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Ana Contreras, ayudando a crecer a alumnos y público de teatro

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“Mi feminismo surge de ver las cosas injustas que le pasan a mis compañeras y a mí misma”

Ana Contreras, profesora titular del Departamento de Dirección de Escena de la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD) de Madrid, es noticia por ser la directora artística del Festival Místicas. Un festival que trata de recuperar para el siglo XXI la voz olvidada de las mujeres místicas y santas vivas de los siglos XIII al XVIII. Ana es una activa mujer de teatro que ha dirigido más de 30 espectáculos, entre ellos algunas actividades para el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS), y que lleva varios años co-organizando las ya asentadas Jornadas de Teatro y Feminismo.

Antonio Hernández (AH) – ¿Por qué organizar el Festival Místicas?

Ana Contreras (AC) – Cuando empecé la asignatura de Teatro Clásico en la RESAD, como ya me había leído muchas obras clásicas y conocidas antes de entrar, empecé a leer otras obras. Así descubrí La Santa Juana de Tirso de Molina y en ese momento ya quise hacer esa obra de teatro.

No la quise hacer ni en la escuela ni en la asignatura. Pero cuando acabé la carrera empecé a investigar cómo podría poner en escena esa trilogía. Así que me fui a Cubas de la Sagra para ver si estaba el convento, y allí me lo encontré. Entonces pensé en montarlo en el mismo.

Esta obra es sobre Santa Juana de la Cruz, la española. No sobre la famosa Sor Juana Inés de la Cruz mexicana. Santa Juana fue una santa viva del siglo XV que no está canonizada todavía aunque es posible que la canonicen ahora. Fue párroco, nombrada por el Cardenal Cisneros y por el Papa. También consejera del Emperador Carlos I de España y V de Alemania, del mismo Cardenal Cisneros, del Gran Capitán y de muchos otros en aquella época.

En vida era considerada santa por lo que mucha gente fue a verla. Además, tuvo un poder enorme y escribió varios libros. Entre ellos un libro llamado Conorte que es un libro de sermones que ella escribía estando en éxtasis. Cuando leí el libro me di cuenta que era un libro con una perspectiva teatral, que permite entender cómo era el teatro medieval.

También escribió un par de autos sacramentales. No se sabe bien si los escribió ella sola o con otras monjas del convento, puesto que en aquella época la escritura femenina era fundamentalmente colectiva. Autos que también dirigió. Así que me interesé tanto por su dimensión de dramaturga como la de directora de escena.

Por otro lado, las veces que se la ha intentado canonizar se han escrito obras de teatro sobre ella. Una es la de Tirso, otra es la de Cañizares en el siglo XVIII, y muchas más. Por, eso en 2002, pensé en hacer una obra sobre ella y hablé con varios dramaturgos. Hablando con ellos me di cuenta de que en aquel momento sería muy complicado hacerlo.

En 2015 acabé mi tesis doctoral y en 2016 volví al convento donde pensé retomar este proyecto sobre Santa Juana. Entonces me planteé escribir una obra usando sus textos para recuperar su voz. Escucharla a ella. Con más experiencia y conocimiento feminista, me di cuenta que lo importante no era recuperarla a ella, sino recuperar su palabra.

Con ese objetivo me puse en contacto con Rebeca Sanmartín Bastida que tiene un grupo de investigación en la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Es un grupo de I+D del Ministerio de Cultura, se llama La conformación de la autoridad espiritual femenina en Castilla. Este grupo está recuperando y publicando los textos de las mujeres que fueron consideradas santas vivas. Mujeres que escribieron sus biografías.

Cuando nos conocimos ella me propuso entrar en su grupo de investigación para hacer mi proyecto de Sor Juana. A lo que yo le propuse hacer una interpretación performativa de los textos.

Este grupo está haciendo un catálogo de santas vivas y editando sus obras. Textos que hasta ahora no se consideraban buenos ni de interés para estudiar. Yo no los edito sino que los trabajo en su dimensión teatral. Son escritos que, a lo mejor, leídos nos resultan extraños en la actualidad pero que dichos tienen una dimensión distinta. Esa dimensión del teatro que hace que haya palabras que no funcionan literariamente, pero que sí lo hacen cuando son dichas o puestas en escena.

