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Todo lo que no soy

todo lo que no soy

No soy una geisha ígnea
que te siga con los pies menguados.
Ni la mano que te acuna,
ni la luna que te alumbra
por la ventana de tu cuarto.
Ni calor a veintidós grados
entres sábanas con bordados

No soy tu costilla,
ni tus ojos ni tus manos;
ni me callo
cuando debo,
ni, a veces, cuando puedo lo hago.

No soy despertar a las ocho
ni dormir puntualmente abrazados;
ni nada que indique
que mañana será igual a pasado y pasado al otro
como si repitéramos el calendario.
No soy lo simple, lo obvio, lo chato,
lo evidente,
lo que miras de frente
igual que miras todos los lados.

No soy una linea recta,
ni el camino mas corto,
ni el punto equidistante;
no soy todos los pasos
que caben entre tu y yo
cuando nos obcecamos
en olvidarnos.

No pido perdón ni perdono,
porque si me hieres y me quieres
me quedo con lo segundo
y lo demás lo habré olvidado
antes de lo que crees.

No tengo más ventanas que tejado
ni más hojas que raíces.
No me gustan las ciudades
que han olvidado su pasado,
ni soy capaz de olvidar el mío
aunque se declare mi enemigo
y no mi aliado.

No me limo las uñas,
ni tampoco las aristas.
en el tiempo que no gasto;
puedes contar mi edad
por cicatrices y no por años;
y, si puedo, me quedo con el numero cuatro
como definición de multitud;
lo demás, me incomoda demasiado.

No soy cuerpo inaninado
y, aunque me tira más lo etéreo
que parece más romántico,
no tengo la carne inerte.
Y, si de cuerpos hablamos,
no me vendo como cuerpo cierto
en cualquier mercado;
en todo caso incierto y aplazado,
al mejor postor,
el de la verdad,
el que se lo juega todo a los dados.

No soy la moneda que cae
siempre de cara,
si acaso de canto,
y la suerte me la busco yo
con mis propias manos.

Accesible, cercana, dócil,
maleable, complaciente. Dechado
de todas esas cualidades
que aluden a lo moderado,
…no soy.
Y juro que lo he intentado

Pero te aseguro que, si me dan a elegir,
elegiré no ser todo lo que te he contado,
tan firme y tan rápido
que sabrás perfectamente
que me va lo complicado,
porque nací laberinto
y ya me he acostumbrado.

No soy una geisha ígnea
que te siga con los pies menguados.

No soy una geisha ígnea que te siga.
No soy una geisha ígnea.
No soy una geisha.
No

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