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Rosario la Tremendita, una flamenca sin prejuicios y sin miedos

Rosario La Tremendita

“Cuando veo una injusticia, mi manera de responder es reafirmándome como mujer”

Rosario la Tremendita saca nuevo disco, Delirium Tremens. Una buena oportunidad para quedar con ella y conocer a una de las artistas que está renovando el flamenco. Una conocedora de muchos escenarios, ya sean teatros o tablaos, pues ha acompañado a varias bailaoras, bailaores y compañías de baile flamenco como cantante y/o como directora musical de sus puestas en escena. Entre las que se encuentra Rocío Molina, la última Premio Max en la categoría de bailarina, Belén Maya, Rafaela Carrasco y Andrés Marín. Esfuerzo renovador que se está viendo recompensado con reconocimiento crítico y nominaciones a premios como, por ejemplo, a los Grammy Latinos o que la llevará del Teatro Central de Sevilla al Barbican Centre de Londres.

Antonio Hernández (AH) – ¿Cómo ha llegado La Tremendita a Delirium Tremens?

Rosario la Tremendita (RLT) – Llegué a este disco después de un período de reflexión artístico y creativo. Vengo de un mundo muy tradicional. La sociedad nos impone unas normas y unas formas. El género del que yo vengo, el flamenco, también impone unas normas. Sentía una necesidad de libertad. De vivir sin prejuicios y sin miedos tanto en lo personal como en lo artístico, aspectos que van muy ligados en las personas que somos creativas.

A partir de ese proceso surgió Delirium Tremens que se compone de cuatro movimientos que se corresponden con las cuatro fases de la crisis anterior. El primero es Caótica que es el caos en el que yo me encontraba cuando me vi rodeada de tantos prejuicios, miedos y normas. El siguiente movimiento es Fuga que es la aceptación de este caos. En el que me digo. me encuentro en esta situación y hay que asumirlo. El tercer movimiento me lleva al aprendizaje y lo llamo Ahínco. Y el cuarto movimiento es Te Deum, que es el agradecimiento de ver la luz y encontrar un mundo de libertad en el que descubro unos códigos con los que yo me muevo y me siento libre.

El disco cierra una etapa pero también es una apertura. En mí a nivel personal, sobre todo, pero, también, a nivel creativo. Superar un discurso y un conflicto creativo que los artistas nunca superamos del todo en nuestro objetivo de tener un discurso y comunicarnos.

AH – ¿Qué prejuicios ha dejado atrás?

RLT – El ajustarme a un género. El pensar si lo que estaba haciendo llegaba o no a los demás. Si lo que hacía era flamenco o no. Un cúmulo de prejuicios en los que una se cría y de los que es muy difícil escapar porque vengo de las peñas y de los festivales de cante flamenco.

Al final una se da cuenta que si cantas porque cantas, que si eres flamenca porque has vivido así, porque tu familia es así, porque vienes de un lenguaje natural que es flamenco da igual si la taranta la haces con un bajo eléctrico o con una bandurria. Eso es flamenco.

Una entiende que una es flamenca, porque una es flamenca hasta comiéndose una tostada, pero que luego tiene un discurso, porque conoce otras disciplinas, tiene inquietudes, ganas de evolucionar y aprender, que al final lo que hacen es aportar a mi arte.

AH – Me llama la atención que diga esto teniendo en cuenta que ha sido la directora musical de varios espectáculos de Rocío Molina, que son flamenco pero no es un flamenco encorsetado o cerrado.

RLT – Rocío y yo hemos crecido juntas. Mi colaboración con ella, el aprendizaje y la evolución que hemos tenido son responsables de que yo presente ahora Delirium Tremens. Ella estaba en un mundo que a mi también me abría mucho campo a nivel mental de inquietudes y de discurso.

Todo esto es un proceso largo de 15 años. En las que llevo haciendo cosas muy abiertas y contemporáneas y no solo con Rocío. Como el trabajo hecho con Andrés Marín en mis anteriores discos [Fatum y A tiempo].

Delirium Tremens es un paso más de esas ganas de libertad, de amar el flamenco pero de la necesidad de evolucionar, de no perderme a mí misma, de conectar conmigo misma, de vivir intensamente, de aportar todo lo que se pueda a esta sociedad, lo más auténtico de mí.

AH – Gracias a su familia aprendía flamenco de primera mano, sin embargo, también estudió solfeo y música ¿por qué esa necesidad de estudios académicos?