Empecé este proyecto de investigación con algunas actrices y al mismo se han ido incorporando más actrices, actores, cantantes y magas. Un grupo que trata de llevar a escena esta palabra investigando cómo hacerlo y hacia dónde. A esta investigación se unió Inocente García de Andrés, que es el sacerdote que ha llevado la canonización de Santa Juana hasta hace poco, que en las funciones hace de Cardenal Cisneros.

Hablando de este grupo de investigación con Manuel Benito [dramaturgo, director, jefe de producción y jefe de prensa teatral] me di cuenta que lo interesante sería hacer un festival. Durante este trabajo conocí otras compañías que estaban haciendo obras de teatro a partir de textos de monjas o de teatro conventual o de santas vivas. Obras que son difíciles de mostrar en público, pero, sobre todo, de financiar.

En ese momento pensé que sería muy interesante hacer un encuentro entre estas compañías y los académicos y académicas. Es decir, poner en contacto a las personas que estudian estos textos de las santas vivas y la dimensión performativa de la santidad, con los artistas que lo hacen en la práctica. E incluir en el encuentro a místicos contemporáneos. Personas que están viviendo la espiritualidad del tipo que sea y que se encuentran dentro o al margen de las instituciones religiosas. Bueno, la misma situación en la que se encontraba la mística en su momento, al final de la Edad Media y principios del Renacimiento.

Pienso que la crisis de esa época tiene mucho en común con lo que está pasando ahora. Su conocimiento puede ayudarnos a entender la crisis actual.

En definitiva, tratar de organizar un festival que permitiese recuperar nuestra dimensión espiritual, la historia de las primeras mujeres que escribieron en castellano y ahondar en cuestiones estéticas. Además de que se conociesen los investigadores interesados en esa época, los profesionales del teatro que están tratando de poner esos textos en escena y los místicos contemporáneos.

A Manuel Benito le pareció un proyecto muy bueno y se embarcó en el proyecto para ayudarme.

AH – ¿Usted se considera una mística?

AC – No, no me considero mística. Las experiencias místicas son inefables y complejas. Lo que sí soy es un poco asceta. Tengo tendencias ascéticas. A ratos.

La verdad es que me he ido metiendo en esto poco a poco y, luego, se han ido uniendo personas con las que me unen intereses por estas mujeres. Algunas de esas personas lo han hecho para recuperar la dimensión espiritual que tenían. En cualquier caso, el camino se ha ido haciendo sin saber cómo.

AH – ¿Qué cree que aportará toda esta investigación a su teatro?

AC – Por un lado el haber estudiado el teatro pre-dramático me ha ayudado a entender el teatro post-dramático. A entender que no hay rivalidad entre uno y otro. Entre teatro clásico y moderno. Una rivalidad que se produce periódicamente. Me he dado cuenta que esa rivalidad no merece la pena, que se puede superar.

Nada se ha inventado ahora. En el teatro medieval se encuentran muchos recursos que se usan actualmente para entender nuestra sociedad, como puede ser la teatralidad expandida. Creo que al conflicto entre clásicos y modernos no debería dedicarse nada de tiempo. Al final, todos nos dedicamos al teatro.

AH – Entonces, ¿a qué deberían dedicar su tiempo los profesionales del teatro? ¿A qué lo dedicaría usted?

AC – A hacer un frente común. El teatro es una dimensión importantísima de la espiritualidad del ser humano, como lo son todas las artes. Una dimensión que hay que cultivar porque si no nos deshumanizamos.

Por este motivo hay que hacer entender a la sociedad la importancia del teatro. Cada cuál desde donde lo haga y de la manera que lo haga.

AH- Además de directora de escena, usted también es licenciada en Derecho y doctora en filología ¿a qué se debe esta formación que no es teatral?

