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Tanto Tiempo sin Escribir y Tanto por Contar

2 años  lejos de las hojas de Word y las letras, porque la vida me revolcó sin dejarme respirar para tomar un momento.

Llegó una ola del mar, me cogió de espaldas y me tumbó, me arrastró a la orilla , me devolvió hacia lo hondo, nuevamente me llevó a la orilla y cuando intentaba pararme para salir rápido volvió y me arrastró al fondo, fue una mezcla de cansancio, risa, susto, rabia, en fin.

Para arrancar, debo contarles que en el año 2021, llegó a mi vida el hombre que tanto le había pedido a Dios que me otorgara como compañero de vida, como esposo, y después casi 2 años de noviazgo nos casamos.

El matrimonio fue en Noviembre de 2022, en ese mes se cerraron 8 meses de preparativos, viajes, logística, pero también 8 meses que habían transcurrido con un sentimiento paralelo de incertidumbre, no por mi matrimonio, no, sino porque durante ese tiempo mi papá fue diagnosticado con Cirrosis, enfermedad que desarrolló de manera autoinmune y que le causaba cada día un deterioro evidente en su salud.

Esta nueva situación de salud lo había llevado a la clínica en varias oportunidades, por una hernia que se le estranguló  y por la extracción de líquido que acumulaba  en su estómago. Procedimiento que cada vez se tenía que hacer con más frecuencia.

5 de Noviembre, 2 p.m. Mi papá me entregó en el altar frente a 120 amigos y familiares, con un esfuerzo enorme porque, sin decir nada, hoy sé que no se sentía bien.

 Era tal el amor y la felicidad que sentía por mí, así como el alivio que mi matrimonio le daba, que pudo soportar un fin de semana como anfitrión lleno de eventos, fiestas, vida social, sin el más mínimo aliento y fuerzas para hacerlo.

Bailamos 3 canciones esa noche, yo lo vigilé durante toda la fiesta, tomó fotos, grabó videos, se puso el disfraz en la hora loca y a las 2 de la mañana se fue a descansar con mi mamá.

Cumplió, me cumplió más de lo que yo jamás le hubiera pedido.

Mi hermano dice que mi papi estaba esperando dejarme casada para descansar, o mejor como creo yo, Dios sabía del inmenso anhelo de mi papá por dejarme casada antes de irse al cielo, y puso cada ficha en su lugar justo para cumplir  con sus tiempos y suplicas.

La caída.

15 días antes del matrimonio, sucede algo que puede sonar increíble  a los ojos u oídos del lector, pero son los sucesos que determinan un camino.

Entrando en el ascensor de un centro comercial el piso se elevó unos centímetros  justo en el segundo en el que mi papá estaba dando el pasó para entrar, mi papá tropezó y cayó. Si, se cayó. Fue una caída simple a primera vista, sólo con una raspada en la entre ceja por sus gafas. Semanas después vimos cómo fue la causante, en parte, de su deceso.

A la semana siguiente del gran evento, mi matrimonio, comenzó una carrera por solucionar cada día alguna novedad de salud con el hígado, con una posible rotura del hombro que le causó una baja de defensas. Medicamentos iban y venían y el hígado cada vez más cargado y más enfermo,

Después de 5 meses en una carrera contra el tiempo mi papi fallece, Abril 2023. Es como si se partiera la vida en 2.

Felicidad por un lado al estar iniciando una vida nueva de casada, corazón roto por otro al afrontar la pérdida inesperada de mi papá, angustia por otro lado por el bienestar y estabilidad de mi mamá quien quedó viuda después de 52 años de matrimonio, tensión por otro al asumir, junto con mi hermano, el cuidado, bienestar y la salud de mi mama, quien es discapacitada, y los trámites jurídicos y económicos que todo deceso conlleva.

Y así, sin más ni más, hay que levantarse, sacudirse las rodillas y seguir así uno no quiera y crea que no puede.

En este último párrafo queda resumida la vida, de contrastes, de cambios y de decisiones que se toman cuando un evento repentino sacude todos los aspectos del presente.

Tiempo y cuentos, eso es lo que hay.

 

Claudia Sánchez Aponte

 

 

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