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Pilar de Yzaguirre, la distribuidora y productora teatral que sabe lo que quiere.

Foto Pilar de Yzaguirre - Blanco y negro (1)

Pilar de Yzaguirre es noticia porque, a través de Ysarca, la empresa que dirige, ha tenido el acierto de producir y distribuir el reciente montaje de Incendios, uno de los mejores textos del siglo XXI, con  dirección de Mario Gas. Obra que se acaba de estrenar en el Teatro de la Abadía de Madrid con gran éxito de público (ya no quedan entradas) y de crítica (en los primeros puestos de los rankings de la crítica teatral) y que tiene asegurada su gira española hasta mediados de junio de 2017 fecha en la que volverá al teatro en el que se estrenó en Madrid.

Antonio Hernández (AH) – Si yo le digo que usted me ha educado teatralmente ¿cómo se siente?

Pilar de Yzaguirre (PdY) – Me siento muy orgullosa. Cuando empiezas a hacer estas cosas lo único que te importa es la persona que va a ir, que va a ver y va a aprender. Todo lo que es difundir los grandes maestros del teatro internacional le hace sentirse a uno fenomenal.

No es fácil porque España no ha sido nunca muy abierta hacia el extranjero. Pero te sientes fenomenal porque triunfan. Porque al público español cuando se le da algo de calidad lo nota y aplaude. Con Robert Lepage se volvió loco.

AH – ¿Debe ser muy difícil convencer a alguien para distribuir algo totalmente desconocido en España?

PdY – Al principio fue muy duro. La persona que representa a una compañía pero que no produce arte se la ve como una persona que nada más piensa en el dinero. Y piensan: “Ah, esta viene a por dinero.” No.

Yo, en cambio lo he tenido clarísimo. Quería que todo el arte que a mi me parecía suficientemente importante y de calidad se expandiera por toda España.

¿El dinero? Claro, yo trabajaba y tenía que tener dinero. Pero nunca ha sido el dinero lo que me ha movido al trabajo. Entonces, no me gusta que la gente considere que eres la del dinero. Soy la que trae cosas nuevas, que ha viajado, que ha buscado.

Yo me he pasado la vida buscando espectáculos diferentes a los que se hacían en España. Que pudieran aportar nuevas formas de expresión y que pudieran enseñar tanto a los que estaban aprendiendo como a los profesionales.

AH Ahora es fácil. Uno se mete en Internet y hace la búsqueda pero ¿cómo se hacía en los años 90 cuando empezó con Ysarca?

PdY – Yo empecé antes. Fui la directora y creadora del Festival de Otoño de Madrid en 1983. Dirigí los seis primeros años del festival y luego creé mi empresa. Y antes estuve trabajando en el Festival de Santander, en el Centro Dramático Nacional. Todo mi interés se centró en la vanguardia, en lo diferente, en lo que aportaba. Esa fue mi ilusión. Mi pasión. Yo tengo pasión por las artes escénicas.

AH – ¿Solo por las artes escénicas?

PdY – Las artes escénicas, la música, que también es arte escénica en la ópera, por la pintura. Todo lo que sea arte me interesa. Pero, realmente, lo que más las artes escénicas y la música.

AH- ¿De dónde viene ese interés?

PdY – Algo tiene que ver mi familia, pero no demasiado. Solamente porque me llevaban de pequeña a ver zarzuelas, a oír conciertos y a ver teatro. Yo estudié piano. Y poco a poco… Y ahora, estoy sentada en un teatro viendo una buena obra y soy absolutamente feliz. Es algo pletórico. No necesito más. Me llena. Siento mucho cuando mucha gente no tiene esas mismas sensaciones. Para mí es lo más importante de mi vida.

AH – ¿Lo primero fue organizar el Festival de Otoño de Madrid?

PdY- No, yo estuve trabajando en el Centro Dramático Nacional cuando estaban [dirigiéndolo] Núria Espert, José Luis Gómez y Ramón Tamayo. Una dirección tripartita. Yo llevaba todo lo de fuera: los carteles, los programas de mano, las conferencias que se organizaban. Nunca estuve dentro pero empecé a ver y a ver. Empecé a sentir y a educarme. Me eduqué en el gusto escénico y en la calidad. Empecé a apreciar lo que me parecía bueno y lo que no me parecía bueno y todo lo que faltaba por traer a España y me puse a la búsqueda.

AH – ¿Cómo se enteraba entonces de lo que había que traer? ¿Hablando con los profesionales del teatro? ¿Viajando?

PdY – Primero viendo. Veía. Pensaba. Y luego hablaba con los profesionales, con los creadores. Primero ver qué pasaba en el público y dentro de mí. Luego estaba España, que no era fácil traer a España estas cosas.

AH – ¿Por qué?

