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The Funamviolistas, las cómicas que le arrebataron un premio a John Malkovich

The funamviolistas
“Las mujeres nos exigimos a nosotras mismas ser superwoman”

The Funamviolistas es una pequeña gran compañía teatral de tres mujeres: Ana Hernández Ramos, Mayte Olmedilla y Lila Horowizt, dedicadas al teatro físico-musical. Son noticia porque acaban de estrenar su segundo espectáculo, ContraEscena, en los Teatros del Canal de Madrid, después del exitoso The Funamviolistas. Esta primera obra, con el mismo nombre que la compañía, recibió, entre otros reconocimientos, el Premio Max de teatro al espectáculo revelación en 2014. Además, en 2017, les ha permitido arrebatarle al actor John Malkovich el Premio Florencio Sánchez al mejor espectáculo extranjero presentado en la ciudad de Buenos Aires.

Antonio Hernández (AH) – ¿Qué es lo primero para The Funamviolistas la música o el teatro?

Mayte Olmedilla – Lo nuestro es ante todo música. Sobre todo porque es lo que llevamos haciendo desde que éramos niñas. Nuestra formación musical siempre está presente y partimos desde ahí. Es un terreno que ya tenemos ganado.

El teatro entra al ponernos a construir el lenguaje que queremos trabajar. No es el lenguaje de unos músicos que salen a escena y se comportan como músicos y tienen accidentes, un formato teatral que está funcionando muy bien en Europa.

Para nosotras el teatro no es un añadido. Es igual de potente que la música. La verdad es que las dos cosas tienen mucho peso en nuestros espectáculos.

Ana Hernández Ramos – Sobre todo, en este espectáculo. Bueno, en el anterior también. En el anterior la parte teatral siempre llevaba música pero en ContraEscena hay momentos que no tienen música. Hay una música que es el tempo de cada escena.

AH – ¿Qué inspiró la creación de The Funamviolistas?

Lila Horowitz – Lo inspiró algo que nos pasó a nosotras en un espectáculo del estilo que contaba Mayte, el de unos músicos que se subían al escenario y les pasaban cosas. Fue un espectáculo que desde el principio estuvo malencarado y terminó en un despido que nos echaron a las tres.

Aquello supuso una bisagra profesional en la que nos planteamos ¿volvemos a nuestra carrera de músicos tal cual o seguimos por este camino? ¿El haber estado juntas en ese espectáculo ha sido accidental o tenemos un camino que recorrer con este tipo de espectáculos?

En ese momento apareció nuestro director anterior, Rafael Ruíz, profesor de la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid, en la que Mayte estaba estudiando.

Vio el espectáculo que habíamos estado haciendo y nos dijo que había algo, que no se podía abandonar.

Ana Hernández Ramos – Rafa veía que había un germen, que teníamos que construir a partir del mismo. Aunque se refería más a lo que teníamos entre nosotras. Al camino que habíamos recorrido. Él veía que había material y posibilidades para hacer cosas interesantes y además quería ser nuestro guía en aquel momento.

AH – Mayte ¿qué estaba haciendo en la RESAD?

Mayte Olmedilla – A raíz de aquella primera experiencia que tuvimos, en la que nos despidieron, decidí formarme a nivel académico porque me gustó mucho el teatro gestual, la comedia y la interpretación. Así que me matriculé en el itinerario de teatro musical.

Rafa era mi tutor y le conté lo que nos había pasado. El fue el motor porque veníamos muy agotadas de aquel proceso y nos hizo seguir adelante.

Sin embargo, con el nuevo espectáculo, y después del éxito inesperado del primero, teníamos claro que no podíamos repetirnos, que no podíamos hacer lo mismo. Entre otras cosas, porque conforme vas creciendo profesionalmente, la exigencia también crece.

Dejamos pasar un tiempo. Un tiempo que ha sido difícil porque hay gran una presión sobre las compañías para que produzcamos teatro como si hiciéramos bizcochos.

Creo que las obras se tienen que dar cuando se pueden dar. Cuando las obras y los artistas han madurado y han asimilado el trabajo que venían desarrollando.

El año pasado fuimos a Buenos Aires y conocimos a Osqui Guzmán y Leticia González de Lellis. Estudiamos con ellos. Vimos su trabajo como actores y directores. Y nos parecieron la gente ideal para poner en marcha este segundo espectáculo de The Funamviolistas. En España nos costaba encontrar a ese director que tuviera esa capacidad física y gestual de comedia y música.