AC – Un error de juventud [dice con ironía y riéndose] Provengo de un pueblo de Burgos. Cuando tuve que elegir una carrera ya llevaba tiempo haciendo teatro en el Escuela Municipal de Teatro de Burgos y no existía la carrera de Dirección de Escena, ni siquiera en Madrid. Tampoco se había abierto la Escuela Superior de Arte Dramático de Castilla y León.

Tenía que elegir una carrera y elegí Derecho como podría haber elegido otra. Lo que en realidad quería era dedicarme al teatro.

AH – ¿Qué le aportó estudiar Derecho a lo que ha hecho después?

AC – Mucho. Los juicios son muy teatrales. Entendiendo la retórica que se estudia en Derecho, entiendes también la historia de muchos textos teatrales a lo largo de los siglos.

Por otro lado, las primeras obras que dirigí fueron Las criadas y Woycekz. Son dos obras de teatro basadas en casos reales y en textos jurídicos.

Posteriormente he desarrollado una teoría sobre el teatro discursivo-argumentativo y el teatro documental. Sobre todo ese teatro que no solo consiste en presentar una historia sino un discurso con una dimensión política y social. Una teoría que empecé a desarrollar cuando estaba haciendo teatro y estudiando Derecho a la vez.

AH – ¿Y el doctorado en Filología?

AC – A mí siempre me ha interesado mucho la investigación. Me gusta mucho aprender, por eso me hice profesora. Quería investigar y me metí en la Facultad de Filología de la UCM en donde había un doctorado sobre Historia y Teoría del Teatro. Entonces solo se podían hacer doctorados y másteres en las universidades.

AH – ¿De dónde surge su interés por el feminismo?

AC – Primero porque soy mujer. Y porque nací en una época en la que se nos decía que solo podíamos ser esposas de y madres de. Lo que me parecía muy injusto. Como sor Juana Inés quería estudiar pero para estudiar no me quería meter en un convento.

También surge de ver las cosas injustas que le pasan a mis compañeras y a mí misma. De ver como mujeres con muchas capacidades no llegan a determinados puestos o a poder hacer determinadas cosas. No se trata tanto de ocupar un puesto, ni del poder con mayúsculas, sino el poder como la posibilidad de hacer algo.

Además, los estudios históricos demuestran que hay muchas mujeres que han sido erradicadas de la Historia simplemente por ser mujeres, no por la calidad de sus obras o ideas.

Todo lo anterior me ha hecho preguntarme qué estaba pasando.

AH – ¿No ha pasado lo mismo con todo lo relacionado con la mística?

AC – En cierto modo sí. La experiencia mística se ha dado en todas las culturas y en todas las épocas. No es una experiencia únicamente religiosa, aunque las religiones se hayan apropiado de ella. Por otro lado, la experiencia mística es una experiencia sobre todo femenina. Y tanto hombres como mujeres místicos fueron perseguidos. Curiosamente, los hombres que fueron perseguidos también tenían mucha afinidad con las mujeres místicas.

AH – ¿Qué pretende hacer con el teatro que pone en escena?

AC – Lo que me interesa es el lenguaje teatral. Pensar cómo montar una pieza. Encontrar la mejor forma para transmitir un contenido.

El teatro es un arte que me gusta mucho. Tiendo a ver el mundo de forma muy teatral, como cuerpos en movimiento en un espacio. Como otros artistas. Por ejemplo, los pintores seguramente lo primero que pretenden es pintar.

¿Por qué lo hago? Porque me gusta hacer teatro. Disfruto haciéndolo. Lo hago por placer. También porque tengo interés en entender el mundo. El teatro entendido no como un reflejo del mundo sino como la posibilidad de construir o imaginar otro mundo. Investigar cómo podría ser el mundo.

AH – ¿Ofrecer alternativas al mundo tal y como lo conocemos?

AC Lacan decía que nuestro mundo, lo real, se construye sobre lo simbólico y lo imaginario. Los problemas del mundo muchas veces se deben a que no somos capaces de imaginárnoslo de otra manera.