PdY – Era un tiempo todavía muy cercano a la dictadura y nos habían metido en la cabeza que los extranjeros no eran gente tan buena como nosotros. También estaba el idioma. Los españoles han estudiado pocos idiomas. No nos hemos caracterizado por ser políglotas. La música no pero el teatro tiene el impedimento del idioma. Todo eso hacía que no se acogiera bien lo extranjero. El teatro [en otro idioma] tenía los sobretítulos y a la gente le molestaban los sobretítulos. Ahora ya es normal, pero cuando yo empecé había sus más y sus menos.

AH Pero aún así siguió adelante.

PdY – Lo tenía clarísimo. Madrid era la capital de España y tenía que tener el tránsito de estos profesionales para que fuera una ciudad abierta a todo. Mi misión era que Madrid se convirtiera en una ciudad llena de cultura, de ofrecimientos y de posibilidades para todo el mundo.

AH ¿Cree que lo ha conseguido?

PdY – Bueno, todavía hay muchísimo por hacer. Ahora mismo la calidad no es lo primero. Cuando se piensa en una persona para dirigir los centros o los teatros no siempre es la calidad lo que se premia. Hay mucha gente que vale muchísimo a la que no se le llama. No sé, hay un concepto ahí extraño. Para mi lo único que importa es que sea sensible y tenga criterio para saber qué es lo bueno de lo que es más mediocre.

Yo no veo que haya una elección buena de los directores de teatro y de centros [teatrales]. No sé si son personas que todavía no tienen demasiada cultura o que tienen criterios menos exigentes. Cuando se coge una obra de teatro se la invita, se trae y se la presenta porque esa obra de teatro va a ser un beneficio educativo, cultural y de belleza artística para el público. No sé si hay exigencia estricta para ello.

AH – Ha hablado de que las personas que tenían que dirigir un teatro tenían que tener criterio y sensibilidad ¿y la capacidad para asumir un riesgo artístico?

PdY – Me parece maravilloso. El riesgo artístico es el único que te lleva realmente a crear algo. Si no te arriesgas siempre sigues en lo mismo. Yo ahora mismo conozco personas extraordinarias que dirigen teatros. Pero también conozco gente mediocre. No todos los directores, ni todos los elegidos, que casi siempre lo son por los ayuntamientos, diputaciones, comunidades, son siempre las personas que van a aportar más.

A lo mejor hacen otra labor, pero la de aportar y que la calidad sea lo más característico de lo nuevo, no. Me gustaría que hubiera más curiosos. Hay que gente que es menos curiosa. Yo es que soy muy curiosa.

AH – Entonces ¿calidad artística es sensibilidad, criterio, riesgo y curiosidad?

PdY – Claro, conocer todo. Tú no puedes hablar del teatro en Mali si no has traído teatro de Mali a España y que lo conozca la gente. Lo que hay que hacer es viajar. Pero para que los españoles no tengan que viajar lo que hay que hacer es traerlos, importar todos esos teatros que son diferentes y tener el conocimiento universal de las formas de teatro que se desarrollan en los distintos países, continentes y culturas.

Cada cultura ha desarrollado el teatro de una forma diferente. No es una cosa uniforme. Es muy interesante porque te enseña muchísimo.

AH – ¿Hay mucha diferencia entre lo que se hace ahora en España y lo que se hace fuera o ya estamos más alineados que cuando empezó?

PdY – Cuando yo empecé estábamos bastante perdidos. Ahora hay bastantes buenas producciones y directores de escena que son realmente importantes.

AH – Comenzó con propuestas que tenían un importante componente musical como la ópera, el flamenco, el fado, la danza, sin embargo está derivando más al teatro.

PdY – La danza no la abandono. La sigo teniendo. Lo que pasa que tristemente en España ha bajado el interés por la danza. En tiempos de Nacho Duato parecía que estaba de moda y que era maravilloso ir a la danza. Ahora, el público se resiste más a ir a la danza.

AH – Y su deriva hacia el teatro ¿a qué se debe?

PdY – A qué he visto cosas fuera y me han gustado. Sus maneras. Hay un país que me ha influido mucho que es Canadá. He sido invitada por el gobierno de Canadá varias veces. Allí he encontrado a Robert Lepage, Wajdi Mouawad [el autor de Incendios] y un montón de artistas que han intentado cambiar la  escena, la forma de hacer teatro y los grandes textos. He ido cambiando hacia lo que es más diferente. Lo que es menos estándar.

AH – ¿No solo ha mirado a Occidente?

PdY – Ahora mismo me encanta TAO Ye que tiene 29 ó 30 años. Un coreógrafo chino que acabo de presentar en Barcelona. China que ha tardado tantísimo en ponerse al día, que llevaba un retraso enorme, y este chico ha dado un gran salto hacía unas creaciones fantásticas y minimalistas. He tenido el teatro lleno. El Mercat de les Flors totalmente vendido. También he mirado a Taiwán, Japón. He tenido muchas cosas orientales. Oriente ha estado en mi programación siempre.

