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Mejoraré para que tú cambies

Mejoraré para que tú cambies | Woman·s Soul

Este es un tema de cierta polémica, básicamente porque suena a utopía. Nuestro entorno es exigente y nos pasamos la vida deseando, o lo peor, exigiendo que las cosas sean diferentes. En la mesa de al lado de un restaurante, oyes a una madre que critica a su hijo porque come con la boca abierta, o porque pone los codos en la mesa. A tu mejor amiga que llora todo el día quejándose de que su marido no la ayuda en casa. A un jefe exigiendo un resultado imposible de alcanzar con un tono que no siempre nos gusta, y mirándonos al espejo porque llega la operación biquini y sigues como el año pasado con suerte. Miras el teléfono y te quejas de que te llaman en exceso o de que no te llaman nada.

Una de mis amigas exitosas en su trabajo vive con un compañero de camino al que tiene en el exilio. Perdió su admiración hacia él y su vida es un constante entorno hostil, para él y para ella. Sólo quejas, insultos, reproches y exigencias. Un pobre tipo que ahora está a punto de no ser nadie porque está anulado.

Lo curioso es que hablas con él, fuera de las influencias negativas de L (su mujer, mi amiga), y es el mismo que conocimos en la playa de Calella cuando teníamos 20 años. Inspirador, sexy, divertido, inocente, y con carácter de ganador. Pero cuando vuelve a su estrecho estado de ánimo conyugal una pulga que molesta. A mí incluso.

Eso te lleva a pensar la importancia de lo que hacemos para que los demás sean mejores o peores. ¿Y si en lugar de exigir todo el día por imposición fuéramos algo más estimulantes?.

Estaba en la cocina de L y le pregunté por sus votos cuando se casó. Tuvo una de esas bodas de cuento, que ahora veo como galería porque mirando el contexto el cuento quedó en chiste malo.

Se acordaba perfectamente. Porque eran los clásicos. Para siempre jamás con toda la parafernalia que conlleva. Le dije que cuando yo me casé me negué a hacer votos. Porque tenía claro que estaría mientras ambos fuéramos capaces de hacer mejor la vida del otro.

Me miró atónita y me reprochó mi crítica, que no era tal. Era mi reflexión tan solo. Más vale tarde que nunca. Le dije que la próxima vez sería diferente. Ella me dijo que tenía un compromiso y que su integridad le impedía destrozar su promesa. Que estaba intentando que R cambiara para recuperar su vida fabulosa juntos. A saber: que fuera más ambicioso, que fuera más atento, que cuidara mejor de la niña, que se cuidara más el aspecto, que fuera más respetuoso con los padres de ella, que la sorprendiera….

Voilà!, suspiré…que te sorprendan….ahí está el secreto en realidad para todo tipo de relaciones. Obviamente por la descripción de todo lo que R debía mejorar según ella visualicé un RIP gigante en su matrimonio. Con un epitafio muy ilustrativo: Te dejé porque no me hacías feliz. Y eso que suena tan honrado, hoy con la experiencia me parece una utopía. Nadie nos puede hacer felices, sólo nosotros mismos. A nadie puedes darle tal responsabilidad. Me decía mientras nos tomábamos un mojito aguado que L había preparado, que si antes sí la hacía feliz, podía volver a hacerlo porque ella se casó con él por eso. Mi respuesta fue que de la misma manera que nuestras células cambian todos los días, la vida nos hace ser seres diferentes. Y quien se crea que te casas para siempre con la persona con la que te casaste, le auguro una vida de Hollywood. Varias parejas para acabar con la triste conclusión de que el amor no existe. Sí, claro que existe, pero el amor de verdad no es querer cambiar al otro. Es entender que la evolución nos hará pasar por diferentes etapas en nuestra vida y asumir que parte de la responsabilidad de que el otro haya cambiado con respecto a nosotros es sólo nuestra.

El “para siempre jamás” es una pistola en la sien. Porque todo es orgánico, porque todo es vulnerable.

Me preguntó por mi tesina sobre mi repentino altruismo emocional y cuál era el titular. Le contesté el que habéis visto en mi cabecera: “Mejoraré para que tú cambies”.

Creo que hay personas que sacan lo mejor de nosotros mismos, y lo mismo al revés. De repente te encuentras que ni te reconoces, y es momento de irse porque obviamente la interacción no es buena. Pero no hay nada más estimulante para querer a alguien que la sensación permanente de estímulo, de agradecimiento, de motivación, de comprensión, de querer hacer feliz. L en su segundo mojito me decía que eso era extenuante, que hay que ser natural.

Mi respuesta acompañándole en el segundo más aguado aún fue que si ser natural es ser un motivo para que la persona con la que vives se sienta juzgado y a prueba todo el tiempo, mejor ser un poco artificial y tratar de salvar una vida en común a la que dedicaste tantos votos estériles. Creo que hay que gastar saliva, creo que hay que esforzarse más allá de las ganas de ponerse un pijama y desconectar detrás de la tv para ver si se resuelve todo solo. Creo que no hay que hacer demagogia cuando somos los primeros que nos desdibujamos hacia el otro. Los hombres son más prácticos y lo acaban resumiendo todo en un NO funciona…las mujeres le damos más vueltas y acabamos diciendo lo mismo, no sin antes pasar por un tortuoso camino de intenté cambiarle. Concluí mientras tiraba el pseudónimo de mojito y lo cambié por un buen vino ….

Cuando me compré mi vestido esmeralda de Loewe me sentía la más guapa del mundo. Ahora lo veo en mi armario y me recuerda a esa época estupenda pero ya no se lleva. Si lo tiño de azul marino que siempre queda bien, mi vestido ya no será el mismo, y tampoco mi momento porque mi cuerpo también ha cambiado. Prefiero dejarlo como es y ver que el día que me lo pongo, atemporal o no, me recuerda a ese gran momento y ver que aún me hace feliz, aunque como evolucionada mujer que soy de diferente manera.

L me acompañó con el vino y me preguntó que si pudiera retroceder si ahora haría votos. Asentí y me preguntó cuáles sería…

Le contesté que algo así como… “seré tu novia todos los días de mi vida para merecer ser tu mujer”…

Me dejó colgada en la cocina por un buen motivo.. se fue a renovar sus votos con R como mujer inteligente que es.

Siguen comiendo perdices… será que no me equivoqué.

Mejora antes de exigir nada girl, y recuerda que el esfuerzo de saber querer tiene unas recompensas inmensas. Haz votos contigo misma y construye desde ahí…

My Fair Lady

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