¿Fuerza u odio y misandria?

Es tan extraño todo. Nunca iba a escribir sobre esto ni a decírselo a nadie. Pero ahora que ya ha pasado tanto tiempo, ahora que las heridas ya están curadas, o eso pienso, ahora que eso que me hizo tan débil en su momento, me convirtió en una mujer fuerte, libre, segura, independiente, decidida, y con las ideas fijas y claras.

La verdad sea dicha, nunca lo he reconocido, y no es porque no lo acepté en su momento, sino que simplemente no he sido capaz de saberlo, aunque debía de hacerlo. Pero a veces no escucho a mi espíritu como debe de ser.  Sí, tengo repugnancia y mucha manía a los varones. A veces soy incapaz de ser justa con ellos, y esto es un gran error por mi parte y lo sé perfectamente. Pero todo tiene su razón, a mí también me gustaría sentarme al lado de alguien, sentir cosquillas o mariposas en el estómago como dicen por allí, a mí también me gustaría ser mimada por alguien “especial”, pero no, no puedo sentir eso, tan solo la idea de imaginarlo, me produce vómitos.

A mí también me encantaba que me llamasen princesa, yo también tenía sueños, yo también creía que había un amor como el de La Cenicienta y las princesas de cuentos. Yo también creía en tantas cosas. Sé que parece que estuviera hablando una mujer treintañera y un poco más, pero no, tengo diecinueve. Sí, soy una niña a ojos de muchos. Pero si eso es tan cierto, ¿Por qué a los hombres les da igual que tengas ocho, veinte o cuarenta y cuatro? Siempre se fijan en tu cuerpo y se ponen a criticar, ya vayas tapada, semi-tapada o desnuda. Es una cosa tan absurda, pero sí, los hombres, que ojo, no estoy diciendo todos, siempre actúan directamente al ver el cuerpo de una mujer, no piensan, y aun no comprendo si es un instinto por su naturaleza o es cuestión de inteligencia.

¿Por qué hablo de todo esto? ¿Por qué tengo tanta manía a los varones?  no es por nada, no soy ninguna radical misandria ni mucho menos, soy una mujer completamente normal que lucha cada día por sus derechos. Pero es que he sido asesinada (entiéndanse el concepto metáfora) tantas veces por parte de varones. He sido asesinada delante de mi familia, en baños, en mi trabajo, en la escuela, en la cafetería, en la calle. He sido asesinada con miradas, roces, palabras directas e indirectas, y todo eso, por el simple hecho de mi naturaleza, de ser mujer. ¿Acaso esto no es la mayor injusticia?

Pero algún día espero ser justa, y deshacerme de este apego, no con ellos o por ellos, sino por mí misma, para crecer espiritualmente, para poder renovarme, para poder ser capaz de amar, para ser capaz de confiar en mi vecino, mi jefe, mi compañero de piso…  para ser capaz de mojarme en la lluvia sin tener que pasar todo el día quejándome, odiando  y maldiciendo a esas pequeñas  frescas gotas que ya desvanecieron.

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