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AVANZO, SIEMPRE AVANZO…

avanzo

La claridad se cuela, lenta y certera, por las grietas de la consciencia, mientras los sonidos del alba: el leve gorgojeo de las golondrinas que han anidado bajo el alero del balcón; el rodar, indolente y resignado, de los autos cruzando la avenida en dirección al diario quehacer; el atolondrado taconeo de la vecina de arriba… van despertando mis sentidos aún embotados. Y, como en una bruma espesa, el sueño va despojándose de su existencia y los fantasmas de la noche se baten en retirada.

Fuera, llueven chuzos de realidad: lidiar con un jefe sabelotodo que no sabe de nada; con un trabajo de mierda sobre el que camino cada día por la cuerda floja; con un sueldo que cada vez se estira menos; con unos hijos que requieren más atención de la que las exiguas fuerzas que me quedan tratando de ser una buena hija, amante, amiga, profesional… pueden prestar; con unos padres que, de repente, se han vuelto niños; con una vida cargada de obligaciones, de gestos repetidos, de recuerdos de lo que pudo ser y no fue. No quiero. No vine a esto. Es tan cansado. Yo estaba destinada algo más… Acobardada, me hago un ovillo sobre mí misma, tratando de demorar la vuelta a la realidad que, canalla y tenaz, avinagra los sueños y hace supurar las heridas.

Pero algo me urge a salir y, como una cretina inmune a la desesperanza, una mañana más me dispongo a reestrenar anhelos, a pelear contra el tedio de una vida corriente que, a fuerza de esfuerzo, a veces se colorea de extraordinaria. “La felicidad no es un regalo, es una adquisición”, leí una vez. No sé quién lo escribió, pero es bueno. Y jodidamente cierto. Hay que pagar tanto por adquirirla, tanto… Porque fuera caen chuzos de realidad, porque muchos sueños, demasiados, se escapan por las costuras de la cotidianidad, antes siquiera de haber sido tejidos…

Y en el instante en el que, a pesar de todo y, consciente del milagro de existir, pongo rumbo al cuarto de baño y, frente al espejo, veo a la que soy: ni complaciente ni sumisa; ni callada ni obediente; ni siempre alegre ni nunca atribulada; ni la que creen que soy ni la que soy… en ese instante, a pesar del desasosiego, del miedo, de la inseguridad ¿me querrán así? ¿me quedaré sola por ser así? ¿me aceptarán siendo así?,maquillada con mi mejor yo; pertrechada de la que me habita, la que sabe, la que puede, la que sueña, la que ve más allá de mí, avanzo. Siempre avanzo. Y con los brazos abiertos, confiando en la vida, alzo el vuelo. Al fin libre. Solo mía, aunque a veces disimule…

2 Comentarios
  1. Autor

    Gracias Rosa. Perdona que no te haya contestado antes, pero aún no me manejo muy bien en este medio. Ahora he visto tu mensaje. Un abrazo. Seguimos, siempre seguimos..

  2. Rosa Liñares 4 años

    Un texto precioso, Alicia…
    Un saludo

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