Lo que hace el arte en su dimensión espiritual es imaginar el mundo y ofrecer un nuevo mundo simbólico. Por ejemplo, hay pocos personajes femeninos en el teatro del siglo del XIX y menos que hablen. Eso hace que a las mujeres se las viese como las que se quedan en casa o realizando actividades domésticas. Como la criada que entra en escena y sale sin ser notada, ni hablar.

AH – Sin embargo, el teatro más popular y el que ocupa la cartelera lo que intenta es reproducir el mundo tal y como es ¿Hay alguna posibilidad de imaginar el mundo de otra manera en esta situación?

AC – La realidad es una convención. A la vez que se reproduce, se construye y se reconstruye. La realidad también es imaginaria. En 1999 en el libro Ecologies of Theater de Bonnie Marranca [una teórica del teatro] hablaba como sería el teatro del nuevo milenio. Ella piensa que ese teatro volvería a tener una dimensión espiritual y que el teatro crearía ese interés por lo espiritual.

De hecho, en teatro, he devenido desde el Derecho y lo Jurídico hacia lo más espiritual y poético sin renunciar a su aspecto político. Tarkvosky ya dijo en una entrevista que habíamos perdido nuestra dimensión espiritual. Creo que es esa dimensión la que nos hace humanos. Y no estoy hablando de su aspecto religioso o relacionado con las religiones, sino con la capacidad de imaginar.

La capacidad que tenían las místicas de estar consigo mismas, de mirar hacia dentro, y también de estar con los otros y mirarlos como iguales. No como máquinas, ni como objetos, ni como cosas desechables. Nuestro mundo va hacia la alienación y hacia lo inhumano. A desmontarnos como seres humanos. Por eso creo que estamos volviendo a pensar en lo espiritual y hay esa vuelta a la meditación y el yoga. La vida se está volviendo invivible. ¿Qué sentido tiene una vida que nos ha convertido en máquinas?

AH – ¿Cómo afronta todo esto una profesora de dirección de escena como usted?

AC – Depende de la asignatura. Tengo que dar todo esto dentro de los cauces en los que se encuentra definida la asignatura. Aunque tengo bastante libertad, tengo que hacerlo dentro del programa establecido.

Se consigue tocando varios palos a la vez. Todo lo que tiene que ver con el feminismo lo trabajo con Alicia Blas, con la que he creado el Grupo de Investigación de Feminismos y Estudios de Género de la RESAD al que se han ido uniendo otros compañeros. Nuestro objetivo es recuperar ese patrimonio cultural que se ha perdido en el teatro al sacar a las mujeres de su historia. Igual que pasa en la historia del arte o de la ciencia. Por eso desde hace 6 años organizamos las Jornadas de Teatro y Feminismo. En las que ofrecemos a nuestro alumnado la posibilidad de conocer todo eso que nosotras no hemos estudiado.

Cuando se estudia todo eso, también se amplía el espectro de lo posible. La consecuencia es que se desmontan las formas de hacer teatro. Ideas sobre la dirección de escena o la organización del sistema teatral.

AH – ¿Cómo recibe esto la propia institución de la RESAD?

AC – Actualmente, muy bien. De hecho, lo apoyan mucho y han oficializado el equipo de investigación formado por Itziar Pascual, Sol Garre y José Luis Raymond. No fue así en un principio, aunque tampoco era obligatorio que lo hicieran. Nosotras lo hicimos como acción positiva para aportar datos y hemos acabado interesando a la gente.

Siguiendo con la pregunta anterior, es cierto que todo lo que investigo se lo cuento a todo el mundo, incluido el alumnado. De estos últimos, intento tener en cuenta sus sensibilidades. Como profesora pretendo ser más una guía que les acompaña que otra cosa. No obligo a nadie a que le interese lo mismo que a mí. Entiendo que hay intereses muy distintos a los míos, lo que trato es de ampliárselos.

De todas formas, las personas que llegan a la formación de dirección de escena suelen hacerlo con una edad, conocimientos amplios y mucha experiencia. Es raro que a dirección de escena lleguen alumnos directamente desde el bachillerato. Por tanto, no son tabulas rasas sobre las que hay que escribir. Lo mejor es aprovechar sus conocimientos y experiencias para que los aporten en clase al resto de sus compañeros. Trato de crear un equipo con los alumnos. No me gusta esa posición de profesora que da clases magistrales, que tiene algo que decir a unos estudiantes que no saben nada. Mis alumnos saben mucho cuando llegan a esta carrera. Si no lo tuviese en cuenta se perderían y me perdería muchas cosas.