Diría que en este momento nos encontramos en el desarrollo de un lenguaje que es muy innovador. Lo que estamos viendo en los escenarios es que el músico no acaba de traspasar un lenguaje teatral que le permita abandonar la categoría de interprete musical. En Funamviolistas y en ContraEscena lo que se ve son actrices músicos.

AH – Antes han comentado que musicalmente se formaron cuando eran niñas pero ¿dónde han adquirido la formación actoral?

Mayte Olmedilla – Pasar por una escuela de interpretación no te garantiza que acabes siendo actriz. Nosotros tenemos la suerte de tener nuestra propia compañía y ser productoras de nuestros propios espectáculos.

Cuando se incorporó Rafa entramos en procesos de formación muy intensos. El nos enseñó todo lo que sabía y lo aplicó a nuestras necesidades como instrumentistas.

También hemos hecho muchos cursos de clown con Gabriel Chamé y con Cristina Martí. Son argentinos y cuando vienen a España siempre entrenamos con ellos. Yo he aprendido muchas cosas fuera de la RESAD. A la escuela le debo un montón, pero creo que hay una formación que es la profesional. Es la que te obliga a resolver cuando llegas al teatro y es la que hemos hecho nosotras cuando hemos ido de gira. Giras en las que hemos tenido que actuar desde China a un pueblo en Jaén con un espectáculo infantil por la mañana.

AH- Entonces ¿son lo que son por la experiencia laboral que han ido adquiriendo?

Ana Hernández Ramos – Sí, la experiencia y trabajar con los directores. Cada uno va aportando una dirección y una formación. Para ContraEscena hemos entrenado mucho con Osqui y con Leti el cuerpo, el gesto y un montón de cosas que serían un montón de cursos de formación de teatro gestual.

Lila Horowitz – Fue como hacer un intensivo de 5 años concentrado en el tiempo que tardamos en preparar este espectáculo.

AH – Lo que me cuentan me deja muy sorprendido porque viéndolas en escena parece que llevan siendo actrices toda la vida.

Ana Hernández Ramos – Se agradecen mucho estas palabras. Es verdad que no tenemos una formación reglada, excepto la de Mayte en la RESAD. Pero como ella ha dicho se debe más al trabajo en el escenario y con los directores que en los centros docentes. De hecho hay un punto en que los centros docentes te tienen un poco atrapado.

Cuando haces música pasa lo mismo. Nosotras hemos estudiado en el conservatorio y es cuando lo dejas cuando comienzas a aprender. En la vida profesional y tú solo. Buscando otros maestros y aprendiendo solo.

Nosotras es como si nos hubiésemos saltado la formación reglada. Fue por necesidad y hemos tenido que aprender sobre el escenario, que te enseña un montón.

Lila Horowitz – Nosotras aportamos lo nuestro. Mucha de la dramaturgia tiene que ver con poner el gesto y el cuerpo de lo que somos cada una. Construir desde lo nuestro, desde nuestras posibilidades individuales. De sacarle el máximo partido de lo que se sabe hacer y no de trabajar con cosas que nos fueran impuestas.

El secreto está en trabajar desde el lugar de cada una, desde lo que sabe y se puede aportar. Si una tiene una facilidad para una cosa, esa hará eso. La otra que tiene una facilidad para la otra, hará esa otra. Todas tenemos facilidades, pero cada una tiene la suya. Hay que trabajar a favor de lo que cada una sabe hacer.

AH – ¿De dónde surge un espectáculo como ContraEscena?

Lila Horowitz – Sale, como el primer espectáculo, de una experiencia propia. Podríamos decir “Basado en hechos reales”.

Mayte Olmedilla – Nosotros amenazamos a la gente con que lo que nos pasa luego lo convertimos en teatro.

AH – Espero no salir en la siguiente…

Mayte Olmedilla – En la siguiente habrá un periodista que se dedica a la comunicación y nos hace una entrevista. La vida de las ruedas de prensa…

(Reímos todos juntos)

Ana Hernández Ramos – Es muy interesante ese tema…

Lila HorowitzContraEscena tiene que ver con que llevamos cuatro años de gira y hay cosas de la mujer artista que queríamos contar desde ese lugar.

De lo que nos pasa en la vida. De salir con las maletas a las cuatro de la mañana para viajar un montón de kilómetros y que cuando llegamos nos tenemos que pelear con los técnicos de los teatros que no nos hacen caso porque somos mujeres.

