Me embaracé

Me embaracé. De historias, de experiencias, de literatura, de besos, de canciones, de ciento y un proyectos. Me embaracé de lugares increíbles y por supuesto de personas. Me embaracé con sexo, me embaracé con amor, a ratos con dolor, a veces con placer, hasta lograr embarazarme yo sola.  

En ocasiones aborté. Expulsé esas rutinas que no me gustan, hasta las que me dan dinero porque en realidad me compran, desdeñé a esas personas tóxicas que no hacen bonito mi mundo, que me alteran la energía y me roban la calma, escupí las dependencias, me alejé, hice mil duelos, pasé por oscuros túneles de soledad, reposé el vacío, me desagüé.

Y apenas cumplí los treinta me embaracé. Era el momento. Soy mujer, tengo un reloj biológico que apura, que aprieta todas las lunas a la vez que aprieta el dolor de ovarios. Y voces, muchas voces que me gritan: ¡Embarázate! ¡Ya no eres una niña! ¡Se te va a pasar el arroz! ¡Te vas a quedar para vestir santos! Hice caso, me enseñaron de muy pequeña a ser obediente. Y claro, me embaracé. Dejé que me fecundaran la vida, la autonomía, la libertad. Solté lastre, dejé de defenderme porque un día había abortado todo aquello que me amenaza y contra lo que una vez luché. Abrí mi mundo a otros mundos, abracé el instante, abrí con amor brazos y piernas, recibí, a veces dolió, más veces gocé. Y me preñé. Tomé conciencia del momento. De ser, de estar, de atravesar los años fértiles donde crecen las historias y los periodos increíbles. Me preñé porque es cierto que el reloj biológico apura y aprieta todas las lunas a la vez que el dolor de ovarios y que sólo se vive una vez. Porque parece que esto a lo que llaman vida dentro de este cuerpo, que tras algunos abortos y múltiples partos me gusta más que antes, se va a acabar un día. Me embaracé de todo lo que quise, de chocolate, de sexo, de pasión, de kilómetros de viaje, de desamor, de paisajes increíbles, de ciudades nuevas. Parí alegría para mí y para otros, consejos, caricias, afectos. Parí hogares allá donde fui, círculos de apoyo, grupos de amigos, parí sueños que llevan toda una vida gestándose, fantasías que fueron semillas y que un día se convirtieron en grandes extensiones de realidad. Parí experiencias y las escribí. Parí rebeldía.

Y aún ahora sigo dando a luz. Muchas veces me rompo, grito, trueno pero a pesar de todo sigo preñándome de cosas maravillosas, transformando, gestando y pariendo proyectos, sonrisas, momentos. Quizá ahora más que nunca, porque tengo más de treinta y todavía escucho y doy sentido a todas las voces que me gritan: ¡Embarázate! ¡Ya no eres una niña! ¡Se te va a pasar el arroz! ¡Te vas a quedar para vestir santos! Y lo que en realidad no quiero es que se me pase la vida.

Quizá algún día me embarace de un hombre y para hijos. Quizá lo haga, pero lo hare después de haber engendrado y realizado aspiraciones y sueños, de haber completado los años fértiles con historias increíbles, de haber plantado en la época de siembra. Quizá lo haga, porque entonces estaré lista para dar a luz una nueva vida.

O no.

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