fbpx

No importa que llegue el invierno

Es fácil habituarse a una ciudad que te abre los brazos cuando se cierran las puertas. Donde la morriña del verano apenas acecha si vives su septiembre, cuando los domingos no son tan domingos y las sobremesas con amigos son la familia que afortunadamente hemos elegido. Donde se bailan todos los estilos, en todos los idiomas, como se baila en todo el mundo pero más tiempo, porque aquí la cultura no disimula.

Madrid es excusa y argumento.

Dichosas sus rutinas que esconden de todo menos cotidaneidad, por ser la vida que necesitan todas las agendas y el caos que, en particular, gritaba mi orden.

Qué más te voy a pedir, que te culpo de mis males y has sido testigos de todos mis bienes. Nunca sé si tengo más pasado que futuro en ti. Nunca sabré despedirme del todo.  Como la desdicha del que se va queriendo volver o aquel que da por hecho que siempre hay una vez más.

¿La última y nos vamos?

Me quedaré con tus septiembre y con todos tus planes,

¿Cuántos recuerdos fortuitos habrán creado?

Siempre eres casa para quien abandona su hogar y haces sentir afortunado al que carece de fortuna. Como quién se sabe mucho sin tener nada. Así te sientes. Altiva y agradecida a partes iguales.

No importa que llegue el invierno, 

si es en Madrid. 

BUSCAR