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Macarena de Rueda, una actriz a la que le gusta contar historias

Creo que la clave está en la constancia y en cómo enfrentas los “noes”

Fotografia: @Luz Soria

En el sector del teatro hay profesionales de pico y pala. Los que se hacen un hueco a base de trabajar en proyectos y teatros que quizás no tienen la visibilidad que deberían. Es de ahí de donde saldrán esos nombres que luego fascinarán a las masas, encabezarán elencos y ocuparán portadas. Una de esos profesionales es Macarena de Rueda, una actriz que ahora mismo tiene dos obras en cartel. Sollertinsky que comienza temporada en la Sala Cuarta Pared y Freak en el Teatro del Barrio. Obras que, junto a la serie Respira de Netflix tal vez la ayuden a dar el salto.

 

Antonio Hernández (AH) – ¿Cómo llegó a Sollertinsky?

Macarena de Rueda (MdR) Conocí a Julio Provencio [el autor y director de la obra] Irene Doher y Sergio Jaráiz en los laboratorios ETC de la Cuarta Pared hace unos años. Cuando acabó el taller le dije que me gustaría trabajar con él.

Y, varios años después, me ha llamado ahora para este proyecto. Que creo que está alineado con lo que hicimos en el laboratorio ya que en Sollertinsky se habla de cómo crear desde la precariedad y en el laboratorio se trataba de fomentar la creación de los profesionales de menos de treinta y cinco años. Edad máxima para participar en el mismo.

No me lo creí cuando me dijo que íbamos a ser un elenco de nueve personas. Entre los que se incluían actores, bailarines y músicos.

AH – ¿Qué hace usted en la obra?

MDR Soy una de las amigas de Marta, el personaje para el que estamos preparando el funeral. Fundamentalmente soy una de las actrices, pero Julio quería que todos hiciéramos de todo, así que también bailo en algunas de las coreografías.

AH – ¿Y cómo llegó a Freak?

MDRAhora que me lo pregunta me doy cuenta de que las dos oportunidades vienen del mismo lugar, La Cuarta Pared. En el laboratorio que te comenté antes también estaba la directora Paula Amor, que resulta ser la directora de Freak.

Cuando Lorena López, una de las actrices que la protagonizaba cuando se estrenó, lo dejó, Paula me llamó para preguntarme que si podía sustituirla.

Yo la había visto en el Teatro Pavón Kamikaze y la obra me encantó. Incluso me dije, ojalá yo pudiera hacer una obra como esta. Y eso que es una obra difícil. En la que estoy sentada mirando al público y no te puedes esconder en ninguna acción ni en nada. Contándoles una historia muy personal, íntima y dura. Un texto que tiene partes que me daban mucho pudor decir mirando a los espectadores.

AH – ¿Previamente a estas oportunidades dejó el teatro y la interpretación por un tiempo?

MDR Estaba cansada de la precariedad, de trabajar en proyectos autogestionados y de ensayos sin remunerar. Tenía la sensación de que invertía mucho de mí y recibía muy poco. Estaba frustrada y enfadada y me agoté.

Fue como una ruptura de pareja. Esta es una profesión que cuando le gustas te hace mucho caso, pero si dejas de gustarle, desaparece. Una crisis.

AH – ¿Cuánto tiempo le duró esa crisis?

MDR Cuatro años.

AH – ¿Qué hizo?

MDR Me puse a estudiar un master en Derechos Humanos y Geopolítica.

AH – Está muy alejado del mundo de la interpretación ¿cómo acabó haciendo ese master?

MDR Sí, tiene poco que ver. Siempre he trabajado en muchos movimientos asociativos. Durante catorce años he dado clases en una asociación de personas con diversidad funcional. Y pensé, ¿por qué no trabajar en esto que también me gusta y me llena? Y fue ponerme a estudiar otra cosa y empezar a salirme audiciones. Puse mis energías en otro lugar y empezaron a llamarme.

AH – ¿Por qué volvió?

MDR Porque siempre he tenido una pulsión por contar historias.

AH – ¿Qué hizo antes de entrar en crisis?

MDR Varias cosas. He sido muy sustituta. Estaba estudiando interpretación en la escuela La Lavandería cuando me llamaron para hacer una sustitución en la adaptación de Sueño de una noche de verano que había hecho Laila Ripoll.

Luego en tercero, en esa escuela, dos profesoras me llamaron para otra sustitución en una obra que dirigían. Era un cabaret con texto de Dario Fo llamado Hola, soy una sola. Con la que estuvimos en salas pequeñas y alternativas de Madrid, aunque también fuimos a Barcelona.

También estuve en YOCTOBIT Teatro jugable en Matadero. Una experiencia con videomapping y hologramas donde me guiaban los espectadores como si fuera su avatar en un videojuego. Si los resolvían todos los enigmas planteados, entonces ganaban. Fue una experiencia muy curiosa porque cuando no llegaban al final volvían a comprar la entrada para repetir y ver si ganaban.