AH – ¿Cómo consigue tener una actividad profesional tan diversa?

AC – Como puedo [vuelve a reír]. Sin vida personal. Creando redes de trabajo. Soy profesora y me dedico a enseñar. Pero para poder enseñar también tengo que aprender, tan en clase como en los proyectos que emprendo.

Por ejemplo, todo el trabajo de investigación que he realizado sobre la mística lo he convertido en una metodología de creación artística para la asignatura de Escenificación y Teatro Contemporáneo. Una escalera mística de aprendizaje estético. Todo lo que investigo lo llevo al aula y todo lo que aprendo en el aula lo llevo a otras actividades que realizo.

AH – En este proceso de aprendizaje continuo ¿ha rechazado cosas o conocimientos?

AC – Todo me interesa. Más que rechazar lo que hago es integrar. Me parece muy tonto rechazar. Hacerse ahora de una secta y luego de la otra. Me gusta ver lo bueno que hay en todo y ver como se generan puentes y uniones.

Por ejemplo, mi tesis era sobre las comedias de magia del siglo XVIII, y ahora estoy trabajando mucho sobre el teatro contemporáneo más espiritual, el teatro asociativo y el más poético. Es ridículo rechazar a Chéjov porque te hagas moderno. Chéjov cuenta unas historias que tienen dimensiones espirituales y políticas muy interesantes.

Tampoco rechazo el teatro narrativo, que cuenta historias, ni el de cuarta pared. Pero hubo un momento en mi vida que ya había estudiado y aprendido un tipo de lenguaje y decidí estudiar otros para integrarlos. No se pueden rechazar grandes enseñanzas. Otra cosa es que puedas superarlas o modificarlas. En mi vida teatral no he tenido que rechazar nada.

AH – ¿Quién la ha orientado en la carrera que ha seguido?

AC – Creo que todo ha sido casual y aleatorio. He ido siguiendo caminos, sin más. No tenía una trayectoria clara para mí, y, si la tenía, ya la he olvidado.

Me he ido encontrando caminos que he querido andar, ampliar y desarrollar. Quería hacer la Santa Juana de Tirso de Molina y eso me llevó a integrarme en un equipo de investigación. De ahí me vi haciendo un espectáculo con 130 personas en Alcalá de Henares. Las cosas van surgiendo y me voy dejando llevar.

Disfruto de lo que hago, más que pensar donde me va a llevar el trabajo que estoy haciendo.

AH – ¿Cómo de importante es el azar y la suerte en la vida?

AC – No lo sé. A veces no es la suerte, sino la mala suerte. Hay veces que la mala suerte, cuando la ves en perspectiva, se convierte en buena suerte. Lo que sí hago es trabajar. Trabajo mucho y siempre encuentro algo.

AH – ¿Qué la impulsa a seguir buscando?

AC – Seguir sintiéndome viva. Si no, no encuentro mucho sentido a la vida. Quizás esto es muy místico. Seguir trabajando es seguir profundizando en la vida.

AH – Ha dicho que era muy ascética ¿por qué?

AC – No lo sé. Me lo dice la gente que me conoce y ya está.

AH – ¿Cómo le influye lo que le dice la gente?

AC – Poco. Al menos a esta edad muy poco. Las mujeres que tenemos determinada edad no lo hemos tenido nada fácil y nos han dicho muchas cosas que sería mejor no repetir. Palabras que te paralizan. Victoria Gullón, una de las actrices que colabora conmigo, lo llama el “fenómeno paralizante”. Lo bueno es que llega un momento en la vida que te da igual lo que digan de ti. Y es una liberación enorme.

AH – ¿Les enseña esto a sus alumnos?

