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Sigue la línea…

Ojo, si en este momento se escapan del cielo
unos puntos rojos suspensivos,
es para abrir un dique entre tu mente y la mía.

Al paso de la cabalgata, fluye la Maga…
Cuando eso sucede,
no están permitidas las aceras ,
las armas se encarecen ,
caducan las licencias,
baten palmas sin permiso los calderos,
quedan pendientes los pagos,
y un trazado no rectilíneo, nada uniforme, gratuito,
abre la veda para cazar más allá de tus cortijos.

Mientras la Maga pasa entre colmenas,
por real decreto,
enmudecen las tertulias, partidas
donde se juegan a cartas tu destino.
De puntillas y descalza,
la Maga atraviesa ocho puentes colgantes
para llegar hasta ti,
salta de uno en uno los caparazones de tortuga,
los pisa y los hunde en las tierras de tu ser.

Pero te aviso:
entre punto y punto,
con tus neuronas más olvidadas,
ella va a ir tejiéndose una falda
y, como Clara por su casa, entrará su vendaval
por la ranura de tus ojos,
más aún, no parará
hasta que en tu almohada explote
el cielo estrellado de un cuadro indio.

(Déjala, déjala,
ella es así de loca.)

¿Un consejo?:
Maga no hay más que una.
Si te roza una tela roja… síguela.

 

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