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“Your Cecilia”

     Puedo asegurar que en algunos momentos de sus vidas fueron felices, y que curiosamente, la mayoría de ellos coincidieron con la Navidad.

     La llegada de la Navidad les volvía a unir y el final de ésta les volvía a separar. No obstante, durante aquel intervalo de tiempo renovaban cada sentimiento y cada mirada, cada detalle y cada palabra.

     Pero como sucedía con los préstamos de libros de la biblioteca pública en la que trabajaba, llega un día en el que no te dejan renovar más, que tal vez el ejemplar lo ha reservado otra persona, o que tal vez tú ya lo has tenido demasiado tiempo… Y lo tienes que devolver.

     “Hay días que es mejor que duren veintitrés horas” -le dijo –. “Será mejor que me acompañes ya a casa”.

     De camino se oyeron las once campanadas de una iglesia cercana.

     Una vez en la puerta, un último beso y un último adiós… Y se devolvieron a la noche.

     Creo que ambos supieron que había llegado el final, porque alargar las frases cuando no se tiene más que decir no tiene ningún sentido.

     Hubo una Navidad que la pasaría sola, y una segunda, y también una tercera, y aún habría muchas más. Y también algunos golpes de realidad que mermaron las ilusiones y profanaron las inocencias. Pero siempre confió en que un día cualquiera, entre sus libros, aparecería un nuevo sueño que traería una nueva historia y a alguien que la cuidaba mientras dormía.

     Y así fue como me lo contó. Pero eso pertenece a otro cuento y ya se sabe que en las cosas del querer, no resultan buenas las mezclas.

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