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Silvia Marsó o la primera Gran Sultana de Cervantes

Foto Kiki Romero

Llevo 35 años de lucha, de aprendizaje y de estudios.

Silvia Marsó estrena la divertida comedia francesa   “La puerta de al lado” en el Teatro Marquina de Madrid, una buena excusa para encontrarse con ella y conversar sobre cómo ha llegado a convertirse en una de las actrices con mayor reputación en España, productora teatral y trabajar con los directores más deseados en cada momento, desde Pedro Olea o Juanma Bajo Ulloa a en la actualidad con Andrés Lima, Juan Cavestany o Sergio Peris-Mencheta.

Antonio Hernández (AH) – ¿Usted comenzó en la televisión?

Silvia Marso (SM) –No, yo venía del Instituto del Teatro de Barcelona y ya había hecho mis trabajos en Cataluña. Es cierto que la gente me conoció a nivel nacional a través del “Un, dos, tres”. Fue una etapa muy bonita. En una época en la que solo había la Primera y la Segunda cadena lo que me dio mucha popularidad y me ayudo mucho en mis comienzos. Luego, todos los trabajos que he hecho han sido un aprendizaje constante. Llevo 35 años de lucha y nunca he dejado de estudiar y prepararme.

AH – Una larga carrera actoral…

SM –Si, que me ha dado muchas alegrías; por ejemplo, ahora que se celebra el año cervantino, recuerdo que tuve el honor ser la primera actriz que interpretó “La Gran Sultana” de Cervantes con la Compañía Nacional de Teatro Clásico dirigida por Adolfo Marsillach en 1992. ¡¡¡Una obra inédita de la máxima figura de la literatura española !!! ¿Te imaginas que hubiera una obra de Shakespeare que nunca se hubiera estrenado?

AH – ¿Por qué actriz?

SM – Supe que quería ser actriz desde pequeña. Desde que vi “El espíritu de la colmena” de Víctor Erice a los 10  años. En aquella película pasaban cosas muy interesantes. No sabía lo que era pero quería formar parte de esa aventura. Siempre que veo a Ana Torrent [la actriz que protagonizaba esta película] se lo digo. Me identificaba con la niña protagonista. Algo me motivó al verla.

También recuerdo haber visto “Ciudadano Kane” en la tele de blanco y negro, que era la que había entonces, con 10 ó 12 años y me impacto muchísimo. Se la puse a mi hijo a esa misma edad. A él también le impresionó. Hay obras maestras que te atrapan profundamente tengas la edad que tengas. Los niños son más listos de lo que pensamos.

AH – ¿Cuál es su idea del teatro?

SM – Hay dos tipos de teatro. El teatro de entretenimiento exclusivamente. Y el teatro que entretiene pero también te hace pensar. Este segundo es el que me interesa más como espectadora y como intérprete. Un teatro critico, plantea conflictos que se repiten en nuestra conducta como sociedad.

El teatro puede ayudar a las personas a cuestionarse su propia vida. A replantearse muchas cosas. Bernard Shaw dijo “Los espejos sirven para verse el rostro, el arte sirve para verse el alma”. Por eso es tan importante la cultura.

AH- ¿Cómo pone en práctica su idea del teatro?

SM –Procuro elegir trabajos arriesgados como “Yerma” de Lorca, “El zoo de cristal” de Tennessee Williams, “Casa de muñecas” de Ibsen “Aquí no paga nadie” de Dario Fo son retos profesionales que me ayudan a crecer.

AH – ¿Cómo encaja “La puerta de al lado” en esta idea del teatro?

SM- Es una obra en clave de comedia pero que tiene un componente de reflexión. Es un combate dialéctico entre dos personajes opuestos e incompatibles, muy inteligente y crítico. De tal manera que cada personaje encuentra en el otro su sombra y así se produce la conexión entre ellos.

La ha escrito Fabrice Roger-Lacan, el nieto del insigne psicoanalista Lacan.

Tenía ganas de hacer comedia después de tres dramas. Así que no lo dudé cuando me llamaron para trabajar con Pablo Chiapella y Peris-Mencheta. Admiro a este director. He visto todos sus trabajos. Me gusta mucho.

AH – Siempre han trabajado mujeres en el teatro ¿qué se puede aprender de esa larga experiencia laboral? ¿Qué puede aportar a otros sectores profesionales?

SM – Sí, siempre ha habido actrices, si exceptuamos el teatro isabelino. El teatro siempre ha dado grandes personajes femeninos desde los griegos. La carga heroica de las mujeres siempre ha estado presente en los escenarios. Históricamente ha reivindicado el papel de las mujeres. En realidad la mayoría de las grandes tragedias griegas están protagonizadas por heroínas.

También existe la desigualdad en el mundo de la interpretación. Sobre todo en el cine. Pertenezco a CIMA, la asociación de mujeres cineastas y de medios audiovisuales, que hace estudios de igualdad en el cine y en televisión. Hay un estudio de Pilar Aguilar que plasma la desigualdad que existe en el cine entre personajes de hombre o mujer. Los personajes masculinos son los que mayoritariamente protagonizan las tramas y toman las decisiones. Los femeninos son sus compañeras como esposas, amantes, madres o hijas.

Ahora que se cumplen 25 años de la película Thelma y Louise, que sorprendió a la industria cinematográfica por su marcado feminismo,   se está haciendo un documental sobre la desigualdad en el cine en el que participamos muchas actrices.

Incluso Meryl Streep ha creado una fundación para difundir los guiones escritos por mujeres.

AH – Cuando se piensa en directores se piensa más en hombres que en mujeres…

SM – Yo te podría dar más de 20 nombres de directoras de teatro y de cine con éxito. Lo que pasa es que cuando se piensa en directivos se piensa en hombres. Las mujeres no suelen ocupar puestos directivos en las empresas audiovisuales. A veces no es que haya pocas mujeres cualificadas, es que tienen menos oportunidades.

Las pioneras en España fueron Cecilia Bartolomé y Josefina Molina. Luego vino Pilar Miró que es de otra generación. Pero queda mucho camino.

AH – ¿Qué pregunta le gustaría que le hubiera hecho?

SM – ¿Qué sientes cuando representas a este tipo de mujeres? ¿A este tipo de personajes tan grandes y emblemáticos?

AH – Y ¿qué respondería?

SM –Los actores somos un vehículo para que los textos y las reflexiones de los autores lleguen al espectador. Tengo la sensación de que en el teatro se establece un vínculo sagrado entre el autor y el espectador. Es algo casi religioso, salvando las distancias, claro [se ríe]. Es como si el autor fuera una especie de dios y el espectador  el feligrés. Los actores seriamos las sacerdotes que los convocamos. Con esto no quiero sublimar lo que hacemos. Pero nuestro trabajo va más allá de recibir aplausos y un sueldo. Existe un compromiso sagrado.

Foto cedida por Silvia Marsó – © Kiki Romero

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