AC – Supongo que con el ejemplo. Dependemos demasiado de la opinión ajena y eso destruye a las personas muchísimo. Les enseño a seguir su impulso, eso sí, trabajando y con rigor.

No importa si no le gustas a todo el mundo, como no importa si lo que haces tampoco le gusta a todo el mundo. Cualquier artista hace lo que hace porque siente que tiene que hacerlo. Le resulta difícil contar las razones, aunque a la mayoría le pueda parecer una tontería. Hay algo por lo que tienes que hacer lo que haces. En este trabajo sobre la mística es la santa la que me ha ido llevando, y ya está.

Por eso, a mis alumnos les digo que aprendan, claro, pero también que no pierdan lo que tienen de genuino. Al menos que no lo pierdan por lo que les digan. Independientemente de sus referencias o de lo que les guste. En la RESAD tienen que ampliar sus referentes pero no perder su impulso primigénio. Deberían abandonar la tontería de creerse especiales y aprender. Confrontar sus impulsos con otras muchas cosas y referentes. Saber que no van a descubrir América, que ya se descubrió hace mucho tiempo, pero sí deben preservar lo único que hay en ellos, lo que tienen que aportar. Como la persona que tiene el impulso de estudiar matemáticas. Ese impulso, la vocación, es algo que hay que cuidar.

AH – ¿Aprecia la sociedad el trabajo de los artistas?

AC – ¿La sociedad española? Creo que hay sociedades que aprecian su trabajo mucho más. Es sintomático que cuando hay una crisis a lo primero de donde se quita dinero es de la cultura. Eso se hará por algo. Un síntoma de que no se considera importante.

En nuestra sociedad se respeta el éxito, pero no se sabe lo que significa el arte para una cultura. No se cuida lo suficiente nuestro patrimonio cultural. Tenemos muchos edificios a los que se saca mucha rentabilidad porque van turistas y pagan dinero para entrar. Sin embargo, otras cuestiones que también son importantes para el alma no se cuidan. Quizás porque es algo inmaterial que no se puede contabilizar.

Sin embargo, seguro que conoces a muchas personas de tu entorno que manifiestan un interés espiritual. Un anhelo que no satisfacen con las religiones oficiales y recurren a distintas técnicas para cubrirlo. Da pena darse cuenta que muchas de las formas que practican en muchos también se practicaban aquí y que se han perdido. Deberían indagar en su propia cultura, indagación que nada tiene que ver con el conservadurismo, sino con conocer tus orígenes.

AH – ¿Por qué una persona del siglo XXI debería acudir al Festival Místicas?

AC – Primero, porque estamos recuperando figuras, textos y maneras de vivir. Con el estudio de las santas vivas hemos ido ampliando el conocimiento a las beguinas, las beatas y a todo un entorno cultural de mujeres que tenían bastante que decir, que tenían voz y voto, y que, además, escribían. Es importante para hombres y mujeres saber que había una historia y recuperarla.

A parte de eso, como no tenemos sede, van a poder asistir a muchos y diferentes espacios. En esto somos como los místicos. Nuestro planteamiento es de pobreza. Como no tenemos ni sede ni nada, nos hemos tenido que abrir a todos los que se acercaban.

De todas formas, creemos que el festival debe ser un lugar de encuentro de gente diversa para hallar lo que tenemos en común los seres humanos. Creo que, en este momento de tanta disgregación social, es un objetivo bastante bueno, al menos hay que intentarlo.

Así podrán ver Muerte del apetito de teatro de Sor Marcela San Félix, hija de Lope de Vega y trinitaria, que vivió enfrente de la casa de Lope en un convento de esta congregación. Pues bien, las trinitarias nos han abierto su iglesia para representar esta obra y ellas van a asistir como espectadoras. Va a ser un momento único, muy especial, porque ellas nunca han visto representado el teatro de Sor Marcela. Y tanto ellas como el público van a poder verlo en el lugar para el que fue escrito.

Otra obra va a ser Modos de visitar conventos, del colectivo Las Torneras, que se hace en un convento de carmelitas porque se usan textos de carmelitas. Las monjas han abierto muchos espacios del convento que de otra manera no se podrían visitar y ni tener la experiencia de esas vidas.