AH – ¿A qué se debe?

PdY – Al interés por todo. La curiosidad. El ver las diferentes cosas que se están haciendo. Y ver cómo todo ello está dentro de una corriente. Aunque aquí estemos más encerraditos poco a poco nos vamos abriendo. En las programaciones se ven cada vez más diferencias

AH – ¿Qué están aportando las artes escénicas a nuestro tiempo?

PdY – El otro día hablaba con un grupo de personas de la situación política en España y de lo que está pasando en el mundo y yo les dije: “Tenemos Incendios.” Viendo Incendios, que la escribió Wadji Mouawad en el 2003, es como ver todo lo que está pasando ahora en Siria, en Afganistán, en Irak. Un mensaje de esperanza y al mismo tiempo crítico y desgarrador.

AH – ¿Cómo se consigue involucrar a un equipo artístico tan importante como el de Incendios?

PdY – Siendo muy consecuente y muy constante. Y la búsqueda no abandonarla nunca. La búsqueda de la calidad y la búsqueda de la belleza. Yo comencé a trabajar con Nuria Espert y José Luis Gómez y entre en contacto con el sector del teatro más intelectual que había en España.

Yo vi Incendios en 2005 en Montreal. Cuando lo traje en 2008 Mario Gas lo programó en el Teatro Español y luego en el Matadero en 2010. Luego la vi en Barcelona porque Oriol Broggi la presentó en catalán. Yo tenía claro que tenía que hacer la versión española porque no había nadie que lo hiciera. Parece que se había olvidado ese texto maravilloso. Pero yo no tenía dinero para poder hacerla.

En un momento dado, por los avatares de la vida, vi que tenía dinero para poder hacerla. No es una producción de lujo, pero es una producción lujosa por el arte que ponen todos los artistas que participan en ella.

Hable con Mario Gas. Era él el que tenía que hacerla porque creyó en la obra cuando yo la traje. La ha hecho con profundidad y dedicación. Ha trabajado muchísimo. Núria está esplendida. Y todos ellos. Todos han querido meterse en esta aventura que ha salido bastante bien.

AH – Cambiando de tercio ¿Hay muchas mujeres distribuidoras y productoras de teatro?

PdY – Hay bastantes. Lo que pasa es que yo no soy una muy al uso. Tan pronto distribuyo como hago una producción. Tan pronto viajo, invito, hago locuras, también. No busco el resultado económico sino el éxito del producto.

AH – ¿Por qué cree que hay tantas mujeres que se dediquen a esta profesión?

PdY – Tiene que ver con las cualidades que tú tengas dentro. Si tienes una sensibilidad. Si tienes la capacidad de luchar porque aquello que tú amas o calificas de extraordinario transcienda. Luchar para que la gente lo vea y pueda gozar y aprender.

Son cualidades personales. Esto no es una venta. Un toma y daca simple. Yo me involucro. Y gozo. ¡Cómo gozo cuando las cosas van bien!

AH – ¿Hay estrés en esta profesión?

PdY – Pues no. Hay muchísimo trabajo. Hay momentos duros porque no estás trabajando con flores ni con zapatillas. Estás trabajando con personas. Trabajar con personas es más delicado y más difícil.

AH – ¿Es más difícil trabajar con personas que son artistas?

PdY – Yo al final me muevo entre artistas y políticos. Porque los teatros en España dependen prácticamente de los políticos. Hay un tanto por ciento de teatros privados pero es muy pequeño. Y los políticos no son muy fáciles.

Conseguir que el artista esté bien y que lo entienda y respete el político tampoco es fácil. Tienes que convencer a las dos partes.

AH – Hay que construir puentes

PdY – Muchos, muchos. Hay rachas. Hay momentos que parece que todo va bien, que te entienden. Pero hay otros en los que parece que tú vas por un lado y el mundo va por otro y te desesperas.

AH – Con tan larga carrera profesional ¿qué le podría enseñar a los que comienzan en una profesión como la suya?

PdY – La constancia. Hay que saber lo que uno quiere. Si uno quiere belleza y calidad en los espectáculos que uno ofrece, hay que buscar e intentar convencer y presentar. Y mucha paciencia. Y venga, y venga, y venga. Poco a poco vas consiguiendo que el público prefiera la gran calidad a cosas que tienen menos enjundia.

AH – Entonces ¿es ahora más fácil vender entradas para espectáculos menos convencionales?

PdY – No. Estos años han ido a la baja. Aunque creo que cuando hay un espectáculo de gran calidad y belleza se llena. El público tiene sensibilidad y se da cuenta de si lo que está viendo le interesa.

