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Inma Nieto, o el teatro como el encuentro con el público

Foto de Inma Nieto - Sergio Parra - Foto en grises

Fotografia: @SergioParra

“Hay cien mil cosas que no sé por eso aprender es mi forma de vivir”

Irma Nieto es noticia porque acaba de estrenar “Mi película italiana” de Rocío Bello en el Teatro Español y poco antes ha estado trabajando en “Bailar en la oscuridad”, la versión teatral de la conocidísima película de Lars von Trier. Actriz muy vinculada al Teatro de la Abadíadesde sus inicios, donde ha hecho protagonistas junto a José Luis Gómez, y a la compañía Micomicón. Una actriz que además está muy vinculada a la formación de profesionales, dando clases en el Estudio Juan Codina,y de espectadores teatrales, habiendo participado en el programa de Espectadores en Acción.

 

Antonio Hernández (AH) – ¿Cómo llegó a “Mi película italiana?

 

Inma Nieto (IN)– El año pasado recibí una llamada estando de vacaciones. Me llamó Salva Bolta, el director de la obra. Eso ya me fascinó, por su trayectoria profesional. Y luego me gustó todo lo que me dijo, que la obra la había escrito una mujer, que seríamos siete mujeres en escena y, cuando me contó el reparto, me convenció.

 

AH – ¿Es la primera vez que trabaja con Salva Bolta?

 

IN – Sí, es la primera vez que trabajo con él. Aunque nos conocemos de vernos en los teatros, en los estrenos, de tener amigos comunes. Sobre todo, nos conocemos de la vida y de hablar de teatro.

 

AH – ¿Conocía a sus compañeras?

 

IN– A algunas porque había trabajado con ellas. A otras porque las había visto trabajar.

 

AH – ¿Trabajar con un elenco solo de mujeres es distinto que trabajar con un elenco más diverso?

 

IN –No, en absoluto. De todas formas no es un equipo solo de mujeres. Está Salva, el director, Juanma, su ayudante, y no nombro a nadie más porque hay muchos y no me gustaría olvidarme de nadie.

 

El primer día Salva dijo: “Vamos a hablar en femenino. Yo soy la primera que va a hacerlo.” Lo importante es compartir y el género no lo es tanto. Pero es verdad que en general en los trabajos las tramas suelen ser masculinas. Somos la hija de, la esposa de, la hermana de un hombre. Y casi siempre las mujeres somos minoría en un elenco.

 

AH- ¿Pero en esta obra también es la hija de?

 

IN– Sí, soy la hija de otra mujer. Las tramas son alrededor de las mujeres. El universo de la obra es muy femenino.

 

AH – ¿Qué diferencia ha habido con otras producciones como con “Bailar en la oscuridad”?

 

IN – “Bailar en la oscuridad” se hacía en un teatro mucho más grande, como es el Teatro Fernán Gómez. Tenía además muchos puntos de showdonde cantábamos y bailábamos. “Mi película italiana” se hace en la sala pequeña del Teatro Español, el trabajo es mucho más íntimo.

 

Aunque una actriz o un actor aborda los personajes desde el mismo lado. Desde la entrega e intentar defenderlos lo mejor posible desde las herramientas que uno tenga.

 

AH – ¿Qué significa entrega?

 

IN – Amo profundamente esta profesión. Mi entrega tiene que ver con la necesidad que tengo de trabajar. Considero que el arte es muy necesario en esta sociedad. Lo pienso cada vez más a medida que cumplo años.

 

El arte es necesario para superar ese eslogan de que somos una especie que sobrevive. Somos una especie que sublima la vida.

 

 

AH – ¿Cómo sublima la vida “Mi película italiana?

 

IN –Creo que “Mi película italiana” cuenta la vida. Son tres generaciones que se pelean por una herencia. No se cuanto hay de sublimar la vida ahí. Yo estaba hablando de mi motor para trabajar.

 

Lo cierto es que en la obra hay un acto de compartir hechos y un acto poético que tiene que ver con el realismo mágico. Esto si podría tener más que ver con sublimar la vida. Aunque creo que ellas sobreviven.

 

AH – ¿Qué es un motor para una actriz?

 

IN –Tiene que ver con la necesidad de trabajar, de construir, de transformar, de elevar, de la poesía. El teatro me ha salvado de muchas cosas. Creo que la vida me salva del teatro y el teatro me salva de la vida. La relación entre la vida y el teatro la considero muy importante. Por eso antes he usado la palabra sublimar.

