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La vena posee destellos estelares

La NASA ha confirmado el más bello de los poemas, asegurando que el cuerpo humano está conformado por material procedente de las estrellas. Incluso las cenizas reflejan el brillo del universo. La fotógrafa mexicana Gabriela Reyes Fuchsdecidió examinar las cenizas de su padre bajo un microscopio. Se le concedió el permiso junto con un soplo de desmotivación, sugiriendo que abrazara la idea de un simple vistazo a una escala de grises. Vaya sorpresa, pues un corpúsculo magnificado atravesó lo sugerido, desplomando galaxias de color que no logran resistir al deseo de querer ser palabras de amor.

Su curiosidad, convicción y entusiasmo artístico venció la afirmación desorbitada. Se mantuvo firme hacia la melancolía humana. Qué poderoso es seguir esa corazonada. Qué valiente es buscar ver más allá, aun cuando los sabios susurran que ya no hay más. Mantener el brillo que se encuentra en cielos nocturnos y claros requiere de una convicción firme, y de crecer y decrecer. Tal como sé sincera la luna a través de sus fases lunares. Hoy te cuento de mi fase más reciente, la más vulnerable, mi etapa de luna menguante. 

Fabricar sueños a hechos concretos es innovar, definir, planear y recibir eternas enseñanzas en cada periodo de la construcción añorada. Una mecedora de sucesos variados, donde de vez en cuando abraza el congelamiento. El noveno mes de este año me dio por leer libros sellados de ideales distintos a los míos. Provocando una plaga de preguntas hacia el frutero de mi creatividad. El olor a fruta abandonada abarcó más de media casa. Dando protagonismo a temas monocromáticos le otorgue la antorcha de mi valor a zumbidos creados por la descomposición de mi ánimo. La convicción se meneo y aunque mis valores voceaban validez, mi propósito se hizo cenizas entre tanto libro que cuestiono lo que soy. 

Un martes por la mañana detecté que el baile sincronizado entre mi mano y el teclado pedía tiempo. Y así sucede, toda obra tiene un intermedio. Sin embargo, en esta ocasión, sentí una inclinación opaca hacia los destellos de mis escritos. Mi amor por la filosofía comenzó a intensificarse. Que, valla, no la amo por sabia, la amo por preguntona. Por ende, la curiosidad hacia mi trabajo aumento. Dudas influenciadas por libros muy seguros de sí mismos invitaron a la comparación e interrogación a mi camino. Ese día por la mañana pasó el camión de la basura, donde habitualmente arrojó la autocrítica corrompida de la semana. Sin embargo, hay días que sucede lo contrario. 

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