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Mi hijo autista me ha regalado un viaje apasionante

Mi hijo autista me ha regalado un viaje apasionante | Woman·s Soul

Cuando mi amiga Susana me habló de su proyecto “Woman’s soul” me pareció una muy buena idea. Como ella, yo también he tenido momentos en los que por distintos motivos he estado desorientada o con los ánimos más bajos. En esos momentos he tenido la suerte de encontrarme con distintas mujeres que me han servido de inspiración y me han ayudado a superar mis pequeños baches. De entre mis distintas musas inspiradoras me gustaría hablaros de mi querida Aurora.

Aurora no es una gran ejecutiva ni ha montado una start up de éxito, por no haber, no pudo ni terminar el colegio porque tenía que cuidar a sus 8 hermanos pequeños y a los 19 ya estaba embarazada de su primer hijo. Aurora es una mujer boliviana de 55 años y madre de 8 hijos. Vino a España, como muchos otros inmigrantes, para buscar una vida mejor para ella y su familia y yo tuve la increíble suerte de que cuidara de mis hijos durante seis años. A Aurora le debo entre otras cosas el haber aprendido a aceptar y encarar la discapacidad de mi hijo Alex.

Para mí el diagnóstico de autismo de Alex fue un golpe muy duro. Yo nunca había imaginado tener un hijo con una discapacidad, incluso siendo mis hijos adoptados y por tanto con más papeletas de tener algún “plus” que un hijo biológico. El autismo fue algo del todo inesperado, ni lo había querido, ni lo había buscado, todo un shock. Yo no era la madre Teresa de Calcuta ni estaba preparada para asumir una responsabilidad así.

No sabía cómo debía tratar a mi hijo y tampoco cómo actuar ante sus conductas poco adaptativas o diferentes. Cuando estábamos en el parque o en un lugar público, sentía un gran malestar cuando Alex procedía con sus conductas “extrañas” en lugar de jugar tranquilamente como lo hacían otros niños. Cuando iba a la guardería a dejarlo o buscarlo se me llenaban los ojos de lágrimas al compararlo con otros niños. Tampoco sabía cómo quererlo, mimarlo y hacerlo mío, ¡era tan diferente a mis expectativas!.

Sin embargo, Aurora en vez de ver las cosas malas o diferentes que yo veía solo se fijaba en las maravillas de Alex. Lo mimaba, lo gozaba y celebraba cada pequeño avance que hacía. Cuando lo recogía en la guardería se vanagloriaba que Alex era el más guapo de la clase y cuando iba al parque volvía diciendo que era el que mejor y más se había columpiado. Su Alex siempre era el mejor del mundo.

Y yo me preguntaba: ¿Cómo es posible que su cuidadora lo supiera querer, cuidar y disfrutar mejor que su propia madre?

Aurora me enseñó a saber querer a Alex con todas sus diferencias: a apreciar su bonita sonrisa, su ternura e inocencia, a descubrir la personalidad que se encenrraba dentro y a reírme con él de sus “frikadas” (que son muchas y muy divertidas).

Leí una carta de una madre de un niño con discapacidad que decía que tener un hijo así es como prepararse para hacer un viaje. Tú piensas que vas a ir a Italia que conocerás Roma con su fontana de Trevi y su piazza de España, Florencia con su David y Venecia y sus góndolas. Pero el avión en el que vas viajando en lugar de aterrizar en Italia lo hace en Holanda.  Al principio tú estás muy enfadada, no es el sitio donde que querías ir y exiges que se te devuelva tu billete y te lleven a Italia. Pero eso es imposible… Después de un tiempo decides salir y conocer Holanda y empiezas a descubrir que no está tan mal: tiene molinos, Rembrandts y Van Goghs. Es más tranquilo que Italia pero tiene su encanto. Lo mismo ocurre con un niño con una discapacidad: no lo esperas pero con el tiempo vas descubriendo que lo puedes disfrutar igual o más que un niño sin discapacidad, ¡es diferente, no peor ni mejor!.

Además en este viaje a Holanda he conocido a gente increíble que me han aportado muchísimo. Mamás de niños con autismo que han sido grandes luchadoras por sacar a sus hijos adelante y además son capaces de disfrutar de la vida y de sus hijos igual o más que cualquier otra madre de un niño ordinario. Por ejemplo, mi amiga Clara que ha tenido tres hijos con un mayor o menor grado de autismo y ha sido capaz de montar toda una red de terapeutas que tratan hoy en día a más de 50 niños con autismo entre ellos mi hijo Alex. Marga dejó su trabajo y se convirtió en terapeuta, tanto de su hijo Aleix como de otros niños. Además pasar una tarde con Clara y Marga es una delicia porque te partes de la risa de lo divertidas que son.

En Holanda también he descubierto que me encanta y se me da muy bien tratar a gente con algún tipo de discapacidad intelectual. El mejor momento del día es cuando dejo a Alex en su cole de educación especial Lexia. ¡Los niños del cole son tan cariñosos y divertidos!. Tienen menos pudor que un niño ordinario y enseguida te llenan de abrazos y besos. Es imposible salir de allí sin una sonrisa en la boca.

Como veis lo que parecía un bache del camino se ha convertido en una aventura apasionante. Soy feliz descubriendo todos los encantos de Holanda. Y pensar que al principio no quería venir…

¡Gracias Aurora ☺!, contigo este viaje ha sido mucho mas fácil.

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