Nos han sucedido y nos suceden muchas cosas que son muy ricas para contar. Muy intensas e interesantes. Muy divertidas, bueno, a veces no tanto. Todo eso es material que nos ha servido para hacer ContraEscena.

AH – Es una historia muy actual porque toca el tema de la conciliación laboral. Por ejemplo con esa escena suya en la que lleva la ropa del niño para secarla en el camerino o esa otra que lleva al bebe al camerino escondido en el bolso para ocultárselo a sus otras compañeras. Y cuando la descubren le afean la conducta, como si eso estuviera mal.

Lila Horowitz – Claro. Es como si dijeran: “Estás invadiendo nuestro espacio” o “ Eso no se hace.” Como si estuvieras mezclando las cosas. ¿Dónde acaba lo profesional y empieza lo personal? ¿Cómo se conjugan y cómo se sale sin morir en el intento?

AH – En la obra cada personaje tiene una fijación. Una con el amor, otra con la familia y otra los ansiolíticos ¿Son estas las opciones que el mundo actual le ofrece a las mujeres?

Mayte Olmedilla – Antes de responder a esto me gustaría decir que esta obra es un homenaje a la convivencia. A lo difícil que resulta convivir. La obra ayuda a reflexionar por qué cuesta tanto cuando tenemos unas comodidades brutales. Sin embargo, cada vez somos más sensibles a lo que nos molesta de los otros.

El panorama femenino que dibuja ContraEscena es una exageración. Las exageraciones a veces se realizan para poder tomar distancia con respecto a los problemas y poder señalarlos desde lo cómico. No cayendo en un discurso victimista ni negativo.

Obviamente se ve que ellas son eso y a la vez no lo son. Porque se contradicen y se ríen de ello. Al final la obra viene a ponernos a cada uno enfrente de aquellas partes nuestras que podemos cambiar. Viene a decir que podemos empezar de nuevo, que hay cosas que se pueden dejar atrás, que todo el mundo merecemos la pena.

La idea del amor que aparece es un cliché, un cliché de la mujer enamorada. Pero es que la complejidad de cualquier historia siempre incluye el cliché.

Es muy divertido, aunque a veces me da miedo, como los directores han podido intuir como somos nosotras como personas fuera de Funamviolistas.

Lo que pasa es que al exagerarlo todo tanto y ponerlo en esos personajes que no somos nosotras realmente, la verdad es que el resultado es más terapéutico que otra cosa. Es liberador reírse de una misma, de las cosas que nos atrapan que siempre son las mismas.

Ana Hernández Ramos – Son tres personas de las que al final todas tenemos un poquito de ellas. Podrían haber sido otros problemas pero han sido estos. Decidimos que íbamos a exagerarlos y a hacerlos visibles.

A mi, cuando mi personaje se planteaba al principio como un personaje adicto a las pastillas me daba pavor. Pero, al final eso es un síntoma de otras cosas. De la soledad. De ser maniática. De tener todo estructurado. De ser excesivamente exigente y de su necesidad de mitigar las cosas a través de las pastillas. A lo mejor, no sabe pedir ayuda a sus compañeras y por eso se centra en la profesión y en sus pastillas. Al final me pareció muy interesante que eso se viera.

AH – Sin embargo, no se podría decir que tu personaje sea una solterona. ¿Cómo se consigue con tan pocos elementos, la soledad y las pastillas, hacer un personaje tan entrañable?

Ana Hernández Ramos – Porque en un punto se ve la debilidad del personaje. Y eso a la gente le llega. Es un personaje antipático. Es la controladora. Es la que fastidia a sus compañeras. Pero a la vez, a la enamorada la consuela, está con ella e intenta ayudarla. Está ahí cuando se la necesita.

El juego de este personaje está sobre todo en equilibrio con los otros personajes. Las otras dos mujeres están en la tierra, sus problemas son como más reales. Mi personaje es el aire. Tiene un rollo que no sabes muy bien que es lo que le pasa. Esto es lo que hace que se equilibren los conflictos de las tres.

Por eso mi personaje da juego aunque sea solo con su bote de pastillas y aunque sea echándole la bronca a sus compañeras porque llegan tarde. Es que en su interior hay mucho más.

Está la relación entre las tres que se irá potenciando mucho a medida que vayamos haciendo más funciones. Porque encontraremos más cosas y vamos a entender mejor a nuestros personajes.

AH – ¿Quiere eso decir que tengo que volver a ver el espectáculo?

