solo porque tenemos una sala.

Aún así, con esta esa obra hemos hecho algunos bolos. Han venido espectadores que nos decían que conocían a concejales de cultura y que les iba a proponer que nos contrataran. Y nos han contratado.

AH – ¿Y fuera de España?

MS – Con “¿Y si Dios fuera mujer” fuimos a Temporales Teatrales de Puerto Montt en Chile.

AH – ¿Ha vuelto dirigir algo más?

MS – Después hice “Diosas, divinas y peligrosas” con las mismas actrices, una obra del mismo estilo que “¿Y si Dios fuera mujer?” Y un infantil. La dirección no es lo que más me motiva, a mi lo que me gusta es subirme a un escenario.

AH – ¿Qué es lo que la atrapa de un escenario?

MS – Me hace feliz estar encima de un escenario. Yo no había hecho mucha comedia en Argentina y la experiencia de “Mi madre, Serrat y yo” y de que la gente se ría me parece fascinante. La respuesta directa del espectador cuando se ríe es una experiencia maravillosa. A mi me da la vida.

Además, pienso que cuando uno se sube a un escenario es para dejar algo. No digo dejar huella, sino una idea, una impronta, una línea de pensamiento. De tocar algo y que algo le pase a la gente. Independientemente del tipo de obra, me gusta la posibilidad de que el público no se vaya a casa sin más, sino que sigan hablando de la obra, de lo que les ha tocado o les ha dicho, porque hay tema.

AH – ¿Es por eso por lo que hacen encuentros informales y un picoteo con el público tras la función?

MS – Lo de los encuentros surgió de que yo había visto una obra en Argentina que te daban un cava al entrar. Con lo que ya entrabas contenta, con otra predisposición [dice sonriendo].

Cuando estrenamos “Mi madre, Serrat y yo” empezamos a dar la copa de cava al principio, pero nos suponía un problema logístico. Así que empezamos a darla después y a salir a hablar con los espectadores. La experiencia fue tan bonita, el público lo recibió tan bien, y fue tan enriquecedor para nosotras, porque la gente nos contaba cosas de lo que le había pasado viendo la obra, que lo mantuvimos.

AH – ¿Qué se aprende en estos encuentros informales con el público?

MS –En estos encuentros se percibe mucho mejor lo que ha sucedido en la sala. Así que dependen de lo que pase en cada función. Algo que no puedes percibir solo con el aplauso que se recibe en el escenario. Lo puedes intuir pero no confirmarlo.

Si no hubiera sido por dichos encuentros no hubiéramos seguido con “Cuestiones con Ernesto Che Guevara” pues al principio no venían más de 6 ó 7 personas. En este caso, como el cava no pegaba con el personaje, se daba mate cocido. Pero en estos encuentros nos dimos cuenta de lo que le pasaba al público con esta obra era muy fuerte y que la obra tenía futuro a pesar de la poca entrada que teníamos. Y ahora lleva 7 años en la sala.

AH – ¿Cómo se ha enfrentado a las dificultades profesionales que ha tenido en su carrera? ¿Cómo supo que tenía que continuar?

MS – Vas encontrando pistas en el devenir de la profesión. Por ejemplo, en los comentarios que deja el público en páginas como Atrápalo. En cualquier caso hay que seguir. Y si no funciona, no funciona. A veces te das cuenta, y lo sacas de la programación, y otras veces no.

AH – ¿Sobre qué no le han preguntado que le gustaría que le preguntase y poder hablar?

MS – Entrevistas como esta te dan la oportunidad de echar la vista atrás. Adquirir una perspectiva que uno pierde en resolver las cosas del día a día.

Lo que me quedaría por contar es que es importante enfocarse en lo que uno quiere hacer y trabajar en consecuencia. Los problemas van a venir. Existen. Pero sus consecuencias dependen de cómo uno los gestiona.

Venirse a España con 4 hijos sin tener nada atado, ni siquiera casa, fue una locura. Pero teníamos claro que esto no tenía vuelta atrás. Mucha gente viene a probar. Nosotros no podíamos venir a probar. Nosotros, como hacían los españoles antes, vinimos a hacer las Américas.

Creo que si a nosotros nos ha funcionado como nos ha funcionado es porque teníamos claro hacia donde queríamos ir. Y luego fuimos resolviendo con el foco puesto en eso.

AH – ¿Y está donde quiere estar?

MS – Sí. Afortunadamente no sucedió que uno de los dos se hubiera querido quedar y el otro volver a Argentina. Eso si que hubiera sido un problema y no sé como lo habríamos gestionado. Pero Carlos y yo somos muy felices aquí.

Además, desde que pude descargarme de tareas administrativas estoy encontrando otras cosas que quiero hacer a parte de actuar. Como la fotografía. Ya he hecho dos exposiciones.

Cuando me vine la prioridad era sacar los hijos adelante. Eso era lo básico. Pero eso ya está hecho. Ahora es el espacio Plot Point. Es nuestro lugar de pertenencia donde tenemos un equipo, que ya no es un equipo, sino una tribu maravillosa que trabaja con nosotros.

Todo esto tiene que ver con la claridad interior de lo que queríamos hacer, de mejorar y crecer. Aunque estos dos aspectos son más de Carlos que míos, porque es él el que dedica más tiempo a la sala.

¿Ha visto la reforma que hemos hecho? [acaban de hacer una escalera para acceder a un sótano y habilitar una segunda sala de exhibición] Carlos tiene 70 años, él ya no necesita esta reforma. Pero siempre quiere mejorar y mejorar. Dejarlo lo mejor posible para que los que quieran continuar con ello se queden con un lugar magnífico.

Focalizarse en lo que uno quiere y la mejora constante es algo que hay que saber manejar en la vida.

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