 

AH – ¿Cómo te ha salvado la vida del teatro y viceversa?

 

IN – En esta profesión y en la vida se juega con insatisfacción. Si la insatisfacción se sabe aprovechar genera una búsqueda. Por mucho que un actor trate de crear una realidad encima de un escenario o delante de una cámara siempre habrá un abismo, una insatisfacción.

 

Lo que pasa es que en el escenario suceden cosas que no suceden fuera [dice señalando la calle]. En un escenario se puede parar el tiempo o ir a otras épocas, te puedes encontrar con tu primer amor, con tus muertos. Ese es el juego que a mi me interesa para vivir.

 

Por eso una cosa me salva de la otra. ¿De qué me salvan? Supongo que del delirio. La realidad no es suficiente y el arte tampoco.

 

AH – Su trayectoria profesional está llena de textos clásicos o de textos contemporáneos de grandes autores, también hay grandes directores y directoras ¿cómo ha conseguido tener dicha trayectoria?

 

IN – No me ha sido fácil. Hay un entrenador de fútbol, del que no recuerdo el nombre, que dice que una liga se consigue partido a partido. Creo que yo lo he hecho partido a partido. He trabajado con gente fabulosa.

 

Cuando doy clases muchas veces les digo a mis alumnos que hay cosas que no sé decir con mis palabras. Me doy cuenta que estoy acostumbrada a hablar con palabras de otros. Encontrar mis palabras me puede resultar muy complicado.

 

AH – En la vida corriente ¿también usa las palabras de otros?

 

IN – En la vida corriente soy un desastre. Mi pareja me dice que cómo es que me acuerdo de todo en el escenario si a mi se me olvida todo. Y es que en la vida normal y corriente soy muy despistada y siempre tengo algo en la cabeza.

 

Sí, cuando intento explicar las cosas sí que me salen palabras de otros. Es verdad, textos que he leído, siempre voy subrayando. A veces digo cosas muy elaboradas y entonces me pregunto dónde lo habré leído.

 

AH – De los personajes que has realizado ¿con cuál te quedarías por lo que te han aportado?

 

IN – Una de las cosas por las que me gusta ser actriz es porque puedo vivir las vidas de otros. He aprendido muchísimo tratando de sacarlos hacia delante. Con algunos estoy más satisfecha y con otros menos.

 

Cuando acabas un montaje hay una pequeña transformación en ti como actriz porque has aprendido algo diferente de la esencia humana. Es algo que de alguna manera tienes, pero el que más te ha enseñado ha sido ese personaje.

 

Hay personajes que recuerdo con mucho cariño como el bufón de El rey Lear. Alguien tan inteligente. O Lady Macbethcon la que tengo una deuda porque necesitaba una experiencia vital que yo no tenía en ese momento. Una mujer muy complicada, muy frágil. Si pudiera, la retomaría.

 

Hay personajes que los hice de muy jovencitay que luego he vuelto a hacerlos veinte años después. Como los personajes que hacía en Entremeses de Cervantesen la Abadía. Esto me ha provocado una experiencia vital porque supuso un reencuentro con el personaje y conmigo misma de otra manera.

 

AH – ¿Cómo es trabajar en la Abadía con José Luis Gómez?

 

IN – Llegué a la Abadía tras hacer unas pruebas para entrar en el segundo curso de formación que organizaban. A raíz de ahí la experiencia en la Abadía ha sido muy intensa. Allí me he encontrado equipos artísticos y técnicos maravillosos.

 

Mi recorrido en ese teatro ha sido muy interesante, por eso estoy muy agradecida. Primero, todo lo que he aprendido con maestros como José Luis Gómez, Mar Navarro, Agustín García Calvoy con toda la gente que venía a estudiar la técnica Chéjov. Y, por supuesto, el trabajo que he realizado allí como actriz.

 

También está la parte pedagógica que he desarrollado en este centro tanto con profesionales como con gente que estudia para serlo y con espectadores. El año pasado dirigí un taller con actores jóvenes sobre Karl Krausy otro taller para espectadores del teatro.

 

El que esté muy agradecida, no significa que no me haya costado mucho esfuerzo. El esfuerzo tiene que estar en esta profesión. Las cosas no son fáciles, encontrarse con la esencia del ser humano no es fácil. A parte de talento, hay que trabajar.

 

AH – ¿También estuvo en una pequeña compañía?

