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Nasa de escucha

 

Suena la música y se gobierna el mundo solo, caen los imperios, se deshacen los ovillos de seda sin hervor de cicatrices…

Al ritmo de un bolero, las heridas se cierran solas en un albedo que anestesia… Asciende una quilla desde las capitales del sueño.

 

       Una gaviota centinela pasaba por el horizonte cuando me senté frente al mar. El sol traspasaba la copa de vino mientras mi mente voladora observaba y escribía jeroglíficos sobre la arena. Cerca de mi mesa, un señor mayor me miraba de reojo, quizá le recordara a un viejo amor. Su cabello de plata era como una nasa de sargos tristes que volvían al puerto sin impulso… Otros llenarían las despensas a cambio de su libertad.

    

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