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Saber esperar

La paciencia se había instalado ya en lo cotidiano cuando la esperanza dijo basta. Por una vez no sería mañana, ni el próximo verano, ni siquiera un futuro prometedor pero incierto. Tenía la certeza de que saldría bien o mejor dicho, de que nada saldría mal. Donde no hay que perder, siempre se va a ganar.
Chequeas la lista de la última página de tu agenda, todos sabemos que lo importante siempre se deja para el final y, de pronto, te das cuenta de que la mitad de propósitos están ya cumplidos y la otra mitad, han dejado de interesar. Qué importancia cobra la indiferencia entre tanto (des)propósito. La próxima escapada encabeza la lista, esa que servirá de motor para las próximas semanas y de recuerdo para la eternidad. Es tan importante saber encontrar belleza en la rutina como escapar de la rutina para buscar esa belleza. 
Suena música italiana en la cocina “Nel blu dipinto di blu“, cuántas épocas de nuestra vida se explicarían a través de una banda sonora. La música amansa las fieras. Siempre. 
El tiempo no acompaña, pero el cielo está pintado de azul, lo dice la canción. El miedo escribe en minúsculas, el pasado empieza a quedar demasiado lejos y el futuro ti piace.
Habíamos aprendido a esperar.
Los días se hacen largos, el sol es cada vez más naranja, las calles no se vacían ni en plena madrugada y hay estrellas que brillan hasta en mitad de la capital. Busca tu estrella. 
Me despierto antes de que amanezca, estoy apunto de coger mi siguiente vuelo a casa, la luna está llena y yo sólo pienso en todas las copas que quedan por brindar.
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