RLT – En casa siempre hemos vivido la música de forma muy natural. Mis padres aman la música por encima de todo. Yo siempre he tenido la necesidad de cantar y de contar. Mi padre me puso mi primera guitarra en las manos con 6 años. Mi madre quería que me formara todo lo que pudiera en el campo al que me fuera a dedicar. Ellos siempre me decían que me dedicara a lo que quisiera pero que lo tratase con respeto y de hacerlo con conciencia.

Todo eso se me quedó muy marcado desde niña por lo que asumo mi arte con todo respeto y con la mayor conciencia que he podido. He estudiado piano, solfeo. Si estoy trabajando con un bajista me compro un bajo y trato de aprender todo lo que pueda. Si es con un director de escena trato de entender todo su lenguaje. Es la necesidad de crecer lo que me inquieta todo el tiempo.

AH- ¿Es distinto ser directora musical de un espectáculo flamenco que de un musical al uso o de una ópera?

RLT – Mi intervención [como directora musical] es captar las intenciones del que firma la obra. Entrar en su mundo como oído en todos los aspectos y complementar el trabajo del dramaturgo, del escenógrafo, del intérprete y del que firma la obra.

Para mí es muy importante que la música y la letra tengan que ver con lo que se está contando. A veces, en los espectáculos de flamenco hay una dramaturgia pero los cantes son tradicionales, no tienen nada que ver. A mi eso me horroriza. El cante debe ser afín a lo que se esté contando en escena.

AH – ¿Qué le ha aportado a sus conciertos el trabajo de directora musical y el contacto que ha tenido con todos estos profesionales?

RLT – A mi me ha sacado de una silla y un recital de cante. Ahora mismo a la hora de hacer un disco ya no pienso en cantes o en palos, pienso en movimientos. Un diseño de luz y unos textos se convierten en algo tan importante como lo que vaya a cantar. Ya no veo los conciertos como un conjunto de temas individuales sino como un discurso, como un viaje. Ya no es cantar, es contar. Todo esto me lo ha dado el contacto con otros artistas y con otras disciplinas artísticas y ha enriquecido mi trabajo.

AH – ¿Cuál es el mejor espacio para dar un concierto con las canciones de Delirium Tremens?

RLT – Delirium Tremes se grabó en directo con 12 músicos en un solo día hace un año. Pero ahora estoy en otra situación. El espectáculo actual en directo lo hago con batería electrónica, que lo toca Pablo Martín Jones, y un bajo de cinco cuerdas. Yo voy a tocar el bajo de cuatro cuerdas, guitarra, pedalera y sintetizadores.

Es una propuesta y un discurso muy distinto al del disco, en el que casi todos los músicos eran de jazz. ¿Por qué hago esto? Porque el discurso de Delirium Tremens debe ir evolucionando a la misma velocidad que voy evolucionando yo.

Con estas características este espectáculo puede oírse en festivales de música del mundo, espacios de música electrónica, teatros, o cualquier espacio contemporáneo, alternativo o moderno.

AH – Pero ¿en qué lugar le haría ilusión que se programase el espectáculo?

RLT – A mi realmente no me hace ilusión el espacio sino tocar. Como acabo de hacer en un concierto en exclusiva para gente de mi confianza para ver cómo va evolucionando la obra antes de que la estrenemos dentro de un mes en el Teatro Central de Sevilla. Independientemente de que luego lo llevemos al Festival de Jerez o, más tarde, al Barbican Centre de Londres. Por que no creo que se trate del espacio. Se trata del discurso que uno lleve, de la verdad con la que lo cuentes y de creerse lo que se está haciendo.

AH – Ha estado muy cercana al baile ¿nunca se ha planteado bailar?

RLT – No, la verdad. No se me da bien. Es una disciplina que admiro y me encanta, pero no me dio por bailar. A mi lo que me gusta es cantar.

AH – En este disco has usado textos de Anne Sexton y José Ángel Valente

RLT – No. No es así. Hay un cambio en cuanto mi forma de escribir. Yo vengo de la poesía popular. Sin embargo, tantos proyectos con directores de escena contemporáneos me han llevado a escribir y a inspirarme tanto con estos dos poetas como con Virginia Woolf o Carlos Marquerie y encajar el cante flamenco de otra manera, con otra métrica. Ya no importa si las letras riman o no. Pero en el disco hay un 90% de letras propias y un cante escrito por Carlos Marquerie, un regalo que le pedí y con el me obsequió. El disco es prácticamente mío.