Aunque parezca un listado, no quiero dejar de mencionar proyectos anteriores. Como Un tonto en una caja con la que estuve en los Teatros Luchana, Matar a Cervantes de Bibelot Producciones o No me acuerdo para la que me uní a unos compañeros para crear la compañía Teatro sin Fondo.

AH – Usted estudió comunicación audiovisual ¿cómo acabó siendo actriz?

MDR He estudiado danza desde pequeña y me apasionan el cine y el teatro. A mi familia también les gusta mucho todo lo que tiene que ver con la cultura. Mi abuela me llevó al teatro a ver Doña Rosita la soltera, cuando tenía doce años, lo que me fascinó.

Así que lo de la interpretación estaba ahí. Aunque mi familia siempre me ha apoyado en todo lo que he querido hacer, también me aconsejaban que tuviera un plan B por si acaso esto de la interpretación no funcionaba. Los típicos miedos. Lo más cercano a la interpretación que encontré entre las carreras era lo de la comunicación audiovisual.

AH – ¿He hizo sus pinitos durante la carrera?

MDR En la facultad también estudiaba J. Linares [director de ¿A quién te llevarías a una isla desierta?]. Estaba dos cursos por encima del mío. Y me pidió que participara en dos cortos.

Ahí me di cuenta de que me gustaba mucho la interpretación. Así que fui a Conil, a trabajar durante el verano de camarera para poder venirme a Madrid a estudiar arte dramático.

AH – ¿Por qué eligió La Lavandería?

MDR No contaba con mucho respaldo económico e iba a necesitar trabajar. La Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid (RESAD) tenía un horario y exigía una dedicación que pensé que me iba a ser muy difícil compaginarlo con un trabajo que me permitiera cubrir mis gastos.

Entonces apareció Ana Varela, una compañera de comunicación audiovisual que también se dedica a la interpretación. Fue ella la que me la recomendó.

Me convenció diciéndome que era una escuela muy familiar, en la que se trabajaba de una forma colectiva, sin egos, en la que se hacía mucho trabajo corporal y gestual.

Cuando fui a matricularme dije que quería el turno de tarde porque tendría que trabajar por las mañanas. Había allí un profesor que me dijo que perfecto. Que así me podría quedar a tomar cañas después de clase, lo que me hizo mucha gracia y que se parecía a lo que me habían contado.

Ahora doy clases allí de preparación de audiciones, la autoaudición y de interpretación frente a la cámara. Y cómo abordar el momento que se sale de la escuela, qué hacer.

AH – ¿Qué hizo usted al salir de La Lavandería?

MDRPrimero hice un master en interpretación ante la cámara en la Central de Cine. Y otro de teatro gestual con Arturo Bernal. La verdad es que no he parado de formarme. He hecho cursos con Julián Fuentes Reta, Gabriel Chamé, Andrés Lima y Pablo Messiez.

Posteriormente a los dos primeros cursos que he comentado me grabé secuencias, envié correos electrónicos, llame a puertas de representantes. Así encontré Aleteia, una empresa de representación de actores y actrices, que me cuidaron muy bien. Como me trata Gosua la agencia de representación de artistas con la que estoy ahora.

AH – ¿Por qué cree la cogieron en Aleteia para representarla?

MDRCreo que vieron en mí mi espontaneidad y mi naturalidad. Y mi vis cómica, a pesar de que me llaman mucho para dramas.

AH – Y después de esa experiencia ¿qué les cuenta a los alumnos?

MDR Mi camino ha sido muy largo. Nada fácil. Como la mayoría. Creo que la clave está en la constancia y en cómo enfrentas los “noes”. En esta profesión recibes muchos “noes”.

AH – ¿Cómo recomienda afrontarlos o enfrentarlos?

MDR Pues preparándose muy bien las audiciones para dar lo mejor. Pero, a la vez, teniendo en cuenta que el que te elijan o no, depende de muchos factores y de otras personas.

AH – ¿Cómo elije usted las audiciones a las que se presenta?

MDR No las elijo. Me llaman. Si mi representante se entera de algún proyecto en el que encaje, me propone. Y son los responsables del proyecto los que me llaman.

AH – ¿Qué aportan los representantes?

MDR – Son personas que te cuidan, que te acompañan. Se encargan de las negociaciones y los contratos, algo que a mi me cuesta, sobre todo cuando hay que negociar en el sector audiovisual.

AH – ¿Ha dejado la danza?

MDR – Ahora voy a clases de danza-jazz con Yolanda Molina. Lo que más me gusta en el mundo es bailar. Aunque no me he dedicado profesionalmente porque creo que no soy buena.

AH – ¿Cómo se sabe si se es buena o no?

MDR – ¡Quien sabe en arte lo que es bueno o es malo! Me comparo con otros. Por ejemplo, con los bailarines de Sollertinsky ¿ha visto lo bien que lo hacen?