También se van hacer una obra sobre Hildegarda de la compañía Contando Hormigas y un espectáculo de danza sobre sor Juana Inés de Curro – DT. Ambas se podrán ver en O-Lumen, una iglesia que pertenece a los dominicos y que ellos también han convertido en un espacio para la palabra y las artes.

Además, coincidiendo con el festival se organiza un congreso internacional de encuentro entre estudiosos y artístico de distintos ámbitos para buscar estrategias performativas para estos textos. Tendrá tres ejes de trabajo: textualidad, espiritualidad y teatralidad. El congreso es abierto, y podrá asistir cualquiera que esté interesado en el tema.

También me gustaría destacar que Pablo D’Ors está haciendo una obra de teatro sobre el libro Biografía del silencio del que va a hacer una lectura dramatizada en el Teatro de la Abadía. Creo que interesará a mucha gente porque es un libro que se ha vendido muy bien y que a muchos de sus lectores le ha cambiado la vida.

Hay muchas más experiencias. Todas las hemos cuidado muchísimo para que tengan interés. Creo que cada acto va a ser una experiencia irrepetible.

AH – ¿De qué no hemos hablado en esta entrevista pero le gustaría que le hubiera preguntado?

AC – Hemos hablado de feminismo pero creo que es algo que hay que explicar a la sociedad. Muchas veces se confunde con ideología de género y otras cosas raras.

Recuerdo que haciendo una residencia artística en un convento cuya abadesa está recuperando la historia de las franciscanas y de las clarisas, le regalé a dicha abadesa un libro de Adriana Valerio, una profesora especialista en historia de mujeres en la Iglesia, titulado Mujeres e Iglesia: una historia de género.

Al leer la palabra género, la abadesa me dijo que eso no era a lo que ella se dedicaba. Le respondí que se olvidara de la palabra género y lo leyera. Al día siguiente me llamó y me dijo que había estado leyendo el libro y que le encantaba. Creo que tenemos miedo a ciertas palabras, a lo que creemos que significan o a sus connotaciones.

Más adelante también hablamos sobre el nombre del grupo de investigación de la UCM en el que estoy integrada [La conformación de la autoridad espiritual femenina en Castilla.]. La abadesa me dijo que ellas no querían autoridad. A lo que le respondí que la labor de dicho grupo era la misma que la suya: recuperar las voces de las mujeres del pasado en el teatro., lo que ella estaba haciendo con las franciscanas y las clarisas. Ambas estábamos editando textos de mujeres para darles voz.

Creo que su comentario se debía a la confusión que hay con el término autoritas. En el Derecho Romano, significa el poder del pater familias a decidir sobre la vida y la muerte de la mujer, los hijos y los esclavos. Es el que puede matarlos. Sin embargo, la autoritas significa, en el latín original, hacer crecer, ayudar a crecer. Eso es lo que hace un maestro o una maestra. Nosotros lo que queremos recuperar es esta dimensión de la autoritas, no la del Derecho romano. Ese aspecto, tampoco nos interesa.

Por tanto, las dos hacemos lo mismo. Hacer crecer las voces del pasado. El director de escena Peter Sellars dice que el teatro es el lugar en donde se exponen los tabúes de la sociedad y los muertos hablan a través de nosotros. Nosotros estamos haciendo esa labor de médiums, dejarlas hablar y que se las escuche. Es algo que tiene que mucho que ver con el teatro que hago. Hacer escuchar y hacer crecer con lo que hago.

También me gustaría hablar del proyecto La poesía es mi manta. Un proyecto de activismo antirracista en el que llevo varios años trabajando con españoles y subsaharianos. La obra está escrita para contar la toma de decisiones de alguien de Nigeria o Senegal que decide venir aquí, cómo lo hace, cómo llega y cómo se integra. Haciéndolo he aprendido mucho un aprendizaje que me ha servico para afrontar Festival Místicas, aceptando a toda la gente que viene, tratando que sea un encuentro. Una posibilidad de generar afectos. Como ocurre en una fiesta.

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