 

IN – En la Abadía conocí a Julio Cortázar y Lino Ferreira que tenían la compañía el Óbolocon la que hicimos tres montajes: “Torvaldo el furioso”, “A secreto agravio, secreta venganza” y “Nuestra señora de las nubes” Pero tanto Julio como Lino han necesitado tomarse un tiempo porque es muy complicado sacar adelante una compañía en estos tiempos.

 

AH – ¿Por qué es complicado sacar una compañía adelante en la actualidad?

 

IN – Las giras. Antes se hacían giras. Si estrenaba un montaje al menos tenías gira durante un año. Sin embargo, este año he estrenado dos montajes y ninguno de ellos tiene gira prevista. Cuando acaben las representaciones de “Mi película italiana” en el Teatro Español, no tendré trabajo.

 

AH – ¿Por qué no se hacen giras? ¿Las comunicaciones facilitan que la gente vaya a las grandes ciudades a ver teatro?

 

IN – No lo sé. No sé si son las comunicaciones o que la producción es de otra manera.  Tampoco las compañías independientes tienen muchas ayudas o posibilidades de mostrar su trabajo en una sala. Además, tienes que ir a taquilla. Si no tienes cartel, o no se conoce a la compañía, o no tienes dinero para hacer publicidad, es muy arriesgado ir a taquilla. Es como la pescadilla que se muerde la cola. Pero creo que a la larga seguiremos metiéndonos en líos. Al fin y al cabo es nuestra profesión.

 

AH – Su carrera profesional es monocultivo. Es decir, ha hecho teatro fundamentalmente, muy poca televisión y menos cine. ¿Por qué?

 

IN – A mi me gusta el teatro y si tenía teatro y me llamaban para hacer una prueba para otra cosa a lo mejor no le he hacía caso. Pero también hay mucho de casualidad.

 

AH – ¿Por qué le gusta tanto el teatro?

 

IN – Por el contacto con el público. No creo que el teatro se haga a medias con el espectador, pero participa. A mi el encuentro con el público me parece muy interesante. Es por este encuentro por lo que el teatro nunca va a desaparecer. Este encuentro es imprescindible.

 

AH – ¿El público que asiste a ver una obra es siempre el mismo?

 

IN – No. Los públicos que acuden a ver una obra son distintos cada tarde o en cada lugar. También influye la ciudad. El público de Madrid y Barcelona son distintos y también con el de otras ciudades.

 

AH – ¿Cómo se gestiona esas diferentes reacciones, sobre todo cuando no se cumplen expectativas?

 

IN – Con sorpresa. Es lo mismo que cuando uno va a cenar la primera vez con alguien y se dice “¿A ver qué pasa?”. Ir a ver qué sucede en ese encuentro. No puedes ir con prejuicios, porque a lo mejor no sucede lo que esperabas pero se crea en ti un universo que es igual o más interesante.

 

AH – ¿Por qué en su formación hay tantos cursos sobre el movimiento?

 

IN – Creo que la palabra es una consecuencia. El cuerpo tiene que estar preparado para habitar la palabra. Y la palabra se habita desde el cuerpo y desde la sensación. El cuerpo tiene que estar muy vivo. El cuerpo es la despensa y biblioteca de todas las experiencias que hemos tenido.

 

AH – Además de la formación, para que el cuerpo esté muy vivo ¿qué hace?

 

IN – Vivir. Dar un paseo. Disfrutar de la vida. Leer. Ir al teatro. Sonreír. Encontrarme con amigos. Correr. Mirar a los ojos [momento en el que me mira intensamente] Tocar a la gente. Alegrarme. Sufrir.

 

AH – ¿Ha sufrido mucho?

 

IN – He sido una persona muy afortunada, pero también he sufrido. He sufrido por amor. He sufrido las pérdidas, perdí a mi madre. He sufrido cuando he querido tener algo y no he podido. Pero siempre he tenido la oportunidad de transformar las cosas

 

He sido afortunada porque desde que empecé he tenido la oportunidad de subirme a un escenario. Es verdad que he tenido temporadas sin trabajo y otras que he tenido mucho. También he tenido trabajos que han tenido mucha repercusión y otros ninguna. Pero todos los años de mi vida he tenido la oportunidad de que alguien se me siente delante y me mire.

 

AH – ¿Cómo se siente cuando da clases?

 

IN – Me siento igual. Siempre les digo que somos compañeros y que voy a clase a compartir. Eso no me quita responsabilidad, porque la responsabilidad la tengo yo, pero nos vamos a encontrar de otro modo, de otra manera.