AH – Sí

MDR – Bailo en la obra, pero no creo que lo haga tan bien como ellos. Una opinión que tal vez tenga que ver con que soy una persona bastante autocrítica y autoexigente, aunque me he relajado con los años. Ahora voy a clases de danza simplemente porque me apetece bailar.

AH – ¿Disfruta de la interpretación?

MDR – De todo el proceso desde el inicio hasta al final. Desde el principio, cuando te llaman, y sabes que vas a encontrar gente amorosa, interesante, que te va a cuidar. Pasando por el proceso de investigación para componer el personaje. Hasta cuando lo represento y entro en contacto con el público.

Incluso disfruto los momentos de frustración de los ensayos. He entendido que son momentos de crisis del que pueden salir cosas muy interesantes.

AH – ¿Cambian mucho las obras con el público?

MDR – Mucho. El público es diferente cada noche y modifica lo que haces y cómo lo haces. El viaje por el que los tienes que llevar es siempre el mismo, pero su actitud puede provocar pequeños cambios o variaciones. En Freak, por ejemplo, al estar sentada, sin acciones, sin mirar a la otra actriz que está a mi lado, todo el trabajo es con el público. Al que miro, al que veo su postura y cómo respiran. Está ahí conmigo.

AH – ¿Es lo mismo en Sollertinsky que el elenco es muy amplio y con mucha interacción?

MDR – Es una experiencia muy distinta. En esta obra me siento muy arropada y protegida. Suceden cosas y estoy interactuando con otros intérpretes todo el rato. Y encima hay mucha música. La pieza de Shostakovich que suena en la función me sigue impactando a pesar de todas las veces que la he escuchado.

AH – Antes ha contado que ha tenido que trabajar para pagarse los estudios ¿en qué?

MDR – Fui ejecutiva de cuentas en la Federación de Organismos o Entidades de Radio y Televisión Autonómicos (FORTA). Un trabajo que me estresaba muchísimo y que dejé. Por supuesto, he sido camarera. He trabajado como captadora de socios para ONG. He cuidado a personas mayores y de diversidad funcional. Teleoperadora. Dependiente. Profesora de interpretación.

AH – ¿Por qué ha cambiado tanto de trabajo?

MDR – Por distintas circunstancias, pero sobre todo porque si no tenía trabajo de actriz tenía que seguir pagando el alquiler y otros gastos. Madrid es una ciudad muy cara y difícil.

Cuando, por ejemplo, trabajas cincuenta horas a la semana de camarera y no tienes tiempo para la interpretación, que es por lo que vine a Madrid, te planteas qué haces aquí. Si no sería mejor tratar de vivir de la interpretación en una ciudad más pequeña, más cercana al mar o a la montaña.

AH – ¿Qué respuesta tenía cuando se hacía ese planteamiento?

MDR – Que me encanta la profesión. Incluso cuando me metí a hacer el master en Derechos Humanos y Geopolítica, nunca abandoné esta profesión. Soy actriz.

AH – ¿Me podría contar con qué ONG colabora y qué es lo que hace?

MDR – Colaboro con Dan.Zass una organización para personas con diversidad funcional, sobre todo con personas de espectro autista aunque no solo.

En un principio solo era una voluntaria que les ayudaba. Pero cuando se fue una persona la directora, viendo lo que había hecho durante el trabajo de voluntariado, la conexión que tenía con los chavales, me ofreció su puesto.

Aprendo mucho con ellos. Me obligan a estar en puro presente. Me hacen estar abierta a todo, a los cambios, a lo espontáneo, a lo imprevisible, e incorporarlo a lo que hacemos en el escenario. Porque no solo les doy clases también preparamos espectáculos de danza y de clown que luego se muestran en escena.

Llevo muchos años haciendo esto. Y eso que el primer día que llegué un niño tuvo una crisis epiléptica y hubo que ponerle hasta medicación. Creo que pensaron que no iba a volver y ahí sigo.

AH – ¿Qué permite el trabajar en teatros pequeños y alternativos como los proyectos teatrales en los que estás ahora?

MDR – Dan más libertad y como intérprete te permite hacer oficio al facilitar que tengamos funciones. Tanto las obras como los actores crecemos haciendo teatro. Da igual el número de personas que te vean, siempre que haya público, claro está.

AH – ¿Qué ofrecen las salas o centros más grandes como el Centro Dramático Nacional (CDN)?

MDR – Todavía no he trabajado en el CDN. Me gustaría. Es como avanzar en tu carrera. Por un lado, te da estabilidad económica mientras trabajas allí. Por otro, a los intérpretes no permite probar cómo es trabajar para grandes públicos. Pero lo importante es que obtienes mucha más visibilidad del trabajo que haces.

Es una pena que obras como Sollertinsky o Freak no tengan esa visibilidad. Que no la vean públicos que no van a las salas alternativas con tanta frecuencia con la que sí van a los teatros públicos o a teatros más comerciales y grandes. Que incluso solo van a esos teatros. Creo que estas personas aficionadas al teatro se están perdiendo algo que merece la pena ser visto.

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