Ana Hernández Ramos – Sí. Si volvemos a Madrid dentro de veinte o cincuenta funciones vas a ver una función diferente. Seguro. Porque nosotras mismas vamos a entender mejor la función. Mucho más de lo que hoy la entendemos.

Lila Horowitz – Aportaremos más cosas y otros matices. La veo como un ser vivo que acaba de nacer y todavía tiene que crecer un montón.

AH – ¿De dónde surgen imágenes tan divertidas como la del personaje de Lila Horowitz vestida para salir de fiesta, tocando el contrabajo, cantando Fever de Peggy Lee a la vez que limpia una taza del wáter?

Lila HorowitzLa idea surgió de la mujer que tiene la presión para ser superwoman y la vez quiere serlo. La que está trabajando y a la vez que tiene que estar arreglando la vida a otro o estar cocinando. Y no deja de hacer lo que tiene que hacer ni tampoco se enfada. Lo asume como que es su papel.

Tiene que hacer todo y lo tiene que hacer. Siente esa presión y la tiene tan incorporada que la hace suya. En la vida real también pasa.

El primer ensayo que hicimos fue en un local en el que el wáter estaba sucio. Ana al verlo se colocó unos guantes y se puso a limpiar. A los dos segundos llegaron los directores y la vieron. Es algo como cómico, pero a la vez lo tenemos asumido como que la vida es así.

Ana Hernández Ramos – Había que visibilizar eso. El concepto de superwoman que se ha puesto tan de moda, que está ahí, nos lo exigimos a nosotras misma.

Lila Horowitz – Lo peor es que lo hacemos. Una está componiendo un arreglo, tocando el instrumento, a la vez que al chico le haces la comida, contestas un mail, hablas por teléfono, vas y compras. Al final lo haces. Las interacciones que hago en esta escena son para visibilizar eso.

AH – ¿Las compañías teatrales de mujeres lo tienen más difícil simplemente por ser mujeres?

Mayte Olmedilla – En mi opinión no. Funamviolistas es muy atractivo porque somos tres mujeres. Ahora bien, estamos sometidas a todas las exigencias que están sometidas todas las mujeres. Sobre todo cuando tienes que combinar este trabajo de actrices y productoras con la vida familiar.

Sin embargo, creo que hay muchas diferencias en la conciliación entre tres hombres en gira o tres mujeres en gira. Pero la compañía en sí, tal y como se presenta, como un trío de mujeres cómicas, me parece que tenemos muchas ventajas porque la sociedad está demandando que la mujer sea cómica, que produzca cosas.

Hay un montón de festivales de mujeres. Y tiene que haber cada vez más. Soy optimista. Creo que hay una apertura feminista en el mundo de las artes escénicas. Sobre todo apoyada por el público, porque el público viene a vernos y aplaude que seamos tres mujeres las que estamos en escena.

Ana Hernández Ramos – Son dos problemas diferentes. Uno es el teatro femenino dentro del panorama teatral. Otro es la conciliación de la vida personal con lo laboral. Tenemos unos problemas que no tienen los hombres. Como el tema de la maternidad, que nosotras lo hemos vivido.

Mayte Olmedilla – Vivimos en una sociedad patriarcal y eso nos afecta como a cualquier mujer. Lo más fácil sería decir que es muy difícil ser actriz en este momento. Pero nosotras nos diferenciamos de la producción teatral habitual al ser tres mujeres que hacemos de todo e intentamos hacerlo a un nivel excelente.

Ana Hernández Ramos – Nos diferencia que somos mujeres y que hacemos algo distinto. Hacemos teatro y música, no hay tantas compañías que hagan teatro y música a la vez con este tipo de instrumentos.

Mayte Olmedilla – Creo que a nosotras nos beneficia el ser mujeres. Porque el producto es muy estético. Muy atractivo. En el teatro podemos jugar con cosas que los hombres no pueden jugar.

Lo que tiene que hacer la mujer es empoderarse de los valores que tiene alrededor de ellas. No tener miedo a caerse, a que se vea no se qué. Somos todo lo que se ve en ContraEscena y más.

AH – ¿Lo tienen más fácil porque el público femenino va más a espectáculos culturales?

Mayte Olmedilla – A nosotros nos viene a ver todo tipo de público. Hay también mucha mujer que viene con el marido. Creo que en las parejas la que sigue tirando para venir al teatro es la mujer.

Y al oírlo aparece una sonrisa en sus caras, antes de que salgan corriendo para prepararse y salir a escena.

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