Vértigo

A veces siento vértigo. Y no, no me refiero a ese trastorno del sentido del equilibrio, aunque para mi desgracia también lo padezco. Es más bien una sensación extraña. Como que todo a mi alrededor se mueve muy rápido y yo voy a cámara lenta. O viceversa.

De pronto creo que estoy fuera de lugar. Que no sé dónde estoy. Que no sé lo que hago ni sé a dónde voy. Los pensamientos se desordenan en mi cerebro a la velocidad de la luz. Y pierdo la noción del tiempo. Y todo me da vueltas. Y siento vértigo.

Una intuición, una premonición, la certeza de que algo va a ocurrir. Y la incertidumbre de no saber si es algo positivo o negativo. E intentar averiguarlo resulta agotador y me lleva hasta la extenuación.

En ocasiones las ideas fluyen de un modo tan desordenado y absurdo que no sé si el echarlas fuera es un acto de valentía o un tipo de suicido sin premeditación.

A ratos me turban largos silencios y a ratos son las palabras las que vienen a enturbiar mi propia paz.

Por momentos necesito impulsarme y coger carrerilla, y de pronto freno en seco porque advierto que me voy a precipitar al vacío sin paracaídas.

A veces siento vértigo y la vida baila descompasadamente a mi alrededor. Y siento temor cuando siento ese vértigo.

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