 

Dar clase significa compartir lo que tienes. Pero no hay ni estatus, ni nada. Significa compartir lo que se sabe, lo que cada uno tiene. Pensar de otra manera me parece equivocado.

 

AH – ¿Cuál es la diferencia entre enseñar a profesionales y a amateurs cuyo objetivo en la vida no es subirse a un escenario?

 

IN – He trabajado en el programa de Espectadores en Acción de la Abadía y con una fundación que iba a colegios e institutos en barrios en los que los chavales estaban en riesgo de exclusión, en barrios como El Pozo del Tío Raimundo, donde iba a darles una clase de teatro.

 

Son cursos muy satisfactorios porque solo hay amor al teatro, no hay interferencias. En ellos encuentro la utilidad de mi profesión en otras profesiones. En gente que, por ejemplo, ama la física, el periodismo y que además aman el teatro.

 

Para mí es muy enriquecedor porque no hablo de teatro todo el rato. Hablo de otras cosas. Aprendo de otras cosas. Comparto mi profesión desde otro lado.

 

AH – ¿De qué le gustaría que le hubiese preguntado en esta entrevista?

 

IN – Ya lo hemos hablado. Me encanta hablar de la utilidad que tiene mi profesión

 

AH – ¿Qué les diría a todas esas personas que piensan que el teatro no es útil para la vida?

 

IN – Me gusta mucho recordarme de niña. Esa necesidad de jugar que teníamos. Una necesidad para construir, para transformar. Algo que veo en mis hijos y en otros niños. Yo les diría que recordaran esa necesidad de jugar que tenían. El juego entendido como herramienta para crecer.

 

AH – ¿Por qué cree que los adultos han dejado a un lado esa necesidad de juego?

 

IN – Creo que es por miedo. Necesitamos tener unas certezas para sobrevivir. Es un miedo que está arraigado en los miedos que teníamos cuando habitábamos en las cavernas y fuera de ellas cualquier animal nos podía atacar.

 

De todas formas, no quiero hacer aquí un discurso sobre el miedo. Hay mucha gente que necesita trabajar para vivir, para comer. Por eso creo hay que apoyar a la cultura, no se puede dejar esa responsabilidad en el individuo que tiene que cubrir la necesidad de comer. Por eso se debería fomentar la cultura en las escuelas y en los institutos.

 

AH – Cuando iba a esos barrios problemáticos ¿qué cree que les estaba dando a esos chavales enseñándoles teatro?

 

IN – Aprendí muchísimo trabajando con ellos, eran chavales con muchísimos problemas de todo tipo. Recuerdo a un chico de unos catorce años que le pedí que me escuchara y él me respondió “Yo te escucho, pero ¿a mi quién me escucha?” Ahí entendí tanto…

 

AH – Ha hablado mucho durante toda la entrevista de que usted aprende ¿por qué?

 

IN – Dar clase es mi manera de reciclarme. Nunca voy a dar algo que ya he dado. Busco la manera de que aprendamos juntos.

 

AH – ¿Qué cree que hay en usted que le predispone al aprendizaje?

 

IN – El amor a la vida. Y porque soy optimista por elección. Creo que todo individuo debería aprender cosas que no sepa hacer por el simple hecho de aprender, aunque no pretenda ser profesional en lo que aprenda. A mi me fascina aprender.

 

Cuando mi hijo era pequeño estaba superinteresadoen aprender a poner el lavavajillas. Yo pensé que iba ser una persona muy ordenada. Sin embargo, en cuanto que aprendió a poner el lavavajillas lo dejó. ¿Por qué? Porque lo que le interesaba era aprender.

 

¿Por qué cuando somos mayores perdemos esa pasión por aprender? ¿Por qué consideramos que el aprendizaje debe estar focalizado en una sola etapa de la vida?

 

Hay cien mil cosas que no sé por eso aprender es mi forma de vivir. Lo que voy aprendiendo lo voy olvidando. Se me olvidan hasta los libros que leo. Así que tengo que seguir aprendiendo.

 

AH – ¿Y no le da miedo que todo se le olvide?

 

IN – Es que soy muy inconsciente. No soy mucho de reflexionar. Eso me salva de determinadas cosas. ¿No me da miedo que todo se me olvide? No, mientras haya otras cosas que aprender, no.

 

Cuando sea de otra manera, veré como gestionarlo. Como soy optimista por elección, buscaré el lado bueno, hasta que pueda buscarlo. Ya te iré contando.

 

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