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Ser sola, estar sola

Ser sola, estar sola

“Cada pareja conjuga sus diferencias con mayor o menor acierto, y cada sujeto debe aprender a vivir solo en compañía para inventar una pareja. La travesía se efectúa siempre en solitario, y el encuentro con un semejante puede aliviar el peso inherente a la gravedad de la existencia” Alain Valtier. La soledad en pareja.

Recuerdo haber leído hace años este libro que ahora sale a mi encuentro desde la estantería. El autor es un psicoanalista del que poco sé. Tampoco sé cómo este libro terminó en mis manos. Sí que venía a decir que la mayoría de los problemas de pareja derivan de la huella dejada por nuestra pareja de origen, nuestros padres, un modelo que hay que superar. Y que no se puede vivir a dos sin haber aprendido a vivir solo (casi una perogrullada, puro sentido común).

Me dispongo a pasar el fin de semana con dos amigas que son solas. No es una errata. Las dos han aprendido a alimentar su vida con grandes espacios de soledad. Nuestro plan incluye un largo paseo por el bosque, seguramente bajo la lluvia, aplastando hojas con las botas mientras hablamos de nuestras respectivas soledades. Lo mejor de todo es que ninguna de las tres estamos solas, en realidad. Lo peor, esa certeza de que la soledad engancha y puede ser ser una compañía magnética que te permite concentrar toda la atención en un afán, mientras ahí fuera las parejas imperfectas fingen que son felices al calor de la rutina y la anestesia de la actividad incesante y planificada.

Rebobino. Hay parejas que me gustan. Pero son pocas.

Y sin embargo, la mayoría de las mujeres solas que conozco tienen un ideal de pareja que es inalcanzable. Pasa el tiempo, pasan los hombres (o las mujeres) y todos tienen taras insalvables cuando se contrastan con el ideal. Y vuelvo a Alain Valtier, que viene a proponer el psicoanálisis de ese ideal, su autopsia en vida, como paso imprescindible para encontrar a quien merezca sacarnos de la confortable soledad.

Como me estoy poniendo densa y llueve mucho, parafrasearé a una de mis mujeres solas con varios candidatos al retortero: “Uno me quiso y me quiere, pero a mí ya no me gusta. Otro me gusta, pero no puede quererme. El tercero me desea, pero yo no le quiero”.

Le auguro a mi amiga una larga y ¿fructífera? soledad. Espero que en compañía y pisando hojas bajo la lluvia.

Crédito de foto: Central Park, New York Photo by Yale Joel, 1957

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