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Si volviera a nacer, una y mil veces, desearía ser mujer

Si volviera a nacer, una y mil veces desearía ser mujer. Una mujer como la que soy; esa que lleva conmigo casi cinco décadas y que hoy, por fin, exhibo con orgullo y amor.

Elegiría de nuevo mis pechos pequeños, esos que antes me acomplejaban y ahora, sin embargo, me parecen perfectos; mis caderas anchas, proa de la vida, y mi vientre redondo, el mismo que sirvió de almohadón para que mis niños, esos que mi compañero del alma convirtió en ‘bienes gananciales’, apoyasen sus cabecitas en las noches insomnes en las que compartimos desengaños, ilusiones y sueños, mientras crecían contando estrellas y dibujando futuro.

No me importaría padecer de nuevo esos altibajos hormonales que unos días me llevan a tocar el cielo con la punta de los dedos y otros, a caminar por el borde del abismo de la desesperación. Repetiría las decepciones de esos amores de juventud que no me amaron o que lo hicieron mal, por ineptitud, por ignorancia, por miedo, porque… es imposible amar sin amarse primero. Ansiaría volver a ser este mar de contradicciones y este puñadito de certezas que me han traído hasta aquí. De nuevo, experimentaría esos temores imaginarios que demasiadas veces me han impedido subir mi apuesta personal. También merecen mi respeto. Estoy segura de que, sin ellos, las pérdidas en la timba de la vida habrían sido mayores. Y, por insensato que parezca, escogería de nuevo a los padres que tuve, a pesar de que ambos suspendieron estrepitosamente la prueba a la que se enfrentaron cuando llegué a sus vidas. Hicieron lo que pudieron y, al fin y al cabo, son las adversidades las que nos fortalecen y nos empoderan.

Foto: Lola Hita

Foto: Lola Hita

Volvería a ser contestataria y rebelde, pasional y proactiva; a besar sapos hasta encontrar al hombre con el que llevo caminando desde hace casi tres décadas. Ese junto al que descubrí que es mil veces mejor ser una plebeya imperfecta que persigue sueños reales, que una princesa boba con la cabeza llena cuentos castrantes que nos cortan las alas con las que nacemos; una mujer capaz de ser ella misma sin aditivos, conservantes ni colorantes; de amar a contracorriente; de acabar extenuada tras una sesión de amor en la que no importa desmelenarse, fundirse, perderse, mostrarse a corazón y sexo abiertos…

Si volviera a nacer no lo dudaría: culebrearía por la existencia hasta reencontrarme.

Abuela, mirando hacia atrás con compasión y aceptación, ahora sé que no tenías razón cuando me decías que era una pena haber nacido mujer porque, a pesar de lo lista que era, todo me iba a costar el doble, aunque en esto último no ibas muy descaminada… A pesar de ello, doy por bien empleado ese peaje que aún hoy seguimos teniendo que pagar las mujeres. A cambio, querida mía, te aseguro que se siente el doble, se ama el doble, se goza el doble (hasta de los orgasmos, hasta de eso…), se llora el doble, se ríe el doble, se sueña el doble y se disfruta el doble de la compañía de mujeres luminosas, peleonas y fuertes, y de hombres que las aman, las respetan y las admiran por gozar, llorar, reír, soñar, luchar y sentir el doble.

Por eso, si volviera a nacer, no lo dudaría: una y mil veces, volvería a ser mujer. Y volvería a rodearme de todas las maravillosas mujeres que a lo largo de mi existencia me han enseñado que ser mujer es un verdadero privilegio. Mis mujeres…

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