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Un beso tiene 5 fases

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La complejidad de un beso.

Hace tiempo, un reconocido escritor me “motivo-retó” lanzándome la propuesta de que describiera un beso, en más de tres líneas. No supe si sería capaz de hacerlo, hasta que encendí cuatro velas, apagué la luz de la habitación, planté una hoja delante de mí, alcancé un lápiz, y empecé a escribir las primeras tres frases, a partir de las cuales todo lo demás, fue fluyendo gracias a la tenue luz que ambientaba mi imaginación. 

A él, le gustó.
Así que, esperando lo mismo, ojalá lo disfrutéis. Allá va:

Cuántas veces ese momento ha significado el inicio de todo o, en cambio, el fin de tantas cosas. Cuántos recuerdos conservas aún con estos instantes en tu memoria. Cuántas veces ha aparecido en tus sueños, tomando protagonismo en tu inconsciencia, y cuántos suspiros te ha provocado. Ese instante, ese momento de interacción consta, ni más ni menos, de cinco fases. Verás:

1      Todo empieza cuando te das cuenta de que quisieras besarle. No importa que dudes: y es que, como mínimo, ya te lo has planteado. Así que, el beso, como casi todo, nace en nuestra cabeza. El impulso de nuestros instintos motivados por nuestras hormonas, y sumados a la imaginación potencial de cada uno, intensifican o apaciguan el deseo.

2     Si éste persiste, la siguiente fase se concentra entre los terribles intervalos “nubosos” de “lloverá o no lloverá”, es decir, “le beso o no le beso”. Ahí es cuando pierdes por completo el hilo de la conversación y la continúas casi por inercia, focalizando casi toda tu atención en sus labios.
No sabes, aún, hasta qué punto estarías dispuesto a arriesgar “todo aquello que te impide besarle” por un solo roce. Es el momento en el que, de vez en cuando, tu mirada juega partida en dos direcciones: la primera, su boca. La segunda, sus ojos. Necesitas ir coincidiendo con los suyos para percatarte si también tus labios roban parte de su campo visual. Y es que, como alguien bien dijo: “El primer beso no se da con la boca, sino con los ojos”. Necesitas saber si, aunque sólo sea por un segundo, ella también te los ha mirado y ha pensado en besarte.

3    Y, cuando así es, te atreves.
Cierras los ojos y te abandonas a ese ansiado contacto que, hasta entonces, se había convertido en obsesión. Lo haces, sobre todo, por supervivencia. Porque aún sin saber si ganas o pierdes, si el beso es adecuado o no, necesitas pasar por ello para que tu cabeza pueda pensar en algo más que no sea en ese momento.

4    Entonces, pueden suceder dos cosas y, si somos optimistas y has sido un poco inteligente al percibir sus señales, el momento será correspondido. Y aquí será cuando, cada uno, personalice su modo de volverlo especial, con sus particularidades, costumbres, manías y trucos. En este momento, cualquier movimiento marca la diferencia.

Ahí es cuando descubre si desearías que se quedara en tu boca para siempre trabajando o si lo despides antes siquiera de terminar su período de prueba. Ahí es cuando te das cuenta de si mintió en su CV o, si por el contrario, le juzgaste y por poco pierdes a un empleado cualificado potencial.

Esa es la prueba de nivel en los exámenes de inglés, la primera práctica de conducción o los psicotécnicos del cuerpo de policía. Un momento en el que te presentas en potencia, donde se empiezan a descubrir, ya a la práctica, por dónde emergen los puntos fuertes y en qué rincón intentan esconderse los débiles.

Es decir: es cuando descubres si la química entre vosotros, existe o no.

Si existe, este momento será de los principales en la historia que acontecerá. Sin embargo, no hay que olvidar que este momento simboliza, solamente, una puerta sin cerrojo, una puerta que te permite entrar en una habitación en la que, aún, no sabes qué te esperará.

5    No obstante, el futuro de esa habitación empezará a decidirse oficialmente a partir de la última fase del beso. Es en ese instante cuando las dos energías físicas que han provocado tal bomba hormonal, deciden separarse y mirarse a los ojos, los cuales expresarán estados emocionales que pueden encontrarse en la misma frecuencia, o no. Es entonces cuando se descubre la complicidad, o el arrepentimiento.

Y, entonces, y partiendo de la complicidad de un momento tan especial, se empieza un diálogo físico y emocional mediante comunicación no verbal en el que se empiezan a decidir los tamaños y la importancia del espacio descubierto.

 
Una puerta abierta por un beso. 
 
Una habitación donde, las paredes, se pintan de posibilidades.
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