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Gris y oro

Nada fue correcto,
sin embargo, todo fue como debería haber sido.
Creamos la teoría que el mundo
tenía que girar según nuestras reglas,
bajo nuestros individualistas principios.
Dimos por hecho que nuestros deseos
eran los más importantes,
los correctos.
Así que, irremediablemente,
acabamos golpeando el hormigón,
cuando la realidad reclamó una respuesta.

Y no, no fue lo que esperábamos.
Todo acabó desajustado, algo torcido.
Nos encontramos en un presente
donde somos unos extraños perdidos,
que en su momento
eligieron el camino equivocado.

Todo fue como debía ser:
no fuimos pacientes,
el respeto no era nuestra ley,
no esperamos que la vida fluyera por sus cauces.
Como resultado
hoy nos vemos heridos y aleccionados.
Nos los merecíamos y pasó.
Debíamos caer, fallar,
entrar en pánico y llorar las pérdidas,
antes de nacer de nuevo a la vida,
como mejores semillas.

Pero nunca es tarde,
siempre se aprende algo al perderlo todo
y, de todos modos,
hay una oportunidad esperando
para hacerlo con principios diferentes.
No sabemos si el mañana será diferente,
si se tornará el gris en oro,
pero en el pasado, todo quedó cerrado.
La página, ahora, se mantiene en blanco.

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