AH – Con sus antecedentes de espectáculos musicales ¿hay en el futuro cercano un musical?

PdY – No. Nunca haré un musical. No hay demasiado dinero para hacer musicales. Para hacer un gran musical se necesita una inversión bárbara. Y yo no soy una persona de fortuna. Soy una persona que vive con su sueldo. El teatro de texto cuesta dinero pero su coste es más razonable. Los musicales los encuentro fuera de mi alcance. ¡Las óperas desde luego! Hay que saber lo que uno puede llegar a hacer y lo que uno tiene que olvidar.

AH – ¿Qué le gustaría traer para Madrid?

PdY – Un espectáculo holandés que está hecho con una refundición de tres obras de Shakespeare que se llama romeinse tragedies[de Ivo van Hove/Toneelgroep] es una maravilla. Lo he conseguido traer a Barcelona. Es muy caro pero me gustaría traerlo a Madrid.

También una ópera que tiene William Kentridge en Sudáfrica. Qué es imposible. No tengo dinero para ello. Tú al artista tienes que pagarle de inmediato.

AH – En cualquier caso, usted trabaja con artistas internacionales que son muy demandados y de un alto nivel ¿eso debe ser caro?

PdY – Cada uno cuesta una cosa. No te puedo decir cuesta esto o lo otro. Hay producciones que dependiendo del maestro son muy caras. Pero si tú llegas a un acuerdo con el teatro para que adelanten un poquito de dinero y negocias para que cuando te paguen a ti tú les pagues a ellos se puede hacer.

Lo difícil es tenerlo que adelantar todo. Porque el actor y la actriz necesitan que se les pague y no te puedes esperar a que a ti te paguen. Y a veces se retrasan los ayuntamientos o el ministerio. Ese riesgo es el que te tienes que plantear para no dejar a la gente malamente. Por eso hay que calcular en qué costos te mueves y en cuáles puedes tú arriesgar. Lo posible siempre lo traeré. Yo soy más una PYME inquieta y buscadora.

AH – ¿En qué está trabajando ahora?

PdY – Ahora tengo a mi alrededor muchas cosas muy bonitas. La compañía TAO Dance Theater de la que ya te he hablado. Voy a traer a finales de enero una cosa genial de Amsterdam que se llama Horror que pasas un miedo tremendo. Y luego traigo de Alemania La cenicienta del Ballet de Wiesbaden que va a hacer una pequeña gira por Castilla y León. También voy a hacer una gira de La Compañía Nacional de Danza. Acabo de llevar a María Pages a Montreal. Llevamos y traemos. Somos una compañía de importación y exportación [y se ríe al contarlo].

AH – Si se mira el listado de los artistas con los que trabaja les es bastante fiel ¿qué cree que les ha aportado?

PdY – Ha sido muy bonito trabajar con ellos. Todo ha sido amable y ha ido bien. Siempre es agradable encontrarse con Montserrat Caballé y con Placido Domingo. Pero el que aporta es el público. Todo está hecho para que el mortal que va por la calle tenga la oportunidad de disfrutar del arte con la que ellos llenan los teatros.

AH – ¿Podría decirse que una productora y distribuidora como usted aporta al artista un público que sepa apreciar y entender lo que hace?

PdY Según Marie Chouinard yo soy la reina del mundo porque ayudo a que ellos puedan viajar, puedan venir, puedan ir y volver. Gracias a nosotros [los distribuidores y productores] los artistas pueden ser más conocidos, gozados y escuchados en todas las partes del mundo.

El otro día, en una entrevista que me hacían, también decían que gracias a nosotros la gente es más culta. Nosotros somos un poco los que incitamos a que los teatros contraten, se muevan, quieran cosas nuevas. Que haya movimiento. Algo haremos.

AH – ¿Ha llegado a hacer amistad?

PdY – Con todos. Sí.

AH – ¿Debate con ellos sobre lo que hacen y cómo lo hacen?

PdY – No. Yo no soy nadie. No soy el artista. No soy el creador. Yo lo único que tengo que hacer es elegir bien al artista que quiero presentar y luego apoyarle en su trabajo. No juzgarle. Juzgarle es antes para saber si lo va a hacer bien y si va a ser una bomba en el teatro. Ese es nuestro oficio. Luego hay que ser muy respetuoso con los creadores porque ellos tienen líneas que nadie mejor que ellos las ven. Si lo llamas es porque esa línea te gusta.

AH – ¿Hay algo que nunca le han preguntado y quisiera que le hubieran preguntado?

Pues no. Pero si que quiero decir algo. Quisiera pedirles a las políticos y a las personas que gestionan el mundo artístico que sean generosos para que el arte nos invada y el arte nos llene. Creo que la cultura es la gran pieza para que nos mantengamos con un nivel ético y estético extraordinarios.

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