AH – ¿Lo que le ocurre a una mujer ahora lo puede contar igual un hombre que una mujer o hay un sesgo de género?

RLT – Entiendo la vida en igualdad. Si un hombre puede entender lo que Anne Sexton o yo podemos escribir, podría contarlo de la misma manera, ¿por qué no? Yo quiero creer que sí.

AH – Insistiendo en la cuestión de género ¿las mujeres lo tienen más difícil en el mundo del flamenco?

RLT – Las mujeres en la sociedad en general lo hemos tenido más difícil. Eso es una realidad y estamos luchando porque eso no sea así. No tiene que ser así. Cuando es así me enfado y no me gusta porque llevamos mucha lucha.

AH –¿Cómo gestiona la frustración y el enfado cuando eso ocurre?

RLT – La verdad es que yo no necesito ningún hombre en mi vida. Yo trabajo. Necesito a los hombres igual que necesito a mi familia e igual que necesito a las mujeres. Así que cuando veo una injusticia, mi manera de responder es reivindicándome y reafirmándome como mujer, saliendo al mundo, defendiendo mis proyectos y mi discurso con valentía y con lucha, como debemos hacer todas.

AH – Volviendo al tema de los conciertos, si no la he entendido mal, usted está más interesada en contar que en cantar ¿cambia eso la forma en la que se debería hacer la crítica de los conciertos, al menos de los suyos?

RLT – Creo que sí. Una artista al final tiene que comunicarse, tiene que expresar. Cuenta todo, si no hay unos conocimientos o una base todo carece de sentido. Pero lo importante es contar cómo ese artista ha reproducido su obra, cómo ha sido su proceso, si ha conectado con la emoción. Estamos hablando de arte.

AH – ¿Cómo de importante son los elementos escénicos en los espectáculos de La Tremendita?

RLT – Igual de importante. Todo lo que ocurra en escena está contando mi discurso. Desde cómo vaya vestido el batería, hasta los textos que yo vaya a decir, pasando por la iluminación o el bajo o la guitarra que vaya a tocar. Todo va de la mano.

AH – ¿Cómo y con quién ha trabajado en la puesta en escena del disco Delirium Tremens?

RLT – Tengo un equipazo. Aunque ya sabes las dificultades con las que los artistas nos tenemos que mover, la verdad es que nunca he tenido problemas.

Hay un vestuario y una iluminación que va a ayudar a entrar en los cuatro movimientos del disco y a este proceso más electrónico que no tiene el disco pero sí los conciertos. Y por supuesto mi vestuario y mis movimientos en escena. Estoy trabajando con una vestuarista, en la que confío, tanto en mi vestuario como en el de los músicos que me acompañan.

Me gusta tener las cosas muy claras y no contar las cosas de forma gratuita. En estos casos es muy importante contar con la gente de tu equipo en las que confías y que te conocen.

AH – ¿Qué diferencias encuentra entre ser directora musical en un espectáculo y el crear su propio espectáculo?

RLT – Me siento igual de cómoda en las dos situaciones. Lo que pasa es que en el primer caso te olvidas un poco de ti para entrar en el discurso de los otros y hacerlo realidad.

En el caso de un proyecto propio es más difícil. Entrar en una misma es más complicado. Solo surgen preguntas y conflictos que tienes que resolver tú misma. Eso lo hace todo más complicado. Por eso trato de rodearme de un equipo que hacen el papel que yo hago cuando trabajo para otros artistas o en otras producciones.

AH – Debido a tu carrera profesional y a la presentación de este disco, lleva ya muchas entrevistas pero ¿hay algo que no le hayan preguntado y le gustaría que te preguntasen?

RLT – Conforme ha ido evolucionando mi carrera han ido evolucionando las preguntas. Más bien, reformularía tu pregunta y la dejaría en “¿Qué pregunta no te gustaría que te hicieran más?”

AH – Pues ¿qué pregunta no le gustaría que le hicieran más?

RLT – La preguntas de por qué me llaman la Tremendita y si mi familia se dedica o no se dedica a la música. Es algo que miras en Google y te contestas rápido. Me gusta más que pregunten por mi proceso creativo, por mi momento emocional, por el discurso que tengo con mi arte. Entrar en otros planos que si vas a Google no los